Por Alberto Tasso.
Tormenta en ciernes Tormenta en ciernes
Cuando días pasados saludamos a nuestros amigos y amigas deseándoles un buen año 2026 expresamos nuestro deseo íntimo, aun sabiendo que el pronóstico del tiempo no era favorable.
Lo comprobamos unas horas después de la medianoche del 31, cuando un decreto de "necesidad y urgencia" cayó como piedra sin llover sobre las espaldas de la ciudadanía: ahora la Secretaría de Inteligencia (sic) puede entrar en nuestras casas y aprehendernos si presume que somos peligrosos y ponemos en riesgo la seguridad nacional o cualquier otro subterfugio apropiado.
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No hacía falta esta prueba para saber hasta dónde puede llegar el fascismo libertario que hoy nos gobierna, que ya ha dado suficientes muestras de su desprecio por la inteligencia (excepto la artificial, hoy usada como palabra mágica, sin saber que puede despertar al efrit).
Justo ahí está el problema. Lo expresa Peter Thiel: la tecnología es incompatible con la democracia. El exitoso empresario es dueño de PayPal, amigo de Musk y Trump y aboga por el gobierno de las corporaciones. Thiel no ha sido citado aún por Milei, que ya está aplicando este modelo en Argentina. Nosotros pagamos este ensayo de laboratorio; para esto hay efectividades conducentes, aquellas que se le niegan a las universidades y al sistema científico-tecnológico.
Tras cartón, fuerzas militares de Estados Unidos invaden Venezuela y secuestran al presidente Nicolás Maduro y su esposa. Aunque tenemos muchas muestras de las garras del imperialismo yanqui en nuestra América, ninguna tan explícita como esta.
La reacción de muchos otros países es negativa. Es patético que nuestro presidente la apoyara de inmediato, pero tampoco nos sorprende que un títere de las corporaciones léase grandes empresas que entre otras áreas dominan la información pública- prefiera ver a su país (el nuestro) como colonia antes que como nación soberana.
Pero el DNU ha entrado en vigencia. Maduro ha sido hoy aprehendido. Mañana puede tocarle a fulano, zutano o a mí. Aunque somos conscientes de este riesgo, también lo somos de nuestra responsabilidad ciudadana, que consiste en no aceptar leyes injustas.
Como escribió Winston Churchill en 1948, se cierne la tormenta.








