Agresividad pasiva: "Detrás de estos cuadros aparecen otros, como ansiedad o depresión" Agresividad pasiva: "Detrás de estos cuadros aparecen otros, como ansiedad o depresión"
El comportamiento agresivo pasivo es una conducta que afecta a muchas personas y cuyo patrón consiste en expresar sentimientos negativos de forma indirecta en lugar de abordarlos abiertamente.
Aquellas personas que presentan un comportamiento pasivo-agresivo se caracterizan por resultar ambiguas a la hora de expresar sus emociones y tener dificultad en el momento de resolver y gestionar los conflictos que se presentan en las relaciones personales.
Esta pasividad se refleja en actitudes indirectas que, sin embargo, pueden provocar mucho más daño del que se imaginan, pues a veces ni siquiera son conscientes de ello.
Una publicación del sitio especializado Aleteia gráfica crudamente este estado al afirmar que "la agresividad pasiva se expresa en frases que, si fueran puñales, perforarían al otro como un colador; en un silencio que es como un hacha suspendida en el aire, o una mirada que sopla con tal frialdad que el otro podría congelarse ante ella".
Consultada sobre el tema, la psicóloga santiagueña Emily Azar, explicó que "detrás de estos cuadros se presentan otros, como ansiedad, depresión, cuestiones traumáticas de la infancia o la baja autoestima, porque tiene que ver con la inseguridad, que algunos la confunden con una cuestión manipulativa negativa, pero en realidad tiene que ver con las formas de afrontar lo que le está pasando".
"Se tiene que tener en cuenta que son personas que casi siempre están viendo lo negativo, y hay una dependencia que hace que les cuesta ser asertivos, solidarios; detrás de la agresividad pasiva se encuentra la ira; hay una necesidad de marcar la autonomía o esta cuestión de hacer lo que se quiere por una cuestión de rebeldía", añadió.
Agregó que la sintomatología que ven los especialistas, "se define como resistencia a la rutina, sensación de ser incomprendido, son personas muy irritables que discuten fácilmente, que critican la autoridad, con rasgos de envidia, y siempre el apoyo en la mala suerte como justificación de aquello que le faltaría lograr".
"La agresión pasiva es algo que asfixia tanto la relación como el clima emocional de toda la familia", agrega el reporte de Aleteia.
También se induce al sentimiento de culpa
El informe de Aleteia explica que la inducción de culpa también es un ejemplo de agresión pasiva. Se trata de situaciones en las que, por ejemplo, un marido le dice a su mujer: "Yo también me sentiría tan bien si no tuviera que trabajar para nosotros", o un padre a un hijo al verle en el sofá con el celular: "Ojalá pudiera tumbarme y despreocuparme yo también".
Asumir el papel de víctima está pensado para que los demás se sientan mal y con remordimientos cada vez que intentan estar tranquilos y felices, porque su interlocutor no siente ni felicidad ni tranquilidad.
También incluye algunas acciones deliberadas que pretenden frustrar las intenciones de la otra persona o causar daño. Como no se realizan directamente, es difícil acusar a la otra persona de mala voluntad.
Hablar abiertamente de todo lo que sentimos
Sobre qué hacer para modificar esta situación, la publicación recomienda aprender a hablar abiertamente de nuestros sentimientos, de forma asertiva; es decir, con confianza en nosotros mismos, pero también con respeto hacia la otra persona.
Para que esto sea posible, tenemos que responsabilizarnos de nuestra propia ira: ser capaces de nombrarla, sentirla, aceptarla, comprenderla y regularla. Llevarla a un punto en el que podamos sentirla, pero no nos haga estallar. Entonces podremos elegir una acción eficaz para ocuparnos de las necesidades que la ira señala.
Así que, para que una relación no muera de agresión pasiva tenemos que notar la ira y darle espacio. Reconocerla y hablar de ella, en lugar de fingir que no existe.








