Ezequiel Nicolás Suárez Ezequiel Nicolás Suárez
el Señor. Lo conocí a Jesús durante mi
juventud y eso me ha llevado a dejar
todo, amigos, salidas y todo lo que muchos
consideran característico de la juventud,
y proyectos también. Sin embargo,
decidí seguir a Jesucristo y dejar
todo para andar sus pasos. Hoy,
que me encuentro en el Seminario me
atrevo a decirles a los jóvenes que sienten
el llamado del Señor que se animen
a decirle que sí, a entregar su vida por
los demás, por el Señor y por amor.
Me entusiasmó al principio la vida
de Jesús, quería saber de su vida, de su
obra. Así empecé a descubrir mi vocación.
Además mi familia me hablaba
mucho de Dios, conocí muchos seminaristas
durante ese tiempo y participé
de misiones. Todo eso me contagió las
ganas de seguir a Cristo y llevarlo a todos
los rincones, y entré al Seminario.
Así, de a poco me di cuenta de que esto
era lo que yo quería. Tenía muchas ganas
de seguir a Jesús, de ser sacerdote
hasta que me entrevisté con el padre
Julián y así arranqué.
El apoyo de la familia es fundamental
para encarar el camino, porque hay
momentos en los que a pesar de sentirte
firme en la decisión, surgen dudas
momentáneas y ahí deben estar ellos.
Tuve momentos de incertidumbre,
pero muy cortos y pasajeros que me
ayudaron a entender que el llamado de
Dios es más fuerte y por eso sigo convencido
de lo que elegí ser en mi vida.
Igualmente hay que decir que hay
cosas que cambian en la vida del seminarista
pero que lo disfrutamos todos.
Estudiamos en un profesorado público
y nuestros compañeros nos hacen preguntas,
quieren saber todo, y tratamos
de explicar lo que nos pasa. Además
hay chicos que incluso nos hacen burla
pero siempre con respeto y nos divertimos
mucho. Algunos ya nos dicen
que bautizaremos a sus hijos, los casaremos.
Y ese es nuestro objetivo, estar
para servirlos a ellos, con los sacramentos
que podamos.








