Por Antonio Castiglione
Belgrano y la batalla de Salta Belgrano y la batalla de Salta
Tras su triunfo en Tucumán (24/09/1812), Belgrano adoptó una actitud prudente, en el sentido de no perseguir al derrotado ejército realista. Algunas voces críticas afirman que él debió haber enviado una fuerte persecución, tras las desbandadas tropas del Gral. Tristán, para terminar con ellas. Pero claro, hay que ponerse en la situación de Belgrano, quien no era imprudente. No quiso exponerse a una derrota, sabedor del poderío español, como que en Tucumán la suerte lo ayudó bastante.
Desde ese triunfo, nuestro general se dedicó a intensificar sus preparativos, aumentar sus fuerzas, tratando de conseguir armamento, transporte, caballada, etc. En dicho cometido, despertó las simpatías y la colaboración de toda la población tucumana. El gobierno lo ayudó con el envío del Regimiento nº 1 Patricios, con 395 soldados, que arribó a Tucumán el 23/11/1812.
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Dormía solo cuatro horas diarias, estaba presente en todas partes, organizando, vigilando, velando. Su plan era ganar la próxima batalla, afianzar la Revolución, llevarla triunfante al Alto Perú y de ser posible, hasta la propia Lima.
Asamblea General Constituyente de 1813: cuando se la integró, Belgrano debía presidir el acto. Sin embargo, se excusó y adoptó una prudente actitud de prescindencia, demostrado respeto por la voluntad popular y dando una lección de civismo.
Esta Asamblea adoptó medidas muy trascendentes, como la reorganización de la administración de justicia, una iglesia nacional independiente, la libertad de vientres, prohibió la introducción de nuevos esclavos, la educación de los libertos, la abolición de la Inquisición, la prohibición de tormentos, la libertad de imprenta, exención de tributos a los indios, el himno nacional y la bandera.
Traducción de la "Despedida de Washington al pueblo de Estado Unidos": Sin perjuicio de las extenuantes tareas militares y administrativas a su cargo, encontró momentos para traducir esta obra del inglés. Es que sentía una gran admiración por el presidente norteamericano, lo consideraba un ejemplo que las generaciones siguientes debían observar. George Washington había sido presidente por dos mandatos consecutivos, le pidieron continuara en el cargo pero él sostuvo que era suficiente. Ese modelo fue adoptado en la enmienda constitucional nº 22 (de 1947), respetada a rajatablas hasta hoy, salvo la excepción de Franklin D. Roosevelt, su 32º presidente (1933-1941 y 1941-1945), excepción justificada por la IIª Guerra Mundial.
Importantes espaldarazos: concomitantemente, para esa época ocurrieron dos triunfos militares de nuestras armas: el 31/12/1812, en el combate del Cerrito, frente a Montevideo, por parte del Cnel. Rondeau; e inmediatamente, el 3/2/1813, el triunfo del Cnel. San Martín, en San Lorenzo. Ambos dieron ánimo a Belgrano.
Partida desde Tucumán: Entendiendo Belgrano que su Ejército ya estaba listo, compuesto por 3.000 hombres, en buenas condiciones, dispuso su partida hacia Salta el 12/01/1813, en busca del enemigo, allí atrincherado. Aunque Belgrano partió con el resto de la tropa, recién el 1º de febrero, tras haber delegado sus facultades al gobernador intendente, Feliciano Chiclana.
Anoticiado de la partida de Belgrano, Tristán informó a Goyeneche que lo esperaría en Salta con 3.740 hombres.
En la oportunidad, a todos los soldados se les obsequió unos escapularios de la Virgen de La Merced, que habían sido remitidos por unas monjas porteñas. Las tropas gozaban del mejor espíritu, disciplina y el respeto de la población.
Escapularios mercedarios, remitido para los soldados por monjas porteñas.
Juramento de la bandera: Al llegar al río Pasaje, el día 13 de febrero, Belgrano formó un cuadro en la margen Norte del río Pasaje, y dispuso que sus tropas jurasen obediencia a la Asamblea General Constituyente instalada en Buenos Aires, el 31 de enero, asumiendo el mando de las Provincias Unidas.
También enarboló la bandera celeste y blanca y dispuso que toda la tropa le prestaran juramento. Por esa circunstancia, el río Salado cambio allí de nombre, de "Pasaje", por "Juramento". Estaban ya a 16 leguas de Salta.
Marcha dificultosa: siendo el mes de febrero una época de fuertes lluvias, las mismas habían anegado los caminos, transformándolos prácticamente en intransitables. Tanto que los baqueanos de la región creyeran que la marcha sería imposible. Sin embargo, nada detenía a las fuerzas patriotas, con sus 12 piezas de artillería y 50 carretas, que avanzaban a marchas forzadas, para atravesar La Ciénaga y Cabeza de Buey, hasta llegar a Cobos. Y en especial, el estrecho sendero hacia Chachapoyas. Ese cruce hizo que fuiera una hazaña épica.
La batalla: El Gral. Tristán esperaba el ataque en la localidad de Portezuelos, a la que creía como única vía de acceso, de modo que se apresuró en fortificar esa posición, preparando allí toda su artillería para barrer con cualquiera que se animara a atravesar por ese sitio. Y Belgrano, con su estrategia ajedrecística, le hizo creer que así lo haría.
Antes de llegar a ese lugar, el baqueano salteño, José Apolinario "Chocolate" Saravia, conocedor del lugar, pues era hijo del dueño de la estancia de Castañares, le había informado a Belgrano de que había un sendero alternativo y poco conocido, que atravesaba la quebrada de Chachapoyas, que circunda a Salta por el Este, y que tomando por allí iría a salir a precisamente en la parte de atrás de la fortificada posición española.
Así lo hizo Belgrano el día 18 de febrero, y en un solo día -y bajo una torrencial lluvia-, cubrió los 17 km, arribando el 19 a la Hacienda de Castañares, a solo una legua de la ciudad de Salta.
Para disimular esa estrategia del movimiento de circunvalación mientras llegaba a Castañares, y entretener al enemigo, Belgrano ordenó a una vanguardia desprendida del resto, que efectuara un ataque simulado en Cobos y Portezuelo, encontrando allí por cierto a la fortificada vanguardia realista.
El movimiento de Belgrano dejando el camino principal y colocándose en Castañares, fue bien concebido y mejor ejecutado, dice el Gral. Paz; mediante él había cortado las comunicaciones de Tristán, le había hecho imposible la retirada y había mejorado el teatro, porque el terreno le era más favorable que el que le ofrecía la estrecha entrada de Portezuelos. Belgrano realizó con éxito, el plan que los realistas habían intentado infructuosamente en Tucumán.
Cuando Tristán recibió el parte de que el ejército patriota le había aparecido por su retaguardia, y desconociendo la existencia de ese camino, se negó a creerlo y exclamó: "¡Sólo que fuesen pájaros!". Al comprobarlo personalmente ese informe, dispuso cambiar el plan, variar su posición, trasladarse de Portezuelo al pie del cerro San Bernardo, dando frente al Norte, aunque sin llegar a conocer bien el plan de Belgrano.
Con un fuerte ataque patriota por el centro, de la caballería (comandada por Zelaya) y la infantería (comandada por Dorrego), apoyados por la artillería, provocó en filas españolas algo parecido que en Tucumán: que corriendo peligro de verse rodeados por el avance patriota, el centro español se desbandó hacia la ciudad de Salta, arrastrando con ellos a su reserva. El centro y la derecha vencedora ingresaron a la ciudad y los realistas convergieron a la Plaza Mayor, refugiándose en la iglesia catedral y en casas de familia de la ciudad.
Según el My. Emilio Loza, profesor de la Escuela Superior de Guerra, la victoria de Salta fue la consecuencia lógica de las previsiones de Belgrano y de errores del comando español. Del lado patriota, debe destacarse la disciplina, el adecuado adiestramiento alcanzado, la puesta a punto del armamento y el elemento sorpresa. Belgrano manejó el plan admirablemente, cortó las comunicaciones y toda posibilidad de retirada, obligándolo a presentar batalla con el frente invertido. Del lado español, se señalan la pasividad inexplicable, que Tristán aceptó la batalla que le impuso Belgrano, que se condujo a ciegas, que se dejó cortar el camino de retirada, renunció a utilizar las reservas inmediatas y aceptó un combate defensivo en una posición inapropiada. Si en vez de resistir en Salta, se hubiese retirado a Jujuy, allí habría engrosado sus fuerzas con la reserva estacionada en esa ciudad, más las de Suipacha, con lo que el resultado pudo haber sido distinto".
Belgrano enfermo: El 20 de febrero, Belgrano amaneció con su salud deteriorada, con vómitos de sangre, que le impedían montar a caballo. En previsión de ello, había preparado un carruaje, una "carretilla" militar, vehículo utilizado para transporte de municiones, armas y cajas, de ruedas grandes, al que había colocado un camastro para sentarse, todo con una cubierta que le protegiera de la lluvia, y que le permitiera trasladarse desde un punto a otro en el campo de batalla.
No obstante ello, el biógrafo y descendiente, Mario Belgrano, afirma que gracias a su voluntad inquebrantable, a último momento -cuando hubo que entrar en Salta- pudo montar en su caballo y llevar en sus manos la bandera de la Patria, que ondearía por primera vez y recibiría su bautismo de fuego en una batalla. Así fue retratado por Rafael de Villar.
La rendición española:
Luego de tres horas de ardua lucha y considerando que la batalla estaba perdida, el Gral. Tristán envío al Cnel. La Hera a negociar su capitulación.
Belgrano le otorgó una honrosa capitulación sin humillar al enemigo, consistente en permitirle abandonar la ciudad con sus batallones formados, sus jefes al frente, con sus banderas desplegadas y los tambores batiendo sus parches. En las afueras de la ciudad, el ejército patriota lo esperaba en formación y los realistas entregaron todas sus armas, cañones, fusiles, espadas, pistolas, pertrechos y banderas.
Al jefe español un gesto especial: la honra de retener su espada, seguida de un abrazo de ambos jefes, en presencia de sus respectivas tropas.
Resultado: 17 jefes y oficiales superiores prisioneros en el campo de batalla, 93 oficiales de subtenientes a capitán, 2.776 soldados rendidos, 481 muertos y 114 heridos.
Se obligaban también, bajo juramento ante Dios, de que no volverían a tomar las armas contra las Provincias Unidas, hasta el río Desaguadero. Se establecía la restitución de los prisioneros de ambos bandos, y el respeto de las propiedades de los individuos, no molestándose a nadie por sus opiniones.
La actitud de Belgrano se diferencia notablemente a la de J. J. Castelli, quien inauguró su comisión copiando a la Revolución Francesa, mandando fusilar a todos los jefes militares y civiles españoles, en señal de que la guerra era a muerte.
Campo de Castañares, entierro de los muertos:
Belgrano dispuso que en el campo de Castañares, se enterraran en una fosa común, a los muertos de ambos bandos, con una gran cruz de madera con la inscripción: "Aquí yacen los vencedores y vencidos el 20 de febrero de 1813". Gesto que honra al general y enalteció a la revolución.
Por ese motivo, el 8 de marzo la Asamblea decretó premios a los guerreros vencedores de Salta. Y al General jefe, un sable con guarnición de oro, grabándose en la hoja la inscripción de "La Asamblea Constituyente al Benemérito General Belgrano", más la donación de la cantidad de 40.000 pesos fuertes.
Premio de $ 40.000: Al recibir Belgrano la comunicación de esos premios, respondió que "sus esfuerzos y sacrificios, sus servicios a la Nación, no se pueden compensar con dinero sin degradarlos; y que ha creído propio de su honor destinar esa suma de dinero para dotar escuelas públicas en cuatro ciudades, a saber: Tarija, Jujuy, Tucumán y Sgo. del Estero".
Por eso aceptó el ofrecimiento, se ofreció a redactar los reglamentos de esas escuelas, para los que destinó $ 10.000 a cada una, cuya renta de $ 500 costearía el sueldo del maestro ($ 400) y los útiles y libros de los niños de padres pobres ($ 100); y si resultare un sobrante, destinarlos a premios de estímulo. Las escuelas quedarían bajo la protección de los respectivos Ayuntamientos, y la provisión del cargo de maestro, debería hacerse por oposición. El art. 8º, indicaba que en las principales ceremonias, se le debía dar asiento al maestro en cuerpo del Cabildo, reputándosele como "Padre de la Patria".
En Santiago, la escuela que recibió esos beneficios fue la de Santo Domingo, dirigida por fray Juan Grande, amigo personal de Belgrano. Esa escuela fue la primera que tuvo un cuadro del General en su aula.
Santiagueños destacados: En el Parte enviado al Superior Gobierno, publicado en la Gaceta de Bs. As., en mayo de 1813, el Jefe del Ejército destacó la conducta de su oficialidad, y en especial de cinco santiagueños: capitanes Pedro Isnardi y Manuel Rafael Ruiz, del Cuerpo de Cazadores, alférez Gregorio Iramain, del 3º Batallón de Dragones, capitán Gabino Ibáñez y alférez Lorenzo Lugones. Luego de esta batalla, Belgrano ascendió a capitán, a Juan F. Ibarra, y lo destinó a la guarnición de S.S. de Jujuy como instructor de la compañía a su mando.
Sencillez de sus costumbres: permítaseme destacar que cuando se Belgrano se instaló en Ciudadela, Tucumán, para reorganizar su ejército, mandó construir una casa de adobe con techo de paja. Sus muebles eran una docena de sillas de paja ordinaria, dos bancos de madera, una mesa ordinaria, y un catre de campaña pequeño, con un colchón delgado que a diario doblaba. Siempre se hallaba en la mayor escasez, y su amigo J. C. Balbín manifestó que en varias ocasiones le mandó a pedir 100 pesos, para poder comer. Y que "lo he visto en tres o cuatro veces, en diferentes épocas, con sus botas remendadas, y no se parecía en esto a un elegante de París o Londres".









