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Conversaciones con José Andrés Rivas

Por Amalia Domínguez. De la Redacción de EL LIBERAL.

- 02:19 Viceversa

Me gusta caminar. Soy de paso ligero, apurado. A la tarde, cuando venía al diario, muchas veces me encontraba en la Avda. Belgrano con el profesor Rivas. En su vuelta a casa de la universidad, veníamos al centro charlando. Gracias a Dios, yo le podía seguir el ritmo, porque él también caminaba rápido y sus piernas largas le ganaban por lejos a las mías tan cortas.

Sus consejos sobre la escritura eran constantes. “No escriba sobre el campo”, me recomendaba. “Eso ya pasó. Ahora todo es urbano y es lo que usted conoce. Hágalo”, me persuadía.

Siempre había un tema de conversación que prevalecía, especialmente en estos últimos años que se estaba dedicando a su libro sobre los novelistas de Santiago del Estero. Como algunos de sus estudiados eran mis amigos, sus preguntas iban referidas al escritor como ser humano, qué le gustaba, cómo eran. Si yo refería alguna novela de la que él no tenía referencia, inmediatamente la pedía prestada para completar su investigación.

Recuerdo sus charlas tan amenas, vertiginosas. Hablaba muy rápido. Inclusive por teléfono. Su pensamiento eficaz, lo llevaba por diferentes temas, que muchas veces se extrapolaban con lo que específicamente quería hablar. Él mismo se daba cuenta y nos reíamos.

Qué lástima que a las palabras se las lleve el viento. Ya nunca volverán. Pero el profesor Germán Montiel tuvo la iniciativa de guardar en un libro (el segundo tomo de “Conversaciones”, 2018), algunas de las ideas y conceptos de José Andrés Rivas, que reproducimos aquí.

“Nací y viví hasta los 16 años en General Belgrano, un pueblo de unos seis o siete mil habitantes de la provincia de Buenos Aires, al lado del río Salado, en donde pasé parte de los mejores años de mi vida. Después viví en Banfield y hace mucho que vivo aquí. Me casé con una santiagueña y tuve dos hijas que son abogadas y madres de los seis chicos más lindos del mundo. Soy Profesor y Doctor en Letras, los dos títulos otorgados por la Universidad de Buenos Aires. Fui profesor en cuatro universidades y seis veces en Estados Unidos, Canadá y Perú”.

-¿Quién le sirvió de guía para su actividad?

Muchas personas. Creo que mi padre, que era muy lector y se interesaba mucho en la educación, fue un fuerte modelo. Después tuve la suerte de que Borges (a quien escuché, leí y visité varias veces en su casa) fuera profesor mío y fue una influencia decisiva. Y también muchos otros colegas y amigos a lo largo de mi vida, cuya lista será muy larga y tengo miedo de olvidarme de alguno.

Su visión de la provincia

“Santiago del Estero es siempre una posibilidad, aunque lamentablemente muchas veces frustrada. Hay que recuperar los bosques que supimos vergonzosamente destruir. De paso vale la pena releer los libros de Di Lullo, Canal Feijoo, el final de “El país de la selva” de Ricardo Rojas, Carlos Bernabé Gómez, Clementina Quenel, Rosario Beltrán Núñez y tantos otros, que profetizaron el peligro del desierto.

Siempre tengo grandes esperanzas con la provincia. Ojalá puedan cumplirse. Ver a Santiago como una totalidad es tener una visión distorsionada. Canal Feijoo vio y sintió esto con mucha lucidez.

En cuanto al problema de la tierra, la respuesta tiene que venir a nivel nacional. Pero debo decir orgulloso que, cuando hace unos años, se atacó al campo y a su gente, yo estuve de parte de ellos.

Nuestro destino es la República Argentina. En la medida que actuemos como republicanos (respeto a las instituciones, convivencia democrática, ejercicio del derecho, que incluye obviamente el de los demás, etc.) tendremos el derecho de considerarnos ciudadanos.

Los derechos humanos son fundamentales. Lamentablemente se ha hecho un uso demasiado demagógico de ellos y algunos, y algunas, han hecho la América en su provecho. Hay muchos muertos escondidos en muchos armarios.

Al hablar de la cuestión social creo que todavía hay grandes asimetrías, que deben superarse teniendo como punto de partida la educación. A la educación continua, me refiero.

Salud y educación son esenciales. Es fundamental aprovechar el peso que tienen los medios de comunicación para mejorar el nivel educativo y tener un sistema de becas eficiente.

La educación es fundamental. Todo lo que se haga por ella es poco. “Shunko” me sigue pareciendo una novela ejemplar, haciendo la salvedad de que el personaje central de esa novela como en los restantes libros de Ábalos, no es el chico, sino el maestro. Creo como decía Sarmiento, tan lamentablemente devaluado por intereses malsanos, que “todos los problemas son problemas de educación”.

La cultura siempre responde a la idiosincrasia de un grupo social. Con respecto a la imagen y el modelo que se impuso en Santiago, como en otras provincias, proviene lamentablemente del folklore comercial. Responde más a una visión turística que real. Es decir, los de afuera son los que nos vendieron una visión de nuestra cultura. Lo peor de todo es que la compramos y somos felices creyendo que es la verdadera.

A modo de cierre, el profesor Rivas expresó como una profecía: “Gracias por darme esta oportunidad, porque cuando pase tiempo (espero que tarde en llegar) una de las pocas cosas que quedan de nosotros, son nuestras palabras”. Y así fue.

Algunas definiciones

Religiosidad popular: “Creo que allí aparecen algunos de los rasgos más auténticos de la sociedad”.

La mujer santiagueña. “Recuerdo que mi amigo Horacio Germinal Rava la definía como “la mujer que no canta”. Pero pienso que el problema no son las diferencias de sexo, sino los problemas de la vida diaria, sobre todo para los hombres y las mujeres, que viven en la miseria.

El amor: “Para mí una de las mejores definiciones está en una frase del poeta norteamericano Walt Whitman “Quien camina una sola legua sin amor, camina amortajado a su propio funeral”.

La familia: “Fundamental. Fundamental. Fundamental”.

Una anécdota: “Cuando hace más de cuarenta años venía con mi familia en mi Citroën a vivir en Santiago, el agente que revisaba los documentos en la frontera me dijo “Bueno, por hoy siga, pero cuando se vuelva, se me vuelve afeitado”. No sé si ese señor seguirá allí, pero por las dudas si lo ven, díganle que le pido disculpas, porque nunca me volví, ni tampoco me afeité”.


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