Rincones argentinos en el mundo, otros lugares vinculados con la historia argentina en Francia Rincones argentinos en el mundo, otros lugares vinculados con la historia argentina en Francia
L a historia argentina
y sus protagonistas
han tenido un
vínculo muy fuerte
con “la Francia”, tal
como se llamaba al
país galo en el siglo
XIX y principios del XX. La condición
de Francia como faro cultural para los
argentinos queda en evidencia por la
enorme cantidad de viajes que presidentes,
dirigentes, escritores, pintores
y demás hicieron a París a lo largo
del tiempo. Pero también algunos argentinos
ilustres nacieron en Francia.
Vamos hoy a recorrer algunos espacios
que entrelazan la antigua historia milenaria
de los franceses con la apenas
bicentenaria historia de los argentinos.
TOULOUSE: CUNA DE
GARDEL Y GROUSSAC
Al sur de Francia, en relativa cercanía
con la frontera catalana de España, se
encuentra una bellísima ciudad bautizada
como la “ciudad rosa”, debido al color
de la mayoría de sus edificios que, como
una rareza en la arquitectura gala, han
sido construidos con ladrillos que permanecen
a la vista. Hoy reconocida por
su industria aeronáutica (es la sede central
de la fábrica de aviones Airbus) y por
sus universidades, tiene un importante
vínculo con la Argentina. El paso del río
Garona es uno de los paisajes más bellos
de Francia y gracias a un canal construido
en el siglo XVII, este curso de agua
vincula el mar Mediterráneo con el océano
Atlántico.
Paul Groussac, uno de los grandes intelectuales
de la Generación del `80, historiador,
ensayista y sobre todo el gran
bibliotecario argentino, nació en Toulouse
el 15 de febrero de 1848 y cursó sus
estudios primarios y secundarios en la
ciudad. Quiso el destino que este hombre,
un inquieto pensador, intentara entrar
a la Escuela de Bellas Artes para vincularse
con la pintura y la escultura. Allí
no tuvo un buen trato por parte de algunos
profesores y fue entonces que decidió
buscar un destino en la América. Llegó
a Buenos Aires y se destacó rápidamente,
hasta llegar a ser director de la
Biblioteca Nacional de la República Argentina,
nombrado por el presidente Julio
Argentino Roca en 1885. Hasta hoy
ha sido el director que más tiempo ocupó
el cargo, ya que lo fue hasta su muerte
en 1929, y logró que el Estado cediera
a la Biblioteca el edificio que iba a destinarse
a la Lotería Nacional.
Groussac escribió biografías, textos
históricos y ensayos políticos, pero su tarea
en la Biblioteca Nacional fue ciclópea,
y tuvo como gran curiosidad el hecho
de la progresiva ceguera, que compartiría
con sus colegas extemporáneos
Luis de Chorroarín, José Mármol y Jorge
Luis Borges. No hay otro repositorio
de libros en el mundo que hayan sido dirigidas
por ciegos durante más de setenta
años.
Carlos Gardel, el emblema del tango y
el cantor que cada día “canta mejor” nació
en una casa de inquilinato ubicada en
el número 4 de la Rue Canon D’Arcole,
a metros de la vieja muralla medieval de
Toulouse. La polémica histórica sobre el
lugar del nacimiento del “Zorzal Criollo”
quedó zanjada cuando se encontró
en el registro civil de Toulouse la partida
que certifica que doña Bertha Gardes
tuvo soltera a su hijo Charles Romuald el
10 de diciembre de 1890, por la noche,
aunque se lo registró el 11, y ese día se ha
convertido en el Día del Tango. Hoy una
placa, escrita en francés recuerda el lugar
y a unos cien metros, en el jardín botánico
de la ciudad se levanta un monolito
en homenaje al mejor cantante de todos
los tiempos.
Pero la sorpresa más grande que un
argentino puede encontrar en las calles
de Toulouse es un ceibo que luce toda su
condición criolla en el jardín real ubicado
junto al museo de la ciudad. Fue un
obsequio de un argentino que eligió vivir
en esta ciudad francesa y que además
creó una fundación dedicada al arte,
cuya sede es en un castillo medieval,
el Hôtel d’Asséza. La fundación se
llama Bemberg y fue creada por Jorge
Bemberg, hijo del legendario empresario
Otto Bemberg, un alemán que creó la
más popular marca de cerveza en la Argentina:
Quilmes.
París
El palacio que Marcelo
obsequió a Regina
La más hermosa historia de amor de
la Argentina es, con toda seguridad, la
de Máximo Marcelo Torcuato de Alvear
y Regina Pacini. El gran heredero de una
de las familias patricias argentinas que
decidió seguir por el mundo a su admirada
cantante lírica, presenciando todas
las funciones de ópera que la gran diva
realizó en todo el mundo. Durante ocho
años, desde 1899 a 1907, Marcelo viajó
tras la mujer de su vida. Logró enamorarla
para siempre cuando en el teatro
Real de San Carlos, en la ciudad natal
de Regina, Lisboa, ella entró para interpretar
su papel y encontró la sala vacía.
Desde un palco sonó un aplauso y Marcelo
le dijo: “Hoy cantás para mí”, y le
mostró un canasto con todos los boletos
de la función. Finalizada la ópera, Marcelo
subió al escenario y le ofreció matrimonio.
Regina aceptó y a los pocos días
se casaron en Lisboa.
Decidieron vivir en París y Marcelo,
uno de los hombres más ricos de Sudamérica,
le obsequió un palacio en la zona
suburbana de Coeur Volant, en el que
vivieron entre 1907 y 1912 y luego, cuando
Alvear fue nombrado embajador en
Francia, entre 1916 y 1922. En ese palacio
muy querido por ellos, recibieron la
noticia de la elección de Marcelo como
presidente de los argentinos. Hoy día
es la sede de la Embajada de Guinea en
Francia y se encuentra en un regular estado
de conservación, junto al acueducto
romano que tanto le gustaba a Regina.
Está faltando una placa que recuerde
que, además de los condes de París, integrantes
de la familia real francesa, residió
allí uno de los mejores presidentes
argentinos y su esposa, la diva del bell
canto de principios del siglo XX.
La tumba de Alberdi en el
cementerio de Pere Lachaise
Uno de los cementerios más famosos
del mundo es, sin duda, el de Pere Lachaise,
en París. En sus 48 hectáreas se encuentran
grandes héroes de Francia, gobernantes
europeos y sobre todo una pléyade
de artistas universales que lo hacen
increíblemente evocativo. Su estado de
conservación no es el mejor pero encontrar
las tumbas de Oscar Wilde, Edith Piaf
o Jim Morrison es sin duda una experiencia
sin par. Y en la búsqueda de personajes
vinculados con la historia argentina aparecen
dos tumbas sin duda importantes.
La primera es la del Marqués de las Marismas
del Guadalquivir, Alejandro Aguado,
un notable hombre de negocios que fuera
el gran benefactor del libertador José de
San Martín en Europa y quien le facilitara
el dinero para
Pero el caminar por ese cementerio
de calles empedradas y manzanas en
cuadrícula, de pronto sorprende con la
presencia de una tumba que recuerda
al mentor ideológico de la Constitución
Argentina, el tucumano Juan Bautista
Alberdi. En la última etapa de su vida,
y exiliado nuevamente en París, luego
de su frustrado retorno a la Argentina
en 1881, Alberdi vivió en Neuillysur-
Seine, a orillas del Sena. Murió allí,
en un hospicio, el 19 de junio de 1884, y
fue sepultado en el camposanto de una
iglesia cercana. Alberdi había previsto
su deseo de ser enterrado en el cementerio
de Pere Lachaise y por eso había
mandado construir una tumba con su
nombre.
Pero la historia a veces teje episodios
novedosos, y finalmente desde su sencilla
tumba de Neuilly-sur-Seine fue trasladado
a Buenos Aires, y en el cementerio
de la Recoleta reposó más de un siglo
en un espléndido mausoleo esculpido
por el maestro Camilo Romairone. La
consecuencia es que en el más conocido
cementerio del mundo, una tumba que
nunca fue ocupada por quien deseó hacerlo,
recuerda a uno de los pensadores
jurídicos más importantes de la América
del Sud. A Alberdi le ha costado descansar
en paz, ya que en 1991 sus restos
volvieron a viajar, esta vez hacia su Tucumán
natal, pero esa es otra historia.
Hace poco tiempo, tuvimos el honor de
rendir homenaje a nuestro padre constitucional
en su tumba evocativa en Pere
Lachaise.
Seguiremos recorriendo el mundo
encontrando rincones argentinos.
Por Eduardo Lazzari
Historiador.








