ORESTES DI LULLO: EL HOMBRE QUE HIZO LA HISTORIA ORESTES DI LULLO: EL HOMBRE QUE HIZO LA HISTORIA
Por Eduardo Lazzari
historiador
Los hechos que conforman la historia son independientes del relato que los hace perpetuos en la memoria. En los últimos siglos, la importancia de la historiografía fue asumiendo el carácter de ciencia social fundamental para entender los procesos de conformación de naciones y sociedades. De la simple narración de los episodios tal como si fuera una fotografía escrita, se avanzó hacia el análisis y la contextualización de aquellos episodios para entender los sucesivos períodos de la historia. En los inicios de esta ciencia allá por el siglo V a.C., de la mano de Heródoto, se buscó abarcar todo en un relato totalizador, pero desde hace un par de siglos el estudio de lo local, lo regional y lo nacional ha ganado protagonismo en la tarea de explicación del pasado.
Los grandes clásicos argentinos del siglo XIX, como Bartolomé Mitre, Vicente Fidel López o Adolfo Saldías, tuvieron el impulso intelectual de explicar exhaustivamente los hechos nacionales, a partir del estudio de personajes potentes como José de San Martín, Manuel Belgrano, Juan Facundo Quiroga y muchos más. Sin embargo, la llegada del siglo XX dio a luz una generación de estudiosos que profundizaron las características locales de la historia, lo que permitió descubrir que la historia de la Nación Argentina no se entendía cabalmente si no se escudriñaba en el pasado de las provincias.
En este contexto, Santiago del Estero encuentra en Orestes Di Lullo al hombre que encaró el relato de la “Madre de Ciudades” y su provincia como el contexto más acotado que permite explicar el devenir de la región noroeste del país y su influencia en los hechos nacionales, teniendo en cuenta que el descubrimiento de las historias “mínimas” ayuda a la comprensión de las historias generales. Por eso hoy transitaremos por la biografía de este gran intelectual santiagueño, cuya sabiduría abarcó distintos aspectos del conocimiento humano, que lo ubican entre los grandes del pensamiento nacional.
Nacimiento, estudios
y familia
Orestes Di Lullo nació en Santiago del Estero el 4 de julio de 1898, cuando gobernaba la provincia Adolfo Ruiz, en los tumultuosos tiempos del asesinato del diputado Pedro García. El país era conducido por el salteño José Evaristo Uriburu. En los albores del siglo XX, el niño Orestes realizó sus estudios primarios en la Escuela Normal de Varones, por entonces ubicada frente al templo de San Francisco. A sus doce años acude al Colegio Nacional de Santiago del Estero, egresando como bachiller en 1916.
En 1917 viaja a Buenos Aires y se inscribe en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional. En esa casa de altos estudios fue discípulo de Salvador Mazza, Mariano Castex y Ricardo Finochietto, doctorándose en 1923 en la especialidad de Dermatología, presentando una tesis titulada “El Paaj: una nueva dermatitis venenata”, donde muestra sus conocimientos médicos, pero sobre todo su capacidad de observación de la realidad social que lo rodeaba en Santiago, ya que el llamado “mal del quebracho” no era investigado por entonces.
Regresa a su provincia, y en 1925 participa de la creación de “La Brasa”, un “centro de pura actividad espiritual” dedicado al fomento de actividades como conferencias, conciertos y exposiciones de arte, que marcó la cultura santiagueña durante dos décadas. Di Lullo es admitido en el Hospital Mixto de Santiago del Estero como médico interno en 1926 y al año siguiente se casa con Blanca Uriondo, con quien tendrá dos hijas: Marta Susana y María Eugenia. Es el tiempo de su incorporación a la Sociedad Argentina de Patología Regional del Norte, donde desarrolla investigaciones sobre las diversas afecciones de la piel en la región, contando con la dirección de Salvador Mazza, el gran médico que combatió el mal de Chagas. Estos trabajos científicos lo ubicaron a Di Lullo como una referencia entre los médicos del norte argentino.
Actuación política
El 30 de abril de 1930 resulta electo concejal por la Capital, pero el golpe del 6 de septiembre de ese año lo deja cesante. En 1931 es candidato a diputado y en 1938 es elegido para la Convención Reformadora de la Constitución Provincial, donde se destaca por la defensa de la educación religiosa, por lo que el incumplimiento de las promesas del gobierno provincial respecto de la libertad de enseñanza hace que deje la política, volcándose de lleno a su actividad en los diversos ámbitos de la cultura.
Sin embargo, en 1949, a instancias de un familiar de Di Lullo cercano al presidente Juan Domingo Perón, éste le ofrece la candidatura a gobernador, que es aceptada por don Orestes. Ya en tiempos de campaña, llega a su conocimiento que desde Buenos Aires se estaban armando las listas de candidatos a legisladores nacionales y provinciales a sus espaldas. Inmediatamente envía un telegrama renunciando a la postulación, privilegiando su dignidad personal a cualquier apetencia de poder.
Fundador de instituciones
El 25 de julio de 1941 funda el Museo Histórico Provincial, que dirigirá durante un cuarto de siglo. Su sede estuvo ubicada en la casa de los Díaz Gallo, que cobijó al museo hasta su traslado al Centro Cultural del Bicentenario. Los hechos políticos de cuatro siglos y las creaciones artísticas expusieron todo el espectro de la vida santiagueña. La seriedad del guión museológico hablaba de la seriedad científica que Di Lullo le dio a la evocación del pasado provincial. En los tiempos de su fundación, el Museo era uno de ocho similares en el interior del país.
El 26 de agosto de 1953, en la Universidad Nacional de Tucumán, fue el organizador, desde Santiago, del Instituto de Lingüística, Folklore y Arqueología, dedicado a “elaborar, acumular y difundir el saber y toda forma de cultura en especial la de carácter autóctono”, sumando a esto al estudio de la filología y el rescate de la tradición oral quichua. Di Lullo fue su director hasta 1973. Este organismo funcionó bajo esa dependencia durante casi medio siglo, hasta que en 1999 fue incorporado a la Universidad Nacional de Santiago del Estero.
La generosidad de Di Lullo queda evidenciada en el espacio que encontraron junto a él grandes estudiosos, como el arqueólogo Juan Giménez, los investigadores Alejandro Gancedo, Domingo Yanucci, Domingo Bravo, y muchos otros que dieron esplendor tanto al Museo Histórico como al Instituto. También hay que destacar a Alfredo Gargaro, un italiano que se afinca en 1919 en Santiago del Estero, y que junto a Di Lullo llevaron la historiografía provincial a la excelencia a nivel nacional.
En 1940 fue miembro fundador de la Junta de Estudios Históricos de Santiago del Estero, y más adelante llegó a ser miembro correspondiente de las Academias Nacionales de la Historia y de Medicina, y Argentina de Letras. Fue impulsor del Instituto Universitario “San José” el 21 de junio de 1960, inaugurado con una conferencia suya llamada “Santiago del Estero y los estudios Superiores”. Este instituto derivó en la Universidad Católica de Santiago del Estero desde 1969, culminando la vocación de Di Lullo por la educación libre.
Investigador, historiador
y escritor
Como médico publicó “La alimentación popular de Santiago del Estero” (1935) y “Medicina y Alimentación” (1944), entre otros trabajos. Como estudioso de las costumbres populares publica “El cancionero popular de Santiago del Estero” (1940); “El folclore de Santiago del Estero” (1943); “Contribución al estudio de las voces santiagueñas” (1946) y “La razón del folclore” publicada en forma póstuma en 1983. Estos trabajos recuperaron el sentir y la identidad provincial a través de la música.
Como historiador Di Lullo publicó gran cantidad de libros, destacándose “La agonía de los pueblos” (1946); “Santiago del Estero Noble y Leal Ciudad” (1947); “Reducciones y fortines” (1949); “El General Taboada” (1953); “Caminos y derroteros históricos en Santiago del Estero” (1959); y “Un cuadro de la prehistoria santiagueña” (1965). El profesor Luis Alén Lascano prologa otra obra póstuma en 1991 llamada “Santiago del Nuevo Maestrazgo”.
Como literato dejó una comedia titulada “Hermanos”, de 1947; “Lo popular en el Quijote de la Mancha”, de 1957 y “Elementos para un estudio del habla popular en Santiago del Estero”, de 1961. Quedaron otros libros terminados e inéditos al tiempo de su muerte.
Muerte y homenajes
Don Orestes murió en la ciudad que lo vio nacer el 28 de abril de 1983, a sus ochenta y cuatro años. El museo que él fundara lleva su nombre, lo mismo que la biblioteca de la Universidad Católica. Sus libros siguen siendo consultados como la fortaleza de la cultura santiagueña. Para muchos que lo conocieron y aún lo recuerdan, queda su estampa de hombre prolijo, de carácter firme y sobre todo una personalidad que inspiraba respeto.
La que fuera sede del Museo Histórico Provincial espera su restauración como uno de los inmuebles patrimoniales más importantes de la historia santiagueña. En este sentido el ejemplo de la casa de don Andrés Chazarreta es un buen horizonte para pensar en el futuro de la vieja y querida casa colonial de los Díaz Gallo, un sueño que sin duda Di Lullo compartiría. La provincia de Santiago del Estero ha establecido el 28 de abril como Día de la Cultura Provincial en homenaje a Di Lullo.
La Academia de Ciencias y Artes de Santiago del Estero ha nominado en su recuerdo uno de los sitiales de sus miembros titulares. Pero sin duda, su mayor legado es la obra y el pensamiento de Di Lullo, que puede sintetizarse en estas palabras tan sentidas sobre su tierra:
“Este suelo yermo, sobre el que se abatieron tantos infortunios, ha sabido guardar las ideas y esfuerzos de muchas generaciones empecinadas y heroicas que, como el labriego tras perder la cosecha, rotura de nuevo el campo y lo siembra. Nunca se pierde todo. El sudor no es vano y la esperanza tampoco, sobre todo cuando los pueblos están armados de fe”. l








