Interior UN REGALO DEL PASADO, PARA LA CIUDAD Y SU PORVENIR

Caminando por un antiguo Loreto junto a la devoción por María

Profundamente vinculada a la advocación mariana que le da su nombre, Loreto esconde una historia de fe y devoción, pero de otra imagen: Nuestra Señora de Copacabana.

14/07/2017 -

* Por el Profesor Nelson Chávez Leguizamón,

Especial para EL LIBERAL

Recorrer las calles de mi pueblo en la víspera de sus 133 años tratando de encontrar rincones donde destelle ese pasado reciente, que se resiste a desaparecer entre la nueva fisonomía de ciudad que toma Loreto, mirar viejas fachadas que se remozan y se preparan para enfrentar el correr de los nuevos años, los que pronto las envejecerán nuevamente, es parte de lo que me inspira el aniversario. Nada es para siempre, sólo los pueblos que recrean su historia son los que enraízan profundo siempre, y así es mi Loreto, un pueblo que abreva de su pasado cotidianamente.

En este caminar, alguien me trajo desde el pasado la fiesta patronal de Nuestra Señora de Copacabana, una antigua devoción que se fue diluyendo de a poco, y me puse en camino hacia el barrio El Remanso, hasta la casa de la familia Leiva-Anríquez; allí pude interiorizarme sobre detalles de esta festividad que se realizaba hace mucho tiempo atrás. Su actual propietaria, doña Francisca Anríquez de Leiva, muy gentilmente me comentó sobre la rica historia y a la vez tan familiar que surge alrededor de la veneración a la Virgen, imagen plasmada en un cuadro de 48 x 37,50 centímetros, una verdadera reliquia. Con la magia de su relato, Francisca me lleva hasta los finales de la década de los sesenta. La celebración de la misa era oficiada por el padre Olegario Seri, en el santuario de Nuestra Señora de Loreto. Ante el templo colmado de fieles, la mañana de invierno se hacía distinta. El paisaje formado por amplias casonas, de veredas altas bordeando la plaza principal, rodeada de calles de tierra y llena de enormes árboles, cambiaba lentamente por las calles y la plaza ocupada por fieles devotos y otros, que iban montados en caballos adornados con cintas de colores rojo, amarillo y verde en representación de la bandera de Bolivia, de cuyo país esta Virgen es patrona. Estos aguardaban la salida de la sagrada imagen, que retornaba en procesión al domicilio de dicha familia, donde continuaría el homenaje. Dentro del templo loretano, en su homilía, el padre Seri preguntaba: "¿Por qué cada 5 de agosto la parroquia está colmada de fieles?", hecho que no siempre sucedía en cualquier otro día, si no fuera por alguna fiesta importante como Pascua, Navidad o la fiesta patronal del mes de diciembre. Por la tarde, la procesión se realizaba por las calles Roca, Gumercindo Sayago, Güemes, Yrigoyen y regresando nuevamente por Roca al punto de partida donde la esperaba Don Pedro Andrada, un músico no vidente (quien fuera hijo de la primera propietaria de la histórica imagen), quien, a ritmo de vals, recibía a la Virgen luego de la procesión.

Orígenes

La histórica imagen de Nuestra Señora de Copacabana, en su comienzo, perteneció al matrimonio de doña Gabriela del Carmen Pereyra y don Martín Andrada, quienes se domiciliaban en El Yugo.

Luego pasa a una hija de éstos, doña Antonia Andrada de Aranda, quien se radica en la ciudad capital, la que en un período corto se hace cargo de la imagen y pasa luego a otorgársela a doña Lucila Andrada de Anríquez, quien por mucho tiempo se dedica a la realización de las fiestas de la Virgen en su domicilio. Entre ahorros, esfuerzos y el acompañamiento de su familia, año tras año, su casa se viste de fiesta.

Innumerables muestras de fe se expresan cada 5 de agosto: los devotos ofrecían flores, banderas bordadas, exvotos (objetos en metal, promesas) y recibían "las mediditas", que eran cintas con los colores de la Virgen que median el mismo tamaño que el cuadro que contiene la imagen. Doña Lucila falleció a los 68 años, por problemas cardíacos, su hija doña Francisca, que era la menor de siete hermanas, es quien en la actualidad se encarga de mantener la devoción y el culto, ya no como en tiempos pasados, pero si haciendo rezar la novena y celebrar misa el día de la fiesta en compañía de su familia y vecinos.

Pasos

Cuando volvía del barrio El Remanso por la calle del centro (como la llamaban también por aquel tiempo a la calle Yrigoyen), trataba de imaginar a los jinetes y al grupo que caminaba junto a María expresando su fe; las calles resecas del invierno loretano enmarcadas por viejas casonas parecen surgir desde otro tiempo, todo parece que cambia en mi pueblo, menos su fe inquebrantable y su eterno resurgir.

* Dedicado a la Santísima Virgen, por las bendiciones recibidas y a la familia Leiva Anríquez.

 
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