La historia del Cristo de Perchil Bajo
Por Edith Mattar de Lezcano
En el año 1932 los hijos de Julio Mattar y Narcisa Fiad de Mattar, Don Felipe Julio Mattar y Don Elías Mattar, compran para sí y en representación de sus hermanos menores Villamil Juan Mattar, Elena Mattar, Olimpia Mattar, Fortunata Mattar y Enerio Luis Mattar, por escritura Nº 850, un terreno con todo lo edificado, clavado y plantado, denominado “Perchil Bajo”, sito en el departamento San Martin, Santiago del Estero.
Los supra mencionados compradores adquieren dicho terreno de manos de Doña Bárbara Chari de Bour, quien resguardaba en una especie de depósito a puertas cerradas el hoy conocido como “Cristo de la Agonía”, rescatado de la inundación que golpeó por segunda vez a la antigua “Villa Vieja” de Loreto.
La venerada imagen, llega a dicha localidad arrastrada por la corriente del Dulce desde la sacristía de la capilla donde el párroco Juan María Retambay se vio obligado a dejarla (fruto de la primera inundación) hasta Chimpa Machu (Costado Viejo), quedándose desde ese instante en nuestro “querido Perchil Bajo”.
Por ese entonces fueron numerosos los intentos de trasladar la cruz desde donde quedó enclavada hasta el actual “Santuario de Loreto” donde se encuentra su compañera la Virgen María bajo la advocación de “Nuestra Sra. de Loreto” sin tener éxito alguno. Haciéndose siempre la voluntad del Cristo de quedarse en el hogar que el mismo escogió: Perchil Bajo.
En tales circunstancias y ya estando en posesión del terreno y de todo lo adquirido por la familia, fue Doña Narcisa Fiad de Mattar quien dispuso la construcción de lo que ella misma llamaba “el oratorio”. Dicho habitáculo era una edificación de pequeñas dimensiones, en cuyo interior se ubicó el “Cristo de la Agonía” rodeado de cuadros con imágenes de diferentes santos.
Pasados los años el legado de Doña Narcisa pasa a manos de la Señora Nélida Salvatierra de Mattar, quien gustosa asumió la responsabilidad de mantener el cuidado de la sagrada imagen, conmemorando en cada “Semana Santa la agonía de Nuestro Señor Jesucristo el día viernes santo a las 15, con el posterior velorio el mismo día a la 0 hora, para culminar con la procesión por las calles del pueblo.
Dicha fiesta religiosa se
mantiene hasta el día de
hoy, en la capilla construida
en el año 1971 en el mismo
lugar donde se encontraba
el antiguo oratorio.l