Los Abipones, famosos por su espíritu guerrero
Los abipones eran famosos por su espíritu
guerrero. Desde pequeños los preparaban
para el combate, acostumbrándolos
a punzarse y lastimarse el cuerpo
para no sentir dolor. Los jóvenes corrían
desde el amanecer para mantenerse ágiles.
Antes del combate afeaban sus rostros
para infundir espanto a los enemigos
y celebraban un gran festín, las promesas
que hacían borrachos, las cumplían cuando
estaban sobrios.
Resistieron la conquista española bravamente. En 1641, los abipones ya habían adoptado los caballos que llevaban los colonizadores y se transformaron en los indómitos centauros del Gran Chaco.
En todo el curso del siglo XVII fueron incansables hostigadores de los españoles y en parte del XVIII -ya desgastadosno se dieron por vencidos y continuaron en su lucha. Los ataques abipones eran temidos en las ciudades de Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba, Santa Fe, Corrientes y Asunción.
Las fuerzas españolas -reforzados con bandas guaraníes- los fueron acorralando. Hacia fines de la primera mitad del siglo XVIII, grupos de abipones fueron reducidos en misiones jesuitas. Tras la expulsión de los jesuitas, las reducciones abiponas se fueron despoblando hasta ser abandonadas en 1768. Durante el siglo XIX la cultura abipona fue desapareciendo, diezmada en enfrentamientos y absorbidos paulatinamente. Fueron indios dignos de mejor suerte.
Quiénes eran
El jesuita Martín Dobrizhoffer que misionó a los abipones entre 1750 y 1766, distinguió tres parcialidades: • Riikahé o gente del campo. • Jaaukanigás o gente de agua. • Nakaigetergehé o gente del monte. Los Jaaukanigás, se originaron con la integración de los mepenes del Litoral, que fueran dispersados por los españoles. A pesar de su separación geográfica, los tres grupos componían una cultura, con una lengua y comportamientos sociales comunes, según Dobrizhoffer: “... tendrían el mismo tipo de vida y de costumbres y la misma lengua. Llama la atención la concordia que existía entre ellos, la estable alianza cada vez que se presentaban algún problema contra el español al que consideraba enemigo innato ...”
Aspecto físico
Dobrizhoffer los describe: “... casi todos son de tal estatura que podrían formar parte del batallón de pyrobolarios austríacos...”, “...Son casi siempre de formas nobles, rostro hermosos y rasgos similares a los europeos ...”. y agrega que son muy proporcionados y carecen de deformaciones, no tienen joroba, papada, labio leporino y abdomen hinchado. Generalmente poseen nariz aguileña.
Pedro Lozano en Gran Chaco Gualamba, escribió: “Dichos abipones andan totalmente desnudos, aunque las mujeres se cubren con mantas de pellejos bien aderezados, a que llaman queyapí. Usan las armas que todos los del Chaco, y se pelan la cabeza al modo que los Guaycurús, aunque el cabello, que les queda algo largo, lo atan atrás con una trenza, porque no les impida cuando anclan en el agua, que es muy de ordinario, por ser grandes nadadores. Son de grande y fornida estatura, y bien agestados, pero se labran la cara y cuerpo, y se embijan, con que encubren la blancura natural. Taládranse el labio inferior de que pende un barbote o como acá llaman mbetá.”
Resistieron la conquista española bravamente. En 1641, los abipones ya habían adoptado los caballos que llevaban los colonizadores y se transformaron en los indómitos centauros del Gran Chaco.
En todo el curso del siglo XVII fueron incansables hostigadores de los españoles y en parte del XVIII -ya desgastadosno se dieron por vencidos y continuaron en su lucha. Los ataques abipones eran temidos en las ciudades de Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba, Santa Fe, Corrientes y Asunción.
Las fuerzas españolas -reforzados con bandas guaraníes- los fueron acorralando. Hacia fines de la primera mitad del siglo XVIII, grupos de abipones fueron reducidos en misiones jesuitas. Tras la expulsión de los jesuitas, las reducciones abiponas se fueron despoblando hasta ser abandonadas en 1768. Durante el siglo XIX la cultura abipona fue desapareciendo, diezmada en enfrentamientos y absorbidos paulatinamente. Fueron indios dignos de mejor suerte.
Quiénes eran
El jesuita Martín Dobrizhoffer que misionó a los abipones entre 1750 y 1766, distinguió tres parcialidades: • Riikahé o gente del campo. • Jaaukanigás o gente de agua. • Nakaigetergehé o gente del monte. Los Jaaukanigás, se originaron con la integración de los mepenes del Litoral, que fueran dispersados por los españoles. A pesar de su separación geográfica, los tres grupos componían una cultura, con una lengua y comportamientos sociales comunes, según Dobrizhoffer: “... tendrían el mismo tipo de vida y de costumbres y la misma lengua. Llama la atención la concordia que existía entre ellos, la estable alianza cada vez que se presentaban algún problema contra el español al que consideraba enemigo innato ...”
Aspecto físico
Dobrizhoffer los describe: “... casi todos son de tal estatura que podrían formar parte del batallón de pyrobolarios austríacos...”, “...Son casi siempre de formas nobles, rostro hermosos y rasgos similares a los europeos ...”. y agrega que son muy proporcionados y carecen de deformaciones, no tienen joroba, papada, labio leporino y abdomen hinchado. Generalmente poseen nariz aguileña.
Pedro Lozano en Gran Chaco Gualamba, escribió: “Dichos abipones andan totalmente desnudos, aunque las mujeres se cubren con mantas de pellejos bien aderezados, a que llaman queyapí. Usan las armas que todos los del Chaco, y se pelan la cabeza al modo que los Guaycurús, aunque el cabello, que les queda algo largo, lo atan atrás con una trenza, porque no les impida cuando anclan en el agua, que es muy de ordinario, por ser grandes nadadores. Son de grande y fornida estatura, y bien agestados, pero se labran la cara y cuerpo, y se embijan, con que encubren la blancura natural. Taládranse el labio inferior de que pende un barbote o como acá llaman mbetá.”