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Santiago

Claudia Piñeiro y "El canto invisible": grieta generacional, la juventud de derecha y la vejez en Argentina

En una entrevista a fondo, la reconocida escritora presentó su nueva novela (Foto Google).

En una entrevista a fondo, la reconocida escritora presentó su nueva novela, donde aborda la polarización ideológica en las familias y la invisibilidad de los adultos mayores. Además, analizó las razones detrás del acercamiento de los jóvenes a la ultra derecha, celebró la adaptación audiovisual de "Catedrales" y defendió la resistencia cultural en las ferias del libro presenciales.

La escritora Claudia Piñeiro brindó detalles sobre las temáticas sociales y políticas que atraviesan su más reciente obra literaria, El canto invisible. Durante una extensa charla, la autora profundizó en los conflictos que surgen a raíz de las diferencias de pensamiento en el seno familiar, tomando como punto de partida a las protagonistas de su libro y su vínculo con las nuevas generaciones.

A través de una analogía con el comportamiento de las aves, Piñeiro reflexionó sobre la falta de escucha, el desencanto de los jóvenes con el progresismo y la forma en que el sistema margina a la tercera edad. También se hizo eco del éxito de la adaptación televisiva de su novela Catedrales y subrayó la importancia de sostener espacios culturales presenciales.

La reconocida escritora mantuvo una entrevista exclusiva con EL LIBERAL donde reveló detalles de su trabajo. 

 Periodista: Mi primera pregunta, señora Claudia, es si a través de Julia Muntaner y Martina Martinelli, los personajes de su nueva novela, los secretos privados y los mandatos familiares revelan tensiones muy profundas de una época. 

Claudia Piñeiro: La novela se llama El canto invisible, habla del canto de los pájaros, pero también está hablando de otros cantos invisibles. Quizás a lo que apela en esta época es a esa falta de diálogo entre distintas posiciones políticas o distintas ideologías. Julia es una mujer, como su amiga Marina, que está cerca de los sesenta y pico de años y tienen una ideología muy cercana a lo que vivieron en los años 70, pensando en los derechos humanos, en determinadas posibilidades de progreso social y en todo lo que tiene que ver más con la centroizquierda. Su nieto es un chico que está muy compenetrado con las nuevas ideas, más de la derecha. Entonces ahí, al principio, hay como un enojo; a muchas familias argentinas les ha pasado esto, que los adultos más grandes tienen una ideología y los más jóvenes empiezan con otras ideas, y lo primero que pasa es un enojo y una falta de reconocimiento. No hay un diálogo abierto para entender por qué llegó a esas conclusiones y por qué yo, que pienso otra cosa, no pude convencerlo de que era mejor un mundo con mis ideas. Me parece que hay una falta de comunicación y ese "canto invisible" tiene que ver con que, a lo mejor, estos chicos nos venían diciendo algunas cosas que no escuchamos durante mucho tiempo. En ese sentido, creo que la novela, que es una novela íntima de dos amigas que se meten por una hendija, refleja algo que está pasando en la sociedad. 

Periodista: Oír y escuchar tienen diferencias. Le pregunto por la metáfora de esa app para identificar aves que es el punto de partida del libro: ¿los pájaros saben escuchar y actuar colectivamente más que los humanos? 

Claudia Piñeiro: Yo recomiendo mucho un libro de Vinciane Despret que cito en uno de los epígrafes de mi libro, que se llama Habitar como pájaros. Ese libro justamente trabaja sobre observar cómo los pájaros habitan el mundo. Cuando los pájaros cantan, no se superponen unos sobre otros ni se pelean con el canto; establecen un territorio. Dicen "yo estoy acá" y el otro le contesta desde otro lugar, y así van tomando territorio a partir del lugar donde cantan y cómo cantan. Es raro que veas dos pájaros peleándose, salvo que sean gallos de riña, porque ellos habitan el mundo de otra manera, a través de estos cantos. 

Periodista: La historia en el país nos ha mostrado que más que escuchar es disentir o gritar al vacío sin nada que revelar. Mi pregunta es, fundamentalmente, ¿por qué esos oídos sordos recurrentes hoy? 

Claudia Piñeiro: No tengo un por qué. Más bien lo que hago es observar lo que sucede, y creo que tiene mucho que ver con esto. Cuando viene un pibe joven, sobre todo varones, y te hacen algunos comentarios sobre la realidad social, vos decís: "¿De dónde sacó esto?". Por ejemplo, en mi generación, en algún momento les decíamos a los chicos: "No votes esto porque vas a perder todos tus derechos laborales", y el pibe que trabaja en negro te dice: "Si yo no tengo ningún derecho laboral". Entonces hay una cosa que no fuiste escuchando y te sorprende de pronto cuando estalla. Recuerdo mucho una situación durante la pandemia: en los noticieros decían que nos laváramos las manos con mucha frecuencia, y de pronto salió que en un barrio carenciado muy cerca de Buenos Aires no tenían agua potable. No tenían agua potable desde antes de la pandemia y era grave también, sin embargo, nosotros no escuchábamos ese reclamo. Recién lo escuchamos en la pandemia cuando salió en los diarios que no se podían lavar las manos. ¿Por qué no lo sabíamos antes y lo escuchamos en la pandemia? Y probablemente hoy ya lo olvidamos. 

Periodista: En su nuevo libro plantea la necesidad de humanizar las cosas en el vínculo de las personas más allá de las ideologías. ¿Prima humanizar y no demonizar como suele suceder? 

Claudia Piñeiro: Yo creo que siempre lo mejor es poder comprendernos. Ninguna persona en general —hay excepciones— es mala en sí misma; las personas actúan como creen que es lo mejor, y a lo mejor nosotros mirándolo de afuera hacemos valoraciones que no tienen que ver con una mala intención del otro. La única forma de acercarnos es escuchando para comprender por qué piensa o actúa como actúa, siempre dentro de la normalidad. En general, las personas lo hacen porque están convencidas de que eso es lo mejor para ellos y para su familia. La única forma de acercarnos es conversando y buscando lugares donde nos encontremos. Quizás no nos encontremos en algunos puntos, pero no sabemos que en muchos otros sí podemos encontrarnos porque no conversamos. 

Periodista: Queda claro en el libro que está planteada la Argentina contemporánea abordando temas puntuales como la salud pública, cómo se van imponiendo las derechas particularmente en los jóvenes y la enorme grieta ideológica. ¿Cuál es su reflexión más allá de la escritora? 

Claudia Piñeiro: Mi reflexión probablemente es en parte el motivo por el que escribí esta novela. Sentí que cuando vi a tanta gente joven más cerca de la derecha o ultraderecha, y alejados de otros conceptos que tienen que ver con un "progresismo" —una palabra a la que le quieren dar mala connotación y en la que yo me considero inserta—, te das cuenta de que el discurso desde mi lado no ha sido efectivo por muchos motivos. Hay que hacerse cargo de la parte que nos toca en ese no poder transmitir ciertas utopías porque fracasaron muchos de los modelos que nosotros planteábamos como soluciones para la sociedad. La ultraderecha les da ciertas esperanzas casi mesiánicas, casi religiosas, y nosotros nos quedamos vacíos de un discurso esperanzador. Tenemos que encontrar la forma de poder transmitir este canto que ahora quedó invisibilizado para estas generaciones y encontrar un discurso esperanzador que ofrezca un modelo de mundo basado en la justicia social y los derechos humanos. 

Periodista: ¿Cómo ha sido su experiencia o qué rescata de los testimonios que ha recabado en los jóvenes, particularmente de ideas liberales, para la elaboración de este libro? 

Claudia Piñeiro: Me gustó muchísimo hablar con ellos. Primero porque sentí que había un agradecimiento de ser escuchados. Y después porque me di cuenta de que en algunos puntos trascendentes no estábamos tan lejos. Por ejemplo, hay chicos que están de acuerdo con las ideas liberales apoyados desde el punto de vista económico. Yo no comparto esas ideas económicas, pero cuando les preguntás qué opinan sobre los dichos contra la comunidad LGTB, las mujeres o el aborto, te dicen que no están para nada de acuerdo y que creen que no va a pasar nada con eso, minimizándolo. Incluso en marchas por la educación pública había gente que había votado a este gobierno y estaba en la calle pidiendo por la universidad pública. Hay una base común que no está tan deteriorada; un cincuenta por ciento votó esta alternativa y otro no, pero dentro de los que sí votaron, hay gente que sigue pensando que hay cosas que no están bien. Hay un pensamiento comunitario que se ha degradado en pos del individualismo, pero muchos te dicen que también quieren estar bien, alquilar un departamento, independizarse y no están pudiendo. En esos puntos centrales encontré muchas coincidencias. 

Periodista: Otro de los temas que está latente en la novela, a través de Julia particularmente, es el tema de la vejez y la invisibilidad que enfrenta la protagonista en esta etapa de la vida. Los viejos, por decirlo de alguna manera, ¿son el descarte en toda época en una sociedad? 

Claudia Piñeiro: Ahí hay una tensión muy grande entre muchas frases y opiniones. Por ejemplo, cuando te dicen que el sistema de jubilaciones no funciona porque sobrevive demasiada gente, compite con una vejez mucho más activa de muchísimas personas. Antes, una persona de 60 o 65 años no tenía la actividad que hoy tiene alguien de esa edad, o incluso de 70 o 75 años. Cambiaron las posibilidades de hacer cosas, de seguir trabajando, de viajar o cuidar nietos. Hay una vejez mucho más activa frente a una sociedad que, como va envejeciendo, tiene algunos problemas económicos que se le atribuyen a que hay muchos más viejos que jóvenes. Entonces se le pide a la gente que nazcan hijos para hacer aportes y pagar impuestos, y que haya cada vez menos viejos, que sería el ideal económico. Pero tenemos una mala noticia: los viejos vamos a seguir resistiendo, así que va a haber que buscar otra cosa. Me parece que hay toda una generación que está defendiendo su lugar. Te traigo otro ejemplo de la pandemia: yo tengo grupos de amigos bastante más jóvenes con los que comparto cuestiones literarias o periodísticas, y cuando estaba esta cosa de que no se podía salir a la calle, ellos planteaban que los mayores de 60 no salieran porque eran los que se podían contagiar y morir, y que todos los demás tenían que poder salir. Yo me indignaba y decía: "Perdoname, ¿por qué yo me voy a tener que quedar adentro de mi casa y vos vas a poder salir? En todo caso o nos quedamos todos o salimos todos". Hay una sensación de que el viejo es una persona que tiene una edad avanzada, y para muchos chicos yo debo ser una vieja. Me parece que sí hay una posibilidad de comunicación, que es la que yo planteo en la novela, entre una generación como la mía y una generación muy joven, salteando algunas generaciones que a lo mejor están demasiado ocupadas en otras cosas. 

Periodista: ¿Qué sensaciones le genera el hecho de que varias de sus grandes novelas, como Catedrales —la más reciente—, tengan un alto impacto cuando las convierten en películas o en series? 

Claudia Piñeiro: Lo que pasó particularmente ahora con Catedrales me emociona mucho. Esa novela me la compró una productora argentina, Underground, pero después pasaron a ser de Telemundo, de NBC, y cuando Prime Amazon decidió hacer esta producción, decidió que fuera en Chile. En ese momento, todos los argentinos involucrados pensamos: "¡Qué pena que no se hace en Argentina con actores argentinos!", pero son decisiones empresariales y a ellos les convenía más hacerlo allá. Cuando fui a las grabaciones y cuando vi la serie terminada, dije: "La verdad que es maravilloso lo que hicieron estos actores chilenos". Son actores extraordinarios, la dirección es muy buena, pero sobre todo la adaptación que hicieron Silvina Fredjkes y Alejandro Quesada me dejó muy contenta. Si bien hicieron todos los cambios que eran necesarios para una adaptación audiovisual, respetaron totalmente el espíritu de la novela. Por más que la protagonista, Lía, en la novela nunca viene a la Argentina y se queda en Santiago de Compostela, y acá la serie arranca con que ella llega a la Argentina, todos esos cambios eran necesarios para contar la historia. Y el hecho de haberla llevado a Chile finalmente me parece que fue una gran decisión, porque muestra a una familia muy católica que a lo mejor hoy funciona más en una sociedad como la chilena que en la nuestra, donde ya tenemos ley de aborto. Ellos tienen aborto por tres causales y se lo están discutiendo, por lo que la serie sigue primera en Chile y entre las diez más vistas en muchos países. Esto me pone contenta porque esa historia está siendo contada en muchos lugares distintos; un libro viaja a lugares, pero una serie viaja a muchos más lugares y la historia sigue viva y dando vueltas. 

Periodista: ¿Cómo convive la voz de la escritora de ficción y la referente social al hablar de temas como el aborto legal, la justicia y el rol de la mujer en nuestro país? 

Claudia Piñeiro: Yo soy la misma persona, entonces a veces es difícil que se separen algunas cosas. Pero por supuesto que en la literatura yo tengo personajes, y los personajes no tienen por qué pensar como yo. Tengo varias novelas donde los personajes evalúan hacerse un aborto y deciden no hacérselo, porque que haya una ley de aborto no quiere decir que todas las mujeres van a decidir que tienen que hacerse un aborto. Trato de que cada personaje tenga la ideología y la forma de pensar que le corresponde. Por ejemplo, Carmen, que en Catedrales es un personaje muy oscuro y con mucho peso de la iglesia, no tiene que ver conmigo ni con lo que yo soy, pero sí en algún momento fui a un colegio de monjas y sé lo que es pertenecer a una familia muy católica. Ahí hay cosas que se te van mezclando de la propia biografía, pero yo no hago que esos personajes actúen como yo pienso. Trato de separar el activismo de la literatura, aunque a veces se te mezcla, pero intento respetar la construcción de los personajes y que cada uno piense y diga lo que tiene que ser para ese personaje. 

Periodista: Mis últimas preguntas. ¿Por qué elige puntualmente el género de la novela negra y el suspenso para hablar, por ejemplo, de la violencia cotidiana y de los secretos familiares? 

Claudia Piñeiro: Vos sabés que yo no elijo el género negro, sí elijo el suspenso. El género negro se me mete en la escritura. Yo escribo una novela de personajes a los que les pasan determinadas cosas, y en una sociedad donde hay violencia, muchas veces me aparece en el medio de la escritura un crimen, y con ese crimen el enigma y la búsqueda de la verdad. Excepto Betibú, que desde la primera página pensé en escribir una novela negra, todas las demás para mí eran novelas y, en el medio, aparece algún elemento del género. Muchas veces las editoriales o las librerías lo clasifican dentro de novela negra, y yo creo que son novelas que tienen elementos de novela negra pero que no necesariamente responden estrictamente al género. Sí me interesa el suspenso. Fijate que en El canto invisible no hay un crimen en esos términos, sí hay una muerte, pero sin embargo en ese micromundo hay un enigma, hay un secreto que entre las amigas no había sido develado y que a Julia le causa mucha angustia. El suspenso sí es algo a lo que yo estoy muy atenta cuando escribo, pero la novela negra se me mete sin querer. 

Periodista: Quería consultarle también por autores como Coetzee, Lodge, Cheever, Carver, Borges, Saer y Piglia. ¿Cuánto influyen en la construcción de las historias que plasma en sus libros? 

Claudia Piñeiro: Todos los que nombraste son autores que yo admiro, y podría sumar a Puig, que para mí es uno de los argentinos que más admiro, y a algunas mujeres, ¿no? Natalia Ginzburg, Clarice Lispector, Liliana Heker, podría nombrar a muchas otras. Son como lecturas que uno va haciendo a lo largo de la vida y eso está adentro tuyo. Yo, cuando doy talleres, lo primero que le digo a alguien que quiere escribir es que tenés que leer muchísimo para poder entender cómo hacen otros para lograr ese mecanismo que vos estás buscando. Entonces todas esas lecturas que en algún momento hiciste por placer, cuando estás escribiendo también te aparece pensar: "Mirá qué bien cómo manejó Coetzee determinadas descripciones en Desgracia, o cómo maneja el humor irónico David Lodge, o cómo pinta una sociedad Manuel Puig". Ya ahí vas a buscar esa lectura como a un maestro, y vas tomando de cada uno las cosas que te sirven, te inspiran o que te parecen adecuadas para el texto que estás escribiendo. 

Periodista: Ahora mi última pregunta, Claudia. ¿Qué valor tiene para usted una feria del libro, más aún en tiempos de inteligencia artificial, podcasts, redes sociales y recortes a la cultura? 

Claudia Piñeiro: Para mí todas las cuestiones culturales que hoy podamos sostener presenciales y comunitarias me parecen invaluables. Yo soy amante del teatro, el teatro es un lugar donde nos juntamos todos a escuchar a unas personas decir un texto que nos conmueve, y ayer estuve en el Festival FILBA en Buenos Aires, con la platea llena de personas viéndonos decir algunas frases arriba del escenario. Tuve que dar unos talleres en FLACSO y pedí que la opción fuera presencial, porque necesitaba ver a la persona con la que me estoy comunicando para tratar de llevarle las herramientas, y la pantalla no te permite eso. Las ferias del libro me parece que están dentro de esa resistencia cultural frente a que siguen pasando cosas a pesar de los recortes. Seguimos sosteniendo el teatro, las ferias del libro y los encuentros, porque sabemos que en ese grupo de personas juntas hay algo mucho más importante que la individualidad de cada uno leyendo solo su libro en su casa. Me parece muy importante que se hagan ferias en el interior para que los escritores podamos viajar a esos lugares, conversar con las personas que viven ahí y traernos otras miradas, porque no todas las miradas son iguales. 

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