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EL LIBERAL . Santiago

A 150 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL PRESIDENTE AGUSTÍN PEDRO JUSTO

Por Eduardo Lazzari, historiador 

01/03/2026 06:00 Santiago
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A 150 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL PRESIDENTE AGUSTÍN PEDRO JUSTO A 150 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL PRESIDENTE AGUSTÍN PEDRO JUSTO

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El año 2026 es pródigo en efemérides cuya lejanía se mide en siglos, décadas y lustros. Se cumplieron el 8 de febrero doscientos años de la asunción del presidente Bernardino Rivadavia. El 1 de mayo se conmemorarán los ciento setenta y cinco años del Pronunciamiento del general Justo José de Urquiza contra Juan Manuel de Rosas y en octubre los doscientos veinticinco años del natalicio del Organizador. Pero hoy nos detendremos en una celebración que no ocurrió el 26 de febrero ppdo.: se cumplieron los ciento cincuenta años del nacimiento del presidente Agustín Pedro Justo, a quien dedicaremos hoy estas queridas columnas en "El Liberal".

Su origen, sus familias y su carrera militar

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   La Villa de la Inmaculada Concepción, a orillas del río Uruguay, es la cuna de dos presidentes argentinos: en 1801 Justo José de Urquiza y en 1876 Agustín Pedro Justo. Era la tercera generación de los Justo provenientes de Gibraltar que repetían el nombre completo. Cuando Agustín Pedro nieto tuvo su segundo varón lo bautizó igual que él, pero el destino dejará trunca su vida a los cinco años, y allí terminará la tradición. Los Giusto eran italianos que al llegar a Gibraltar cambian su apellido por Justo.

   Excelente alumno en la primaria, es un precoz cadete del Colegio Militar, al que logra acceder a los once años. Será oficial de artillería. En 1900, a sus 24 años solicita el permiso reglamentario para casarse con Ana, la hija del general Liborio Bernal, el expedicionario del Desierto, con quien vivirá toda su vida y tendrán siete hijos. La vida familiar no será amable, ya que mueren antes que sus padres cuatro vástagos: Agustín, Horacio, Elcira y Eduardo, cuya muerte fue especialmente dramática. Sobrevivirán Liborio, Otilia y Virginia. En 1903 se gradúa como ingeniero civil en la Universidad de Buenos Aires, lo que le brinda un roce social poco común entre militares. 

   Toda su vida será un lector voraz y apasionado, que reunirá a lo largo de su vida una biblioteca enorme y que terminará en la Biblioteca Nacional del Perú, fundada por San Martín. A pesar de su cultura y de su ilustración, son pocos escritos los que se conservan de su pluma. Lleva adelante una prolija carrera militar premiada con la dirección del Colegio Militar, cargo que ocupa desde 1915 hasta 1922, siendo coronel. Siempre fue un oficial sin mando de tropa. En su gestión se suprime la "manteada" a que eran sometidos los ingresantes por parte de los cadetes veteranos. Esta medida la toma a solicitud de un cadete llamado Juan Domingo Perón. 

Ministro de Guerra

   El 12 de octubre de 1922 el presidente Marcelo Torcuato de Alvear le toma juramento como ministro de guerra. En este cargo será ascendido a general de brigada y luego general de división, su máximo grado en el escalafón militar. Es impresionante el inventario de las obras de Justo como ministro. Se construyeron decenas de cuarteles militares. Comenzó la obra del nuevo Colegio Militar, en El Palomar, en las afueras de Buenos Aires. Se fundó la Fábrica Militar de Aviones en Córdoba, la primera de Sudamérica. Se comenzó a pensar en una sede para la jefatura militar, obra que concretará como presidente. Fue el representante argentino en el centenario de la batalla de Ayacucho en el Perú, el 20 de diciembre de 1924.

   En sus múltiples recorridas por el país, sufrió un percance que se convirtió en una divertida anécdota. El avión en que viajaba como acompañante, cae en un pozo de aire. Al aterrizar, el piloto descubre que había perdido al ministro. Justo salva su vida gracias al paracaídas, que le permitió descender en un descampado de La Rioja, y luego caminar varias horas hasta llegar a una estación de ferrocarril, cuyo responsable tardó bastante en creer que ese personaje extrañamente vestido y con una larga cola blanca era el poderoso ministro que se presentaba. El piloto del avión se llamaba Alegría, por lo que el telegrama que envió informando la desaparición de Justo sonaba extraño: "Informo desaparición ministro de guerra, Alegría".

   Un enojoso episodio lo enfrenta a Luis Dellepiane, oficial del Ejército que lo reta a duelo. Sabedor que aceptar el desafío lo ponía fuera de la ley, presentó su renuncia al cargo. El lance fue temerario, quedando salvado el honor de ambos. El presidente lo restituyó inmediatamente, pero Justo debió tomarse unos días para recuperarse del agotamiento que el duelo le produjo. Es muy curioso que en estos años como ministro se convirtiera en socio del Club de Armas, de la Sociedad Rural y del Círculo Militar, donde terminará enfrentado a su viejo amigo y colega en lo castrense y en lo ingenieril Enrique Mosconi. Terminó junto a Alvear sus tareas en 1928. 

Su carrera política

   Desde tiempo antes formaba parte de la oposición a Hipólito Yrigoyen, por lo que se contó entre los entusiastas del golpe de estado de 1930. Después del 6 de setiembre, y ante el cariz fascista que el general José Félix Uriburu le dio a su gobierno, Justo es de los primeros en restarle apoyo. Supo manejar los tiempos, combinar discusiones y proponer ideas que le permitieron ser aceptado como el candidato ideal para la salida electoral que, desde el triunfo radical de abril de 1931, necesitaban los sectores conservadores como una alternativa real y competitiva para los comicios.

   La proscripción de la candidatura de Alvear decidida por la Corte Suprema de Justicia, con el dudoso argumento de que no había pasado un período completo desde su presidencia, ignorando el estado de excepción generado por la revolución de 1930, llevó a la Unión Cívica Radical a declarar la abstención, lo que visto desde la historia constituyó un error que recién repararía ese partido en 1936. Esto le dejó servida la presidencia a Justo, quien encabezó la fórmula de la Concordancia, una alianza formada por los conservadores, los radicales antipersonalistas y los socialistas independientes. Tuvo dos candidatos a vicepresidente: José Benjamín Matienzo y Julio Argentino Roca (h). Fue el último el que obtuvo más votos y el viejo sistema de electores consagró la fórmula Justo-Roca, venciendo a Lisandro de la Torre – Nicolás Repetto, candidatos del acuerdo demócrata progresista – socialista. En esta elección hubo aislados episodios de fraude que preanunciaron lo que se venía.

Su presidencia y Santiago del Estero

   Justo asumió el 20 de febrero de 1932. Tenía 55 años. Es el primer presidente ingeniero, y el único hasta hoy con dos títulos de grado de nivel universitario. Viajaba desde su casa en el porteño barrio de Palermo en tren a la Casa Rosada. Su candidato a la gobernación de Santiago del Estero fue el radical antipersonalista Juan Bautista Castro, personaje que tuvo un logro político poco común por entonces: fue el único gobernador en el país que concluyó su mandato entre los asumidos en 1932. Su logro más notable fue la construcción de viviendas populares, pavimentos y cloacas en la provincia. Esa década mostrará varios gobiernos provinciales encabezados por médicos: Castro en Santiago, Amadeo Sabattini en Córdoba y, Manuel Fresco en Buenos Aires. Castro logrará imponer a su sucesor en 1936, Pío Montenegro.

La política económica y de obras públicas

   El gobierno nacional enfrentó con rapidez las consecuencias de la crisis económica de 1929 y se convierte en el primer gobierno en el mundo en aplicar las doctrinas del británico John Mainard Keynes. La aparición del proteccionismo en el comercio internacional obliga al gobierno a firmar un acuerdo con Gran Bretaña, por entonces exclusivo comprador de carnes argentinas. El tratado Roca – Runciman, más vilipendiado que leído, fue la aceptación del país de su condición de potencia periférica. Además los exagerados gestos del vicepresidente Roca durante las negociaciones y la firma del tratado ayudaron a su desprestigio. 

   Es el tiempo de la creación de los grandes instrumentos de regulación de la economía por parte del Estado, que marcan el final del modelo librecambista que tanto había beneficiado a la Argentina. Aparecen las Juntas Nacionales de Granos, de Carnes, del Algodón, el Instituto Nacional de Vitivinicultura, y sobre todo el Banco Central de la República Argentina, con capitales mixtos.

   La obra pública fue el gran dinamizador de la economía, que permitió bajar el desempleo y recuperar el crecimiento. Se pavimentaron miles de kilómetros de rutas, se construyeron barrios de viviendas en varias provincias, se reactivaron obras ferroviarias. Se comenzaron a construir los Ministerios de Obras Públicas y de Hacienda, los edificios Libertador y Libertad, los bancos Hipotecario y de la Nación, y las sedes de las Direcciones de Vialidad Nacional (hoy Tribunales Federales en la calle Comodoro Py) y de los Ferrocarriles del Estado. En el país son emblemáticos el hotel Llao Llao y el Hotel Provincial y Casino de Mar del Plata. En Buenos Aires se comenzó la avenida 9 de julio, el ensanche de la calle Corrientes y se inauguró el Obelisco. No se pueden obviar los edificios de las facultades de Medicina, Farmacia y Odontología de la Universidad de Buenos Aires y la inauguración del Museo Argentino de Ciencias Naturales en el parque Centenario.

   Fue un gobierno de ingenieros: Ricardo Silveyra fue el presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales; Pablo Nogués fue el director general de los Ferrocarriles del Estado; y Justiniano Allende Posse fue el director nacional de Vialidad. A su vez Justo mostró una gran sensibilidad por la cultura nacional: eran los tiempos de Ricardo Levene y Enrique Udaondo, lo que permitió la compra del palacio Errázuriz para montar el Museo Nacional de Arte Decorativo, la adquisición del palacio San José para un museo en homenaje a Justo José de Urquiza. Una curiosidad de don Agustín P. (así lo llamaba su familia) era su afición fanática por el Club Atlético Boca Juniors, que lo llevó a colaborar fuertemente en la construcción del estado llamado "La Bombonera".

   El próximo domingo, si Dios quiere, en "El Liberal" nos rencontraremos para continuara con la zaga de un presidente olvidado por un grave defecto de la historiografía: su época fue tildada negativamente como parte de la "década infame" y ese fue el motivo del desprecio por el estudio de un fascinante momento donde el país intentó no perder el tren del progreso, aunque no lo lograría.

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