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El Sacháyoj

22/11/2015 05:15 Viceversa
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Los Vilelas junto con los Lules eran tribus que circulaban por el norte santiagueño. Se cree que era una misma familia, que se dividió, los Vilelas se quedaron y los Lules continuaron avanzando por lo que es Tucumán y Salta. Ellos eran cazadores nómades, es decir no se asentaban por mucho tiempo en ningún lugar, depredaban los poblados, llevándose las mazorcas de maíz, abrían las píruas donde la gente guardaba las algarrobas para mantener sus animalitos domésticos en épocas de escasez. Una siesta calurosa, como son las siestas de verano, dos amigos Vilelas se internaron en el monte a cazar. Ese día, no encontraron ninguna presa, a pesar de ser hábiles cazadores. Hasta que de repente, a varios metros del lugar vieron un ampalagua, enroscado debajo de un árbol. Sigilosamente se acercaron al animal. Entonces, con una gran soga de chaguar ataron su cuello asfixiándolo y provocándole la muerte. Inmediatamente lo arrastraron hacia donde estaban acampados sus otros amigos y familiares. Lo arrastraban porque el animal, a pesar de estar muerto, todavía conservaba la fuerza suficiente para enroscarse en ellos con su largo y pesado cuerpo. Cuando llegaron, lo colgaron y empezaron a cueriarlo. Hicieron un fueguito y aprovecharon su carne. Al día siguiente, fueron a cazar de nuevo y vieron dos ampalaguas inmensos debajo de los talares. Otra vez hicieron el mismo procedimiento: ataron el cuello del animal con la soga, lo arrastraron y lo llevaron con sus amigos. Al tercer día volvieron al monte para hacer lo mismo que días anteriores y vieron que había tres, cuatro, cinco, seis ampalaguas. Y tuvieron miedo. Un anciano de larga barba y medio petiso se acercó a ellos y les preguntó: -¿Por qué matan a estos animalitos que nada les hacen? Nuestros amigos no supieron qué contestarle. Quedaron mudos con esta presencia inesperada, en pleno monte espeso. El hombrecito les dijo: ?No intenten matar por el placer de matar. Cada animal en este mundo tiene un propósito. Viéndolos tan callados, los animó a retirarse del bosque dándoles unas semillas. ?Tomen estas semillas y siémbrenlas a orillas del río. Los dos muchachos se acercaron a recibir las semillas y se fueron. Por el camino se miraron y se dieron cuenta de que no podían articular ni una sola palabra. Cuando llegaron al lugar donde estaban sus amigos, sembraron las semillas. Con el tiempo nacieron tiernas plantitas que después se convirtieron en robustas cañas de maíz. Recién entonces pudieron hablar. El viejito que habían visto era el Sacháyoj, deidad del monte que protege a los animalitos y sus crías
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