Opinión Por Miguel Ángel Rouco - Especial para EL LIBERAL

Tiempo de cambios

30/06/2017 -

S e fue el primer semestre del año sin brotes verdes y sólo con algún movimiento en sectores impulsados por la inversión pública. El sector privado ve cómo se destruyen puestos de trabajo formales y cómo crece la litigiosidad en el ámbito laboral tanto por la acción sindical como por el aumento de los siniestros por riesgo de trabajo. Los abusos del gremialismo durante la década kirchnerista parecen haber recrudecido al amparo del fantasma de Cristina Kirchner y del aumento de las manifestaciones callejeras. Nada es casual. No son buenos augurios. Todo tiene su impacto en el mundo globalizado. Las imágenes de sectores subsidiados que reclaman mayores prebendas y no trabajo y de sectores violentos que amedrentan a la población civil, recorrieron el planeta. El hartazgo del presidente Macri y la orden de desajolar la 9 de Julio de matones criminales fue bien recibida por la población y por la dirigencia empresaria. La pérdida del control sindical por parte de los viejos caciques a manos de una radicalizada y combustible dirigencia de izquierda, augura cambios en el mundo gremial. En abril se perdieron 50.000 empleos formales del sector privado y nuevamente vuelve a crecer el empleo público, algo que irrita a quienes esperan una baja del gasto estatal. "Así es imposible que los números cierren. Esta política de shock monetario y tributario con gradualismo fiscal es inconsistente y es lo que está provocando inflación en primera instancia y pérdida del empleo, después", expresó un dirigente empresario. La dirigencia empresaria observa con cuidado que estos movimientos no terminen por enervar el tenue e incipiente despegue de la actividad industrial, dejando atrás cinco años de parálisis. Pero los movimientos en los distintos sectores manufactureros no son homogéneos y el gobierno tampoco ayuda con su gradualismo nihilista. En efecto, toda la dirigencia empresaria coincide que el gobierno de Mauricio Macri ha perdido tiempo, tal vez, el tiempo político más importante para llevar adelante reformas estructurales esenciales. "Lo que venga después de las elecciones deberá ser muy importante, tanto sea la reforma tributaria, como la fiscal, como la laboral y la previsional. Si los cambios son cosméticos las inversiones no van a venir más y es probable que veamos un cambio en el flujo de capitales, concretamente una salida", explicaba un banquero a un grupo de empresarios que lo escuchaban atentamente. Para los analistas, la Argentina presenta oportunidades importantes, pero el gobierno debe concretar las reformas necesarias que le permitan dejar atrás décadas de caída de su PBI per cápita. Pero las dudas son muchas. El ministro Dujovne no logra articular una reforma tributaria que requerirá la aprobación de las provincias y a pesar de asegurar que estará lista el año próximo ni siquiera se conocen las principales pinceladas. "Nadie está trabajando en una reforma tributaria en el Congreso. Hay una bicameral que no está funcionando. Lo que no entienden en el gobierno que la reforma tributaria no va a salir si no hay una nueva ley de Coparticipación", explicaba un asesor parlamentario. Pero la ley de Coparticipación es una ley convenio y requiere la adhesión de todas las provincias para que sea sancionada. "No imagino una discusión por un tema tan importante, de cara a las presidenciales de 2019", explicaba un analista político. Sin coparticipación, no hay reforma tributaria, más allá de los deseos de la Casa Rosada. El tiempo le juega en contra a Macri porque el gradualismo no ha aportado la solución que requiere la economía. ¿Se avecinan tiempos de cambios para Cambiemos? .

 
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