NO EXISTEN BARRERAS QUE PUEDAN FRENAR SUS SUEÑOS

El amigo de todos, "Oscarcito", el niño con paraplejia e hidrocefalia que sueña con el fútbol

Tiene 11 años y vive en el barrio Ampliación Santa Lucía. Todos los días va junto a sus amigos a la canchita del barrio.

Cuando los sueños se anhelan con las fuerzas del alma, y los deseos nacen de un corazón tan noble como el que tiene "Oscarcito", seguramente nada puede ser imposible. El destino lo dirá. Él por lo pronto se anima a imaginarse dentro de un estadio de fútbol. Sin muchos detalles. Sólo eso.

"Lo único que se me cruza por la cabeza es el fútbol, no sé cómo ni haciendo qué, pero es mi único sueño; capaz jugando, capaz dirigiendo o ayudando", dice el niño de 11 años, mientras acaricia una de sus ocho pelotas de colección, sentado en su precaria silla de ruedas que le regaló una mujer de gran corazón que perdió a su hijo que la ocupaba.

A Oscar Romano le diagnosticaron un tumor medular que le provocó una paraplejia e hidrocefalia cuando apenas tenía horas de vida. Ello lo obligó a descubrir otras cualidades de su cuerpo, que no todos imaginan poseer.


Algo tímida y con la mirada fija en su hijo "del medio", Rina de a poco se anima a contar detalles de una lucha que comenzó hace 11 años y que hoy continúa, aunque ahora la carga parezca no pesar tanto. Y no porque Oscarcito, como lo conocen en el barrio, vaya a recuperarse pronto, sino porque él mismo se asumió tal como es y decidió salir al mundo a demostrar que las barreras no existen cuando los sueños son grandes.

"Cuando empezó a andar afuera de la casa, los chicos le preguntaban cuándo iba a caminar, cuándo iba a jugar con ellos, y eso hizo que por un tiempo se volviera muy introvertido. Hasta que un día el médico me dijo que le explicara todo. Fue muy fuerte, muy duro, pero yo notaba que él ya sabía que en cierta forma era diferente a sus amigos. Y le conté. Le expliqué de su problema cuando tenía 4 años. Me dejaba muda con sus palabras, él quería saber todo, y le respondí todo. Cuando se asumió como es, comenzó a adaptarse a su vida y a conectarse con el mundo. Supo cómo contestarles a sus amigos su problema y los chicos también se adaptaron a él. Jamás tuvieron problema de nada. Hoy es uno más en su grupo de amigos y eso me da mucha tranquilidad", dice Rina, mientras los amigos de Oscarcito lo empujan en su silla de ruedas hasta la canchita del barrio.


Además describe cierta forma de vida a la que tuvo que adaptarse toda la familia, que está constituida además por Alejandro, el papá, y los hermanos Marcos (5) y Álvaro (20).

"Todos nos ayudamos en todo, y es un especial acompañamiento el que le damos a Oscar, pero el médico nos dijo que lo dejáramos desenvolverse solo. Es más, él mismo pedía que lo dejáramos hacer sus cosas, y desde hace mucho tiempo que se viste solo, si quiere algo de la heladera va y lo saca; si quiere comer algo, agarra. Él utiliza sus manos, sus brazos, su cabeza, y cada una de las partes de su cuerpo para hacer sus cosas. Casi no pide ayuda porque él quiere demostrar que sí puede. Y puede", cuenta la mamá.

Una postergación

Pero hay otras cosas que escapan a Oscarcito. Dejó de presenciar las clases en su escuela María Auxiliadora, en donde estaba perfectamente incluido cursando 5º grado, porque no tiene una silla de ruedas acorde a su situación.

Según cuenta Rina, el pequeño debe someterse a una intervención quirúrgica por una escoliosis. ¿Cuándo? Cuando Oscarcito pierda el temor. La operación estaba prevista para este año, pero el pequeño se resistió. Ahora, con ayuda de psicólogos, esperan un nuevo intento.

"Él debe utilizar una silla de ruedas especial, con medidas justas, pero será recetada recién después de la operación. Mientras tanto podría andar en una silla de ruedas común, que al menos tenga en donde apoyar sus brazos o que lo contenga para no caerse para los costados. Pero no podemos pedirla porque si nos la dan ahora, se complicará que nos den otra después de la operación. Por eso ahora anda en una que nos regaló una mujer a la que le falleció su hijo que la utilizaba", dice Rina, mientras Oscar señala la silla de ruedas en la que está sentado.

Mientras tanto, trabaja con cartillas que le envían desde la escuela.

Su futuro

En cada consulta médica, Oscar está presente. Así lo dispusieron los profesionales. Ellos aseguran que es mejor para su evolución que él sepa cada detalle de lo que le pasa.

"A todos les dice que quiere caminar. Los médicos nos dijeron, con él al frente, que todo puede avanzar, pero a pasos muy lentos. En un futuro deberíamos colocarle prótesis y él podría movilizarse con bastón o según su evolución se verá cómo. Es su sueño. Él quiere andar solo, pararse. Y sólo hay que esperar que el tiempo y Dios así lo quieran. Como en su momento Dios quiso que hoy esté con nosotros", cerró.

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