Adopción, una gran red de amor Adopción, una gran red de amor
de Sohiaonline.com.ar
Camila baila en el living de su casa rodeada de
muñecos. Tiene 2 años y medio y llegó a su nuevo
hogar durante 2020. No sabe por qué sus padres
lloran emocionados en el teléfono. Es que un juez
acaba de avisarles que ya tienen “la adopción plena”
de su hija.
María y Pablo están en pareja hace casi 20 años
y hace 11 se casaron con el deseo de armar una familia.
Realizaron varios tratamientos de fertilidad
sin resultado positivo, pero en paralelo comenzaron
los trámites de adopción. La decisión estaba
tomada: aún si María quedaba embarazada, adoptarían.
Se anotaron para recibir hasta dos hermanos
de 5 años con enfermedades crónicas compensables.
Al final María no quedó embarazada y comenzó
la pandemia. Durante el año pasado llamaron
dos veces del juzgado con la posibilidad de guarda,
pero el ofrecimiento no prosperó. El tercer llamado
fue distinto. Algo les decía que esta vez sí. Había
una beba de un año y medio en condiciones de
adopción que los esperaban en el hogar.
“El día que por fin fuimos a conocerla hacía mucho
calor –recuerda María–. Nos habían citado a la
hora de la siesta. Nos cambiamos toda la ropa antes
de entrar porque la nena tenía problemas con
sus defensas y estábamos en plena pandemia. Nos
conoció con barbijos puestos y en un cuarto que
había en el exterior del lugar. La habían despertado
de su siesta, así que nos miraba con desconfianza
y algo de miedo. A pesar de su corta edad, ella
intuía que algo estaba pasando, porque era la primera
vez que veía personas sin sus compañeritos
de hogar. El corazón me iba a mil… y Camila se puso
a llorar. A los diez minutos se quedó dormida en
mis brazos. Ahí supe que era mi hija”.
Hubo varias visitas al hogar. Le llevaron juguetes
y luego, bajo supervisión, pudieron ir con ella
a la plaza, a pasear. A medida que los días pasaban,
Camila se sentía más confiada. Poco más de
un mes después ya vivía en la casa con María y Pablo,
sus papás. De inmediato se adaptó, conoció a
sus nuevos tíos, abuelas, primos y tíos postizos. Comenzaba
una nueva vida llena de amor.
El día que nos conocimos
Patricia Carrascal tiene 52 años y desde hace
11, junto con su marido Juan Manuel, se convirtieron
en padres de Sol. Durante 4 años esperaron
ese llamado que les cambiaría la vida. Y sucedió el
día previo a irse de viaje. Suspendieron las vacaciones
y así conocieron a su beba, que en aquel entonces
tenía 6 meses. “Cuando tomamos la decisión
de adoptar no sabíamos ni por dónde arrancar. En
ese momento la ley era distinta. Teníamos disponibilidad
para adoptar grupos de hermanos, así
que para los que nos llamaran íbamos a estar. Sol
en ese momento estaba con una familia de tránsito
con la que aún estamos en contacto, porque establecimos
una gran red de amor”, cuenta con emoción
Patricia y agrega: “Como soy productora audiovisual
decidí que tenía que poner a disposición
mi experiencia para ayudar a difundir cómo es el
proceso de adopción, derribar mitos y explorar lo
que implica formar una familia de este tipo”.
En 2019 hizo una serie de 4 episodios para el
Canal Encuentro sobre adopción y acaba de estrenar
en el Centro Cultural San Martín –donde se proyecta
con entrada libre y gratuita– el documental
“El día que nos conocimos”, que codirigió junto a
Camilo Antonili y que a partir del año que viene estará
disponible en Direct TV. “Sentí que había mucha
desinformación sobre el tema. Nosotros mismos
no sabíamos ni por dónde empezar cuando
tomamos la decisión”. El documental narra cinco
historias de adopción en Argentina contadas por
sus propios protagonistas, desde el punto de vista
de adoptantes y adoptados. Cada una de ellas da
cuenta de que la adopción tiene múltiples posibilidades
y que es una de las maneras de armar familias
a través de encuentros que cambian el destino
para siempre.
Así podemos conocer la historia de Paola y Diego,
una pareja que adoptó a tres hermanos que vivían
en un hogar. La de Pablo, un hombre militante
LGBT que tuvo que desafiar sus propios prejuicios
y adoptó a Mía, una niña que llevaba dos años
en un hospital con graves problemas de salud. La
de Alejandra que adoptó a Santi, un adolescente
de 13 años que venía de una vinculación fallida. La
de María, quien fue adoptada cuando era una bebé
y habló de la necesidad de conocer su origen para
completar su historia. Y la de Griselda y Fernando,
quienes adoptaron a una nena que había tenido
varias mamás.
Después de adoptar, Patricia trabajó en algunas
ONGs y profundizó sobre el sistema de adopción
en nuestro país. “Argentina tiene una buena
ley de adopción, al contrario de lo que mucha
gente piensa. Es muy de avanzada con respecto a
otros países. Solo hay que informarse para saber
que adoptar es una posibilidad concreta y real. Si
bien hay algunas falencias en el sistema, hay que
eliminar muchos mitos. Lo más importante es que
exista el deseo de paternar; la adopción es un vínculo
que se genera de los dos lados. De los padres y
de los chicos”, comparte.
¿El proceso lleva tantos años cómo se cree? La
ley dice que cuando se toma una medida de abrigo,
el juez tiene 6 meses para buscar a la familia biológica.
En el 80% de los casos no se resuelven en
ese tiempo, porque los juzgados de familia están
tapados de trabajo y no tienen personal suficiente.
Muchos jueces tienen mucho temor a la hora
de firmar la adopción. Pero para los niños es mucho
tiempo. Sin embargo, no todos los chicos que
viven en hogares convivenciales tienen disponibilidad
adoptiva, si se vinculan con algún familiar. Se
le da mucho peso a la sangre, aún sabiendo que en
muchísimos casos no va a funcionar.
El primer paso
En la actualidad existe un Registro único de
Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (RUAGA)
que funciona para todo el país. En general, se
busca que el chico quede lo más cerca posible de
la zona donde nació para resguardar su historia o
priorizar el vínculo, si hay hermanos. Desde hace
10 años, Claudia Portillo se desempeña como directora
del Registro Central de Aspirantes de Guardias
con fines de Adopción de la provincia de Buenos
Aires.
–¿Cómo definirías el sistema de adopción en
nuestro país?
–Es un sistema de avanzada
con respecto a otros países.
Es gratuito y todas las personas
pueden estar en condiciones de
adoptar, así estés en una pareja
heterosexual, en una relación
gay o quieras hacerlo sola o solo.
Lo que se busca son personas
que puedan darle una forma
de vida digna y cumplir con
las necesidades del chico.
–¿Qué hay de verdad en
eso de que los hogares están
llenos de chicos en condiciones
de ser adoptados porque
los trámites llevan años?
–Es un mito, no todos los niños
que están en hogares están
en situación de adoptabilidad.
Porque si hay alguien de
la familia biológica, lleva tiempo
evaluar si pueden restituirse
a sus familias de origen. En
la provincia de Buenos Aires tenemos
1100 postulantes, pero
más del 90 por ciento se anotaron
para adoptar niños menores
de dos años y sanos. Entonces
eso puede llevar mucho
tiempo. Pero tenemos grupos de 2 y 4 hermanos
sanos y para ellos no hay postulantes. Muchos
creen que la adopción puede ser feliz sólo si se hacen
cuando son bebés, pero la adopción puede ser
igual de plena y amorosa con niños más grandes.
Lo importante es cómo establecemos el vínculo.
–¿Cuáles son los primeros pasos a seguir para
armar esta gran red de amor?
–Lo primero es consultar al registro de su provincia,
porque cada región, al igual que CABA, debe
anotarse en el registro que le corresponde. La preinscripción
es online. Luego se presenta en el juzgado
de familia, expresando las motivaciones, el
deseo de maternar y paternar. Un cuerpo técnico
realiza algunas evaluaciones psicológicas y se analizan
los antecedentes penales de los solicitantes.
Se debe ser mayor de 25 años y tener una diferencia
de 16 años con el niño, niña o niños que se van
a adoptar. De ser extranjero, debe justificar cinco
años de residencia en el país. Debemos enfatizar –
porque en esto sí hay mucho mito– que no se necesita
una gran solvencia económica. Sólo demostrar
que se le puede dar una vivienda digna y cubrir las
necesidades del chico. No hace falta ser propietario
de una vivienda, puede compartir la habitación.
Tampoco importa el sexo del adoptante, puede estar
casado, soltero, ser mujer u hombre solo y también
tener una pareja gay. Siempre decimos que
muchas personas se anotan solas, pero no están
solos. Una vez que el juez decide entregar un chico
en adopción pasará un tiempo (a veces un año o
más) hasta la adopción plena.
–¿Los chicos más grandes deciden si aceptan
ser adoptados por determinada familia o
persona?
–Por supuesto. A partir de los 10 años los chicos
deben expresar si quieren ser adoptados por
esa familia. Se los escucha, hasta en sus silencios.
Algunas criaturas fueron abusadas sexualmente y
no pueden ponerlo en palabras, entonces se sienten
mejor si son adoptadas por una o dos mamás,
porque en la mayoría de los casos el abuso fue por
parte de un hombre. Otros chicos expresan que
quieren una mamá y un papá que ya sepan ser padres,
entonces buscamos parejas que tengan otros
hijos. Tratamos que tengan cosas en común, como
por ejemplo hobbies, para que el vínculo sea más
fácil y no termine en lo que llamamos “un vínculo
fallido”. Hay que acompañar el momento de vinculación
porque son extraños, tanto en el proceso de
guarda con fines adoptivos, como en la post sentencia
de adopción. Para eso hay un equipo técnico
que evalúa y otro que acompaña.
–En el documental “El día que nos conocimos”,
Pablo, que adoptó a tres hermanos junto
a su mujer, cuenta cómo el día
que retó a los chicos porque
habían tapado el filtro de la
pileta, les dijo: “Si lo vuelven
a hacer se pudre todo” y uno
de ellos le preguntó: “¿Nos
vas a devolver?”. él tuvo que
aclararles que no, que ellos
eran sus hijos y que como mucho
se iban a quedar sin pileta
todo el mes. Debe ser muy
difícil poner el límite sin que
los chicos adoptados sientan
que puedan ser devueltos al
hogar...
–Claro, el miedo a ser devueltos
ante el primer traspié
está muy presente. En el caso
de los hermanitos del documental,
ellos tienen otras tres
hermanas que fueron adoptadas
por otros padres y ambas
familias se visitan una vez por
mes. Comparten cumpleaños y
fiestas. Por eso, en los procesos
de adopción se respeta el lugar
de origen de los chicos, porque
los cambios implican desarraigo
y hay que preservar los vínculos
fraternos, si los hay. Todos
los niños necesitan conocer la verdad de su origen.
–Pero por temas de presupuesto, no todos
los adoptantes reciben asesoramiento psicológico.
–Lamentablemente, falta ese equipo técnico
que asesore después de la adopción y es muy
necesario, porque la frustración es normal. Habrá
peleas, berrinches como en cualquier situación entre
padres e hijos y habrá que poner el límite con
mucho amor. Porque los chicos siempre van a sentir
que pueden volver a ser abandonados, pero ese
sentimiento no va a durar para siempre.








