Eduardo Galak, doctor en Ciencias Sociales, en una entrevista con EL LIBERAL, brindó su punto de vista acerca de una modalidad que interpela a la sociedad. Sus consejos. La educación. El diálogo.
Un especialista analizó el fenómeno de los menores que se graban en videos eróticos Un especialista analizó el fenómeno de los menores que se graban en videos eróticos
Las menores que se graban en video hot es un fenómeno mundial imparable. Y Santiago del Estero no está ajena a esta modalidad que en la era digital se expanden y, generalmente, ponen en peligro a quienes protagonizan estas producciones audiovisuales.
"En tiempos donde las imágenes valen tanto como los cuerpos, tal vez sea momento de actualizar la consigna: mi cuerpo, mis datos, mis imágenes también son míos." Quien se expresó así, en una entrevista con EL LIBERAL, fue Eduardo Galak, Dr. en Ciencias Sociales, profesor de Educación Física, Investigador del CONICET y docente de la Universidad Nacional de La Plata y de la Universidad Pedagógica Nacional.
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-¿A qué se debe este fenómeno?
-En principio hay que dividir la discusión en dos frentes, que son dos caras de la misma moneda. Por un lado, la producción de esas imágenes y por el otro el consumo de esas imágenes. Son dos problemáticas que van de la mano, pero que no necesariamente las soluciones tienen el mismo abordaje. Está la producción de las imágenes que tienen que ver con un delito que es la filmación de menores de edad, aunque también puede darse el caso de la autofilmación. Entonces ahí tenemos un primer problema que tiene que ver con el consumo de esas imágenes. O sea, quién puede ver o no las imágenes de alguien que, desde su propio celular para su consumo, vamos a decir así, íntimo o personal, las puede (1:19) utilizar. Entonces, por un lado, está cómo se producen esas imágenes, que tienen que ver con un interés individual de filmarse o también de mostrarle a alguien en una relación íntima
-Y en cuanto a lo que tiene que ver con la comercialización...
-Y por el otro lado también está todo lo que tiene que ver con la comercialización de esas imágenes. Y después tiene que ver con el consumo. No es lo mismo un menor de edad consumiendo imágenes de menor de edad, que un mayor de edad consumiendo imágenes de un mayor de edad. Ahí claramente son esos dos los problemas que nos enfrentamos cuando pensamos en este tipo de problemáticas de las imágenes hot que circulan por diversos medios, ya sean redes, apps o páginas web.
- ¿Cómo enfrentar este flagelo que en estos tiempos recrudece?
-Hay también que distinguir varias cuestiones. En principio, si estamos pensando en lo que tiene que ver con el consumo de esas imágenes, y sobre todo por parte de adultos mayores de edad, es importante establecer leyes claras de regulación de quién puede acceder a las imágenes de menores de edad. Pero no siempre son mayores de edad los que consumen estas imágenes. Muchas veces es entre los propios circuitos de adolescentes que circulan las imágenes consentidas o no consentidas de imágenes de índole eróticas o sexual. En ese sentido, ¿cómo enfrentar ese flagelo? El año pasado, Australia fue pionera, por ejemplo, en lo que tiene que ver con la regulación de ciertas apps para adolescentes. Otros países, por ejemplo, China, regula la cantidad de horas en las cuales se puede utilizar determinado tipo de apps o directamente el celular. Francia avanzó a fines del año pasado, todavía no está implementado una regulación de las apps. También para menores de edad, Dinamarca distingue, por ejemplo, entre mayores de 15 años y menores, 13, 14, tienen que tener consentimiento de la madre o el padre. Ahí hay un abordaje colectivo, estatal, de la regulación de quién puede acceder o no a las distintas apps. Y esto va en general, va desde el Instagram, TikTok, hasta otro tipo de plataformas. Porque no solo se pueden acceder a páginas web o a plataformas que tienen contenido erótico, sino que lo que bien hicieron estos países es tomar este problema dentro de otro gran problema, que es darle herramientas de adultos a jóvenes que todavía no saben cómo utilizar esas herramientas.
- ¿Cuál es su consejo sobre lo que está sucediendo ahora?
-Como educador, lo primero que diría es, mi consejo es ampliemos las redes educativas. Cuando digo educación no me refiero solamente a la escuela. La escuela tiene un rol muy importante en nuestra sociedad. La escuela tiene por ley nacional la ESE, la Educación Sexual Integral, que ha conseguido desarrollar algunas, vamos a decir, algunas redes de contención respecto de eso, pero no es solamente obligación de la escuela educar. Dialogar, dialogar con los adolescentes, dialogar con nuestros hijos, nuestras hijas sobre estas situaciones, anticiparnos, no esperar a que eso pase, hablar de cómo tienen que ser las pautas de consentimiento para el registro de imágenes, no admitir presiones frente al pedido, la insistencia de algún tipo de "mandame una foto", porque uno sabe, insisto, sabe cómo se produce esa imagen, pero no cómo se consume, cómo se utiliza esa imagen.
- ¿Qué es civilizar el cuerpo?
La idea de civilizar el cuerpo es una propuesta, una idea, que es como cada sociedad ha elegido una manera de que signifique que es un cuerpo educado. Cuando alguien dice que este cuerpo está educado para determinadas maneras, ya sea para el trabajo, para los deportes, para la sexualidad, porque también, por ejemplo, todo lo que tiene que ver con la ley de educación sector integrativo, son maneras en las cuales son el Estado que coordina, determina, administra las distintas maneras de comprender aquello que entendemos como un cuerpo educado, un cuerpo civilizado. Eso ha tenido distintas miradas a lo largo de la historia. Voy a poner un ejemplo clásico.
Si la principal función de civilizar un cuerpo a finales del siglo XIX era, sobre todo, para el trabajo o para el ejército, hoy ya no estamos pensando que civilizar un cuerpo tenga que ver con eso. Quizás tiene más que ver con un rendimiento que puede ser deportivo o alguien que soporte la jornada laboral. Quiero decir, hay distintas maneras de civilizar un cuerpo a lo largo de la historia.
- ¿Es un problema cuándo las sociedades no discuten qué cuerpo quieren educar?
El problema está en cuando las sociedades no discuten qué cuerpo quieren educar. No discuten si quieren pensar una corporalidad más libre, más ligada al deseo, o una sociedad más ligada al deber ser, por ejemplo. Me permito decir algo de lo cual está hoy en discusión, que en parte puede ser polémico.
Hoy por hoy está en discusión la baja de la edad de la imputabilidad para delitos. Es interesante ese debate porque pone en discusión qué cuerpo ya está formado como un adulto y qué cuerpo no. Pone en debate si un niño o un joven de 13 años comprende los actos y va a robar.
Pero no comprende los mismos actos, por ejemplo, frente a la sexualidad o no comprende los mismos actos frente a la votación en términos eleccionarios. Entonces, fíjense cómo el mismo cuerpo es civilizado para algunas cosas e incivilizado o bárbaro para otras. Eso es lo que se pone en juego cuando uno piensa civilizar un cuerpo.
Esto de exponer los cuerpos de la manera en que lo hacen los adolescentes obedece a una situación de narcisismo, de esnobismo, o cuestiones económicas?
Ese es un punto central en esta discusión porque si antiguamente la venta del cuerpo, vamos a llamarla la prostitución, aunque en este caso no necesariamente es prostitución porque es venta de imágenes del cuerpo, si antiguamente estaba muy asociada a una cuestión de clase social, hoy por hoy eso ya hay que desterrarlo. Hoy por hoy este problema atraviesa todas las clases sociales y no necesariamente es ninguna cuestión económica de necesidad.
O sea, no hago esto porque necesito recursos, aunque en muchos casos lo es, pero hay otras personas con recursos económicos que igual lo hacen porque es parte de cierta norma de esta época ese narcisismo, ese mostrarse, ese gustarse frente a la cámara, construir una imagen del cuerpo, porque la verdad que no es el cuerpo que uno tiene, sino el que uno elige construir, que muestra, que no muestra. Una de las cosas más vendidas en las plataformas de contenido erótico es fotografías de los pies, que uno podría decir no corresponde a la imagen que uno tiene del erotismo o la sexualidad clásica que tiene que ver con partes genitales. Sin embargo, tiene que ver con cómo uno elige construir la imagen de su cuerpo y cómo erotizar distintas partes que no necesariamente, insisto, son los genitales.
Entonces, ahí también hay un punto muy interesante que es pensar quién es dueño de mi cuerpo, o sea, si yo puedo o no puedo hacer eso, pero quién es dueño de las imágenes de mi cuerpo. Quiero decir, si yo me saco una foto, quién puede hacer qué cosa con esa foto, es una amplia discusión.
-Háblenos de lo que es la violencia digital y del caso Olimpia Coral Melo?
En la era digital, el cuerpo ya no termina en la piel. Cada selfie, cada video, cada retrato que circula en redes parece una extensión de nosotros mismos. Pero, ¿qué pasa cuando alguien usa esas imágenes sin nuestro consentimiento? La idea es explorar formas de violencia digital como la pornovenganza, los deepfakes y la sextorsión, para pensar una pregunta urgente: si "mi cuerpo es mío", ¿de quién son las imágenes de mi cuerpo?
Desde el caso de Olimpia Coral Melo la joven mexicana que impulsó la llamada "Ley Olimpia" tras sufrir la difusión no consentida de un video íntimo, hasta la reciente condena por deepfakes en Santa Fe, vemos cómo la tecnología puede reproducir el control y la violencia sobre los cuerpos, incluso cuando esos cuerpos ya no son "reales".
¿Quién es dueño de esas imágenes? Más allá de que en este caso fue utilizado para lo que se conoce como sextorsión, o sea, extorsión a través de distintos implementos ligados a la intimidad, bueno, lo que pone sobre la mesa es que hemos dado una discusión fuerte de quién es propietario del cuerpo y hasta dónde puedo decir sobre mi cuerpo, por ejemplo, lo que tiene que ver con el debate frente al aborto, pero no hemos dado una discusión sobre quién es dueño de las imágenes de mi cuerpo. (10:53) Porque una vez puestas en la plataforma las imágenes que me saco, ¿qué pasa con esas imágenes? Y eso sí es importante con menores de edad, porque, insisto, muchas de las imágenes que circulan fueron sacadas de un adolescente para otro adolescente en el contexto íntimo. Entonces, ahí es más difícil pensar un delito.
El problema es cuando eso no sólo se produce, sino se consume, adultos mayores consumen imágenes de menores de edad.
- Le re pregunto si qué pasa cuando alguien usa esas imágenes sin el consentimiento de la persona.
En ese qué pasa hay que pensarlo en dos variables. Siempre primero es importante pensar qué pasa con la víctima. Más allá de las cuestiones legales, qué pasa con la víctima. Vivimos todavía en sociedades en las cuales la sexualidad está muy asociada a la vergüenza y lo que termina pasando en muchos casos es que la presión social por haber hecho imágenes que, insisto, pudieron haber sido consentidas y en la intimidad, al ser difundidas y vistas por personas que no querían que se vean, causa enormes problemas y muchas veces termina en depresión o en casos de suicidio.
Lamentablemente muchos ejemplos en los cuales sobre todo muchas adolescentes se han suicidado porque se ha visto algo que no querían que se vea por la vergüenza social.
Y después está obviamente la cuestión de la legalidad. Que la legalidad, por supuesto, ya tiene que ver con un debate mayor, tiene que ver con menores o no menores de edad, pero, insisto, la legalidad todavía sigue viendo todo esto en el plano de la prostitución. En el sentido de vender las imágenes o vender el cuerpo.
Y habría que tener una discusión mucho mayor respecto de la propiedad de las imágenes del cuerpo. ¿Quién es propietario de esa imagen que circula? Porque también estamos pensando obviamente en términos de erotismo, intimidad, sexualidad, pero hay muchas otras situaciones en las cuales uno no querría que se divulgue una imagen de uno. Y vivimos en una era en la cual cualquier persona tiene en su bolsillo una cámara con la cual registra y queda registro de todo eso.
Entonces también el derecho a la intimidad, no sólo en términos de sexualidad, sino también en términos de quién puede y quién no puede hacer circular una imagen mía en cualquier situación, que puede ser sexual o también íntima en otros aspectos, como puede ser, por ejemplo, cuando uno va al baño, cuando uno está en lo cotidiano.








