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EL LIBERAL . Santiago

Adopción, una gran red de amor

25/12/2021 21:12 Santiago
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Adopción, una gran red de amor Adopción, una gran red de amor

HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE EL LIBERAL Y ESTAR SIEMPRE INFORMADOPor Karina Bianco

de Sohiaonline.com.ar

Camila baila en el living de su casa rodeada de

muñecos. Tiene 2 años y medio y llegó a su nuevo

hogar durante 2020. No sabe por qué sus padres

lloran emocionados en el teléfono. Es que un juez

acaba de avisarles que ya tienen “la adopción plena”

de su hija.

María y Pablo están en pareja hace casi 20 años

y hace 11 se casaron con el deseo de armar una familia.

Realizaron varios tratamientos de fertilidad

sin resultado positivo, pero en paralelo comenzaron

los trámites de adopción. La decisión estaba

tomada: aún si María quedaba embarazada, adoptarían.

Se anotaron para recibir hasta dos hermanos

de 5 años con enfermedades crónicas compensables.

Al final María no quedó embarazada y comenzó

la pandemia. Durante el año pasado llamaron

dos veces del juzgado con la posibilidad de guarda,

pero el ofrecimiento no prosperó. El tercer llamado

fue distinto. Algo les decía que esta vez sí. Había

una beba de un año y medio en condiciones de

adopción que los esperaban en el hogar.

“El día que por fin fuimos a conocerla hacía mucho

calor –recuerda María–. Nos habían citado a la

hora de la siesta. Nos cambiamos toda la ropa antes

de entrar porque la nena tenía problemas con

sus defensas y estábamos en plena pandemia. Nos

conoció con barbijos puestos y en un cuarto que

había en el exterior del lugar. La habían despertado

de su siesta, así que nos miraba con desconfianza

y algo de miedo. A pesar de su corta edad, ella

intuía que algo estaba pasando, porque era la primera

vez que veía personas sin sus compañeritos

de hogar. El corazón me iba a mil… y Camila se puso

a llorar. A los diez minutos se quedó dormida en

mis brazos. Ahí supe que era mi hija”.

Hubo varias visitas al hogar. Le llevaron juguetes

y luego, bajo supervisión, pudieron ir con ella

a la plaza, a pasear. A medida que los días pasaban,

Camila se sentía más confiada. Poco más de

un mes después ya vivía en la casa con María y Pablo,

sus papás. De inmediato se adaptó, conoció a

sus nuevos tíos, abuelas, primos y tíos postizos. Comenzaba

una nueva vida llena de amor.

El día que nos conocimos

Patricia Carrascal tiene 52 años y desde hace

11, junto con su marido Juan Manuel, se convirtieron

en padres de Sol. Durante 4 años esperaron

ese llamado que les cambiaría la vida. Y sucedió el

día previo a irse de viaje. Suspendieron las vacaciones

y así conocieron a su beba, que en aquel entonces

tenía 6 meses. “Cuando tomamos la decisión

de adoptar no sabíamos ni por dónde arrancar. En

ese momento la ley era distinta. Teníamos disponibilidad

para adoptar grupos de hermanos, así

que para los que nos llamaran íbamos a estar. Sol

en ese momento estaba con una familia de tránsito

con la que aún estamos en contacto, porque establecimos

una gran red de amor”, cuenta con emoción

Patricia y agrega: “Como soy productora audiovisual

decidí que tenía que poner a disposición

mi experiencia para ayudar a difundir cómo es el

proceso de adopción, derribar mitos y explorar lo

que implica formar una familia de este tipo”.

En 2019 hizo una serie de 4 episodios para el

Canal Encuentro sobre adopción y acaba de estrenar

en el Centro Cultural San Martín –donde se proyecta

con entrada libre y gratuita– el documental

“El día que nos conocimos”, que codirigió junto a

Camilo Antonili y que a partir del año que viene estará

disponible en Direct TV. “Sentí que había mucha

desinformación sobre el tema. Nosotros mismos

no sabíamos ni por dónde empezar cuando

tomamos la decisión”. El documental narra cinco

historias de adopción en Argentina contadas por

sus propios protagonistas, desde el punto de vista

de adoptantes y adoptados. Cada una de ellas da

cuenta de que la adopción tiene múltiples posibilidades

y que es una de las maneras de armar familias

a través de encuentros que cambian el destino

para siempre.

Así podemos conocer la historia de Paola y Diego,

una pareja que adoptó a tres hermanos que vivían

en un hogar. La de Pablo, un hombre militante

LGBT que tuvo que desafiar sus propios prejuicios

y adoptó a Mía, una niña que llevaba dos años

en un hospital con graves problemas de salud. La

de Alejandra que adoptó a Santi, un adolescente

de 13 años que venía de una vinculación fallida. La

de María, quien fue adoptada cuando era una bebé

y habló de la necesidad de conocer su origen para

completar su historia. Y la de Griselda y Fernando,

quienes adoptaron a una nena que había tenido

varias mamás.

Después de adoptar, Patricia trabajó en algunas

ONGs y profundizó sobre el sistema de adopción

en nuestro país. “Argentina tiene una buena

ley de adopción, al contrario de lo que mucha

gente piensa. Es muy de avanzada con respecto a

otros países. Solo hay que informarse para saber

que adoptar es una posibilidad concreta y real. Si

bien hay algunas falencias en el sistema, hay que

eliminar muchos mitos. Lo más importante es que

exista el deseo de paternar; la adopción es un vínculo

que se genera de los dos lados. De los padres y

de los chicos”, comparte.

¿El proceso lleva tantos años cómo se cree? La

ley dice que cuando se toma una medida de abrigo,

el juez tiene 6 meses para buscar a la familia biológica.

En el 80% de los casos no se resuelven en

ese tiempo, porque los juzgados de familia están

tapados de trabajo y no tienen personal suficiente.

Muchos jueces tienen mucho temor a la hora

de firmar la adopción. Pero para los niños es mucho

tiempo. Sin embargo, no todos los chicos que

viven en hogares convivenciales tienen disponibilidad

adoptiva, si se vinculan con algún familiar. Se

le da mucho peso a la sangre, aún sabiendo que en

muchísimos casos no va a funcionar.

El primer paso

En la actualidad existe un Registro único de

Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (RUAGA)

que funciona para todo el país. En general, se

busca que el chico quede lo más cerca posible de

la zona donde nació para resguardar su historia o

priorizar el vínculo, si hay hermanos. Desde hace

10 años, Claudia Portillo se desempeña como directora

del Registro Central de Aspirantes de Guardias

con fines de Adopción de la provincia de Buenos

Aires.

–¿Cómo definirías el sistema de adopción en

nuestro país?

–Es un sistema de avanzada

con respecto a otros países.

Es gratuito y todas las personas

pueden estar en condiciones de

adoptar, así estés en una pareja

heterosexual, en una relación

gay o quieras hacerlo sola o solo.

Lo que se busca son personas

que puedan darle una forma

de vida digna y cumplir con

las necesidades del chico.

–¿Qué hay de verdad en

eso de que los hogares están

llenos de chicos en condiciones

de ser adoptados porque

los trámites llevan años?

–Es un mito, no todos los niños

que están en hogares están

en situación de adoptabilidad.

Porque si hay alguien de

la familia biológica, lleva tiempo

evaluar si pueden restituirse

a sus familias de origen. En

la provincia de Buenos Aires tenemos

1100 postulantes, pero

más del 90 por ciento se anotaron

para adoptar niños menores

de dos años y sanos. Entonces

eso puede llevar mucho

tiempo. Pero tenemos grupos de 2 y 4 hermanos

sanos y para ellos no hay postulantes. Muchos

creen que la adopción puede ser feliz sólo si se hacen

cuando son bebés, pero la adopción puede ser

igual de plena y amorosa con niños más grandes.

Lo importante es cómo establecemos el vínculo.

–¿Cuáles son los primeros pasos a seguir para

armar esta gran red de amor?

–Lo primero es consultar al registro de su provincia,

porque cada región, al igual que CABA, debe

anotarse en el registro que le corresponde. La preinscripción

es online. Luego se presenta en el juzgado

de familia, expresando las motivaciones, el

deseo de maternar y paternar. Un cuerpo técnico

realiza algunas evaluaciones psicológicas y se analizan

los antecedentes penales de los solicitantes.

Se debe ser mayor de 25 años y tener una diferencia

de 16 años con el niño, niña o niños que se van

a adoptar. De ser extranjero, debe justificar cinco

años de residencia en el país. Debemos enfatizar –

porque en esto sí hay mucho mito– que no se necesita

una gran solvencia económica. Sólo demostrar

que se le puede dar una vivienda digna y cubrir las

necesidades del chico. No hace falta ser propietario

de una vivienda, puede compartir la habitación.

Tampoco importa el sexo del adoptante, puede estar

casado, soltero, ser mujer u hombre solo y también

tener una pareja gay. Siempre decimos que

muchas personas se anotan solas, pero no están

solos. Una vez que el juez decide entregar un chico

en adopción pasará un tiempo (a veces un año o

más) hasta la adopción plena.

–¿Los chicos más grandes deciden si aceptan

ser adoptados por determinada familia o

persona?

–Por supuesto. A partir de los 10 años los chicos

deben expresar si quieren ser adoptados por

esa familia. Se los escucha, hasta en sus silencios.

Algunas criaturas fueron abusadas sexualmente y

no pueden ponerlo en palabras, entonces se sienten

mejor si son adoptadas por una o dos mamás,

porque en la mayoría de los casos el abuso fue por

parte de un hombre. Otros chicos expresan que

quieren una mamá y un papá que ya sepan ser padres,

entonces buscamos parejas que tengan otros

hijos. Tratamos que tengan cosas en común, como

por ejemplo hobbies, para que el vínculo sea más

fácil y no termine en lo que llamamos “un vínculo

fallido”. Hay que acompañar el momento de vinculación

porque son extraños, tanto en el proceso de

guarda con fines adoptivos, como en la post sentencia

de adopción. Para eso hay un equipo técnico

que evalúa y otro que acompaña.

–En el documental “El día que nos conocimos”,

Pablo, que adoptó a tres hermanos junto

a su mujer, cuenta cómo el día

que retó a los chicos porque

habían tapado el filtro de la

pileta, les dijo: “Si lo vuelven

a hacer se pudre todo” y uno

de ellos le preguntó: “¿Nos

vas a devolver?”. él tuvo que

aclararles que no, que ellos

eran sus hijos y que como mucho

se iban a quedar sin pileta

todo el mes. Debe ser muy

difícil poner el límite sin que

los chicos adoptados sientan

que puedan ser devueltos al

hogar...

–Claro, el miedo a ser devueltos

ante el primer traspié

está muy presente. En el caso

de los hermanitos del documental,

ellos tienen otras tres

hermanas que fueron adoptadas

por otros padres y ambas

familias se visitan una vez por

mes. Comparten cumpleaños y

fiestas. Por eso, en los procesos

de adopción se respeta el lugar

de origen de los chicos, porque

los cambios implican desarraigo

y hay que preservar los vínculos

fraternos, si los hay. Todos

los niños necesitan conocer la verdad de su origen.

–Pero por temas de presupuesto, no todos

los adoptantes reciben asesoramiento psicológico.

–Lamentablemente, falta ese equipo técnico

que asesore después de la adopción y es muy

necesario, porque la frustración es normal. Habrá

peleas, berrinches como en cualquier situación entre

padres e hijos y habrá que poner el límite con

mucho amor. Porque los chicos siempre van a sentir

que pueden volver a ser abandonados, pero ese

sentimiento no va a durar para siempre.

Lo que debes saber
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