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Francesc Miralles, escritor: “En una crisis personal, todos miramos para dentro de manera natural, no hay que forzarlo”

Por Aldara Martitegui. Periodista de Nius Diario.

- 22:07 Viceversa

Francesc Miralles es de esas personas que lleva haciéndose preguntas desde que tiene recuerdos. “Existen dos tipos de personas: las que no se cuestionan nada y se dejan arrastrar por la inercia, y las que tienen el valor de hacer un alto en el camino y plantearse preguntas incómodas”, dice en las primeras páginas de su último libro.

20 preguntas existenciales, (Kairós, 2022) es el título de la obra en la que Miralles, uno de los autores de crecimiento personal más influyentes del mundo, nos invita a reflexionar sobre la vida y sobre el hecho de ser humanos. “Son algunas de las preguntas que me han ido surgiendo a lo largo del camino”, explica. Son preguntas que, de alguna forma, impactaron en su vida.

Fruto de este trabajo de autoindagación, por ejemplo, es la idea personal de Francesc Miralles de la felicidad: una idea que podemos resumir en la famosa frase de la tenista japonesa Naomi Osaka: “Está bien no estar bien”. Un tanto contracultural esta frase en estos tiempos en los que parece que se tolera muy poco eso de no estar bien. ¿Y si ser feliz no significara ausencia de sufrimiento o malestar? “Hay que haber leído muy poco para pensar eso”, puntualiza el escritor. “La gente feliz es la que sabe conducir bien su vida en el sentido de alinearse con sus propósitos, sentirse en paz con ellos mismos porque hacen realmente aquello que quieren: no hay una contradicción entre aquello que sienten y lo que hacen”.

La felicidad, insiste Miralles es un trabajo que nos llevará toda la vida. Porque uno no resuelve esos dilemas existenciales a golpe de clic, al menos no es lo habitual. Muchas veces es necesario hacer un alto en el camino para no dejarse arrastrar por la inercia, hacerse preguntas y esperar pacientemente a que surjan las respuestas.

Es un libro fruto de indagaciones en muchos momentos de la vida y el objetivo es que el lector se entretenga, se lo pase bien leyendo y, sobre todo, que al final se haga sus propias preguntas (F. Miralles, escritor)

Pregunta: Esas 20 preguntas existenciales que planteas en tu libro son en realidad una propuesta al lector para decir ‘stop’ y mirar hacia dentro…¿crees que esto es algo que hacemos con más naturalidad ahora después de la pandemia?

Respuesta: Creo que ya estamos aceptando más el tiempo propio que antes. Antes de la pandemia lo normal era tener mil compromisos de trabajo, o compromisos sociales; no había un solo hueco en la agenda de la gente y, que una persona se tomara una mañana o una tarde para pensar, habría sido visto muy raro si no era de ciertos círculos espirituales. Yo creo que, como durante estos dos últimos años muchísima gente lo ha hecho, ya no nos resulta tan raro porque el ritmo del mundo se ha frenado. Aunque haya reactivación, hay gente que a veces trabaja en la oficina o trabaja desde casa, se pierde menos tiempo en desplazamientos, más gente se ha iniciado en ejercicios como el yoga o en otras prácticas y, por tanto, no debería ser raro que sea un momento en que nos hagamos muchas preguntas…aunque no hay que hacérselas todas juntas.

P: Las 20 preguntas que planteas en tu libro son las tuyas, las que tú te hiciste en su día…

R: He recogido las preguntas que me han ido surgiendo a lo largo del camino, no todas a la vez. Hay momentos en que tienes una inquietud espiritual, otras que tienes una inquietud sobre el propósito de tu vida, sobre a qué vas a dedicar el resto del tiempo. Hay momentos en los que el amor es tu preocupación…la gente muy joven, para ellos, los amigos son un anclaje muy fuerte. Es un libro fruto de indagaciones en muchos momentos de la vida y el objetivo es que el lector se entretenga, se lo pase bien leyendo y, sobre todo, que al final se haga sus propias preguntas y después lleguen sus respuestas…porque las respuestas siempre son provisionales. La respuesta que tenemos para ahora, de aquí a un tiempo será otra. Lo que distingue al ser humano es esa capacidad de autorreflexión y de autocrítica y que puede ir actualizando lo que piensa sobre el mundo y sobre sí mismo.

P: ¿Qué impacto ha tenido en tu vida la introspección?

R: Es que esto lo hago desde niño porque era un niño muy solitario. O sea, por el tipo de familia en la que crecí -donde había mucha incomunicación- y que era un niño que no tenía muchos amigos cuando era pequeño, yo siempre miré para dentro. O sea, lo hacía de manera inconsciente. Con 12, 13, 14 años, me hacía muchas de estas preguntas que hay en el libro, lo que no tenía eran las herramientas, las lecturas o los recursos para responderlas.

P: Se habla mucho, se escribe y publica mucho sobre la importancia de mirar para dentro para alcanzar cierto equilibrio en la vida, para ser más felices. ¿Qué piensas de esto?

R: Yo te diría que el mirar para dentro no debería ser una obligación, igual que no debería ser una obligación ser feliz. Hay momentos para ser feliz y hay momentos en que hay que ser infeliz porque tenemos que procesar cosas, momentos para la alegría y para la tristeza. Yo creo que toda persona mira de manera natural para dentro cuando se encuentra en un momento de gran cambio o de gran crisis personal. No hay que forzarlo hacia delante. Si hay alguien que quiere vivir despreocupado, creerse todo lo que dicen los periódicos, divertirse y dedicar cuatro horas al día a los videojuegos, no somos nadie para decirle; “¡tú!: tienes que mirar para dentro”… ya llegará el momento en el que esa persona, cuando se encuentre en una encrucijada de la vida o ante un golpe que la despierte a otra realidad, tenga que hacer ese ejercicio. Yo diría que eso es algo que tiene que venir de forma natural, que lo ha de marcar la necesidad de cada persona para comprender.

Cuando yo tenía 14 años nadie se hacía ninguna pregunta de nada. La gente fumaba porros, bebía cerveza, miraba revistas porno, pero no se estaban preguntando sobre la vida (F. Miralles, escritor)

P: Hay algunas personas a las que no les llega nunca ese momento…

R: No todos estamos en el mismo lugar de la cuesta de la evolución, hay gente que está muy arriba y que habla desde ahí, otras que están más retrasadas en su camino y te hablan desde allá. Todas me parecen igualmente respetables. O sea, esta arrogancia a veces del maestro que dice lo que está mal y señala…yo nunca he estado de acuerdo con eso. Para mí todo está bien, y cada cual llega a donde puede llegar en este momento, y ya llegará más allá cuando aprenda más.

P: Te cuento que he oído a más de un psicólogo -con muchos años de experiencia- que en los últimos años están notando cómo la gente joven está perdiendo esta capacidad de introspección, que la tecnología está contribuyendo de alguna manera a mantener dormidas muchas conciencias…¿qué piensas de esto?

R: ¡No se está perdiendo nada!…es que estas miradas que hay ideales…Cuando yo tenía 14 años nadie se hacía ninguna pregunta de nada. La gente fumaba porros, bebía cerveza, miraba revistas porno, pero no se estaban preguntando sobre la vida, tenían otras distracciones. Al menos en los ambientes obreros en los que yo crecí. Si tú hubieras asistido a una conversación en el típico corrillo de la calle con los chavales con la litrona, ¡nada más lejos de esa autoindagación! Y luego te esperaban los de la escuela de al lado para atracarte con navajas y había gente con la jeringa pinchada en el brazo. Entonces no me gusta idealizar el pasado porque yo creo que la humanidad nunca ha estado iluminada en ningún tiempo, y creo que la ignorancia es la norma. Lo que es difícil es salir de esa ignorancia.

P: ¿Qué es lo que ha cambiado entonces?

R: Lo que ha cambiado son los entretenimientos, las distracciones. Ahora vemos chavales enganchados a los videojuegos. Yo, en mis tiempos, con 15, 16 años, todo el día estábamos en la calle fumando, bebiendo y metiéndonos los unos con los otros. Eran otras cosas…quizás psicológicamente era mejor porque se socializaba más, no sé, pero te aseguro que ahí no había ningún filósofo, o yo no los conocí. Se tiende mucho a pensar en el pasado, se dice eso de que se han perdido valores…pero si miramos al pasado, los valores eran peores que los de ahora: se trataba mucho peor a las mujeres, había una falta de respeto absoluta hacia el débil -que lo apalizaba toda la clase- si nos vamos a los tiempos de los romanos, el entretenimiento era que a un tío lo tiraban a los leones. Yo me niego a pensar que los jóvenes de ahora son peores: son distintos, y están enfrentados a una tecnología que es demasiado nueva como para que la sepamos gestionar. Pero no solo los jóvenes, también los adultos. A veces nos quejamos de que un adolecente esté todo el día con la maquinita, ¡pero si los padres hacen los mismo! ¿A cuántas comidas hemos ido en las que la gente no suelta el móvil? O vete al metro, o cuando aterriza un avión: todo el mundo pegado a un móvil. Ellos están haciendo lo que nosotros hacemos, por lo tanto, aquí, quizás, nos tendríamos que plantear no criticar a los adolescentes, porque los adultos hacen exactamente lo mismo.

P: He de decir que eres de los pocos adultos que he oído hablar así de este tema…

R: Es que me enfada mucho esta mirada, porque me recuerdo muy bien cuando tenía 14 años… y era la vida a palos y amenazas de navajas; no era eso que nos están diciendo. Quizás, no sé, en Pedralbes o los barrios altos de Barcelona sí que sería otra cosa, pero lo que yo veía era de una brutalidad impresionante hacia los chavales que tenían gafas más gruesas, o hacia las chicas. Se ha avanzado mucho en unas cosas y, en otras, sí que es verdad que nos hemos desconectado, ¡pero todos!: jóvenes y mayores hemos desconectado porque no sabemos aún dosificar el tema de las pantallas, no ha pasado suficiente tiempo para que haya una ecología de esto.

P: Dicen algunos expertos que es absurdo pretender que todo el mundo alcance un nivel alto de conciencia sobre el mundo y sobre la vida y que, en realidad, a lo largo de la historia de la humanidad las personas que se hacen preguntas existenciales han sido siempre una minoría…

R: Es que antes, la gente era igual de tonta que ahora. La conciencia siempre la tiene una minoría y, si vemos libros como La República de Platón, se dice: si todo el mundo estuviera en la conciencia, ¿quién querría trabajar en una fábrica o sacar la basura? Lógicamente, siempre es una minoría la que se interesa por estos temas más espirituales…el mundo no sería tampoco factible si todo el mundo estuviera en ese nivel, viviríamos todo muy diferente ¿no? sería todo como un gran ‘ashram’. La ley de Pareto creo que opera bien aquí: un 20 por ciento de la gente quizás tenga esas inquietudes mismas que compartimos tú y yo ahora al hablar, y el otro 80 por ciento pues les interesa otras cosas igual de respetables como el fútbol, los coches, los viajes, la familia...y quizás siempre ha sido así. Por ejemplo, cuando leemos una novela de Dickens o leemos cómo era la vida en EEUU en los años 20, pues la inmensa mayoría de la población no se interesaba en nada de esto. Siempre ha sido algo quizás propio de las almas más sensibles que han tenido la posibilidad económica y formativa de acceder a todo esto.

El tópico de que los libros de autoayuda se venden mucho, te diré que es falso. Es como las novelas: se vende uno de cada mil (F. Miralles, escritor)

P: Es curioso porque a pesar de esto que dices cada vez se publican más y más libros de crecimiento personal y espiritualidad, como si la gente los necesitara mucho…¿ qué te parece este boom de este tipo de libros?

R: No todos esos libros se venden, solo algunos, ¡ya les gustaría a los autores que se vendieran! Creo que hay una visión deformada de lo que es la autoayuda o el desarrollo personal. Para empezar, no es un fenómeno de ahora, empezó ya a finales del siglo XIX. En EEUU ya había libros de esto, ya había autores de esto. Y hay grandes bestsellers que aún se publican que son de 1920 o 1930. La gente siempre ha necesitado una guía, una orientación, un apoyo, sobre todo en tiempos difíciles como los de la pandemia o los actuales. Ese papel lo ejercía quizás antes la religión: tú ibas a misa y se serenaba tu alma, o ibas al confesionario. Luego, otras culturas, lo han dirigido a lo que sería la terapia: en lugares como Argentina o ciudades como Nueva York donde ir al psicoterapeuta es algo muy habitual. Pero las personas que no tienen religión ni quieren hacer terapia, lo que buscan es autores, libros, cursos y contenidos que les puedan iluminar.

P: O sea, que se escribe mucho más de lo que se vende...

R: El tópico de que los libros de autoayuda se venden mucho, te diré que es falso. Es como las novelas: se vende uno de cada mil. Hay uno de cada mil que se publica que igual se reedita 5, 10, 20 veces y se traduce a otros idiomas. El resto, sucede como las novelas; los autores los acaban usando para sus cursos, con su público, pero no llegan a trascender. Pero sí que es cierto que en todos los tiempos de crisis, ya pasó en EEUU durante la gran depresión que fue un boom de libros como el de Dale Carnegie, que se llamaba Cómo hacer amigos e influir en las personas y luego apareció el libro de El hombre más rico de Babilonia...porque en tiempos de crisis, la gente se empobrece, pero a la vez se libera tiempo, que es lo que ha pasado en la pandemia: La pandemia se cargó muchos negocios, se cargó la salud de muchas personas y hubo muchas consecuencias, pero sí que es cierto que, de correr de un lado a otro, la gente, de repente, tuvo más horas. Esas horas se dedicaron a leer. Cuando uno ya se cansa de todo lo que echan en Netflix o lo que sea, pues empiezas a formarte y a mirar otras cosas. En todo tiempo de crisis hay un boom de la conciencia y luego cada cual lo aprovecha como puede.

P: Exacto, no deja el mismo poso en todo el mundo

R: Hay personas que, cuando vuelven las aguas a sus cauces, vuelven a la vida de antes. Y hay otros que no. Y lo que estamos viendo ahora en EEUU que en este momento se está dando ese fenómeno de la gran desbandad laboral, ‘the great resignation’, en la que en dos meses, ocho millones de personas dejaron el trabajo, responde a eso, a un momento de la historia en el que el mundo se paró, la gente se puso a pensar y muchos se dieron cuenta de que no les gustaba para nada la vida que habían llevado. Por lo tanto, cuando se reactiva el mundo, que es lo que está pasando ahora y que lo vamos a ir viendo, ya no querían seguir con lo de antes, querían probar cosas distintas. Ese es el motivo por el que te llegan tantos libros de autoayuda, entre otras cosas porque gente que se dedicaba a otras cosas, que eran por ejemplo, abogados, se están dedicando a escribir estos libros y a explicar sus experiencias: Eso es algo muy propio de todos los tiempos de crisis o de cambio.


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