Por Mónica Alcalá.
¿Por qué el Papa León XIV insiste tanto en la paz? ¿Por qué el Papa León XIV insiste tanto en la paz?
Desde el mismo día de su elección al pontificado, el Papa León XIV hizo un llamado a detener la violencia, a abrir caminos de diálogo, a finalizar los conflictos globales: "Que la paz sea con ustedes", y pidió insistentemente por una paz "desarmada y desarmante".
Y es que, para la Iglesia, este tema nunca ha sido secundario, parte del mismo corazón del evangelio.
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Un pontificado que comienza en un mundo inquieto
El Siglo XXI con todos sus avances tecnológicos, con los cambios ideológicos y pacifistas, vislumbraba una mayor cooperación entre los pueblos. Sin embargo, el panorama global cambió rápidamente: guerras regionales, tensiones entre potencias, crisis humanitarias y millones de personas obligadas a abandonar sus hogares.
En medio de este escenario, la voz del Papa se levanta con una convicción sencilla: la violencia nunca es la última palabra.
Desde la perspectiva eclesial, el Papa no habla obviamente como líder político, mucho menos como estratega militar, su papel es el de un pastor que supera fronteras y culturas; comprende el clamor del pueblo, de todos los pueblos, incluso en medio de los conflictos más complejos.
Su llamado a la paz no es una consigna diplomática. Es una exigencia moral.
Una continuidad por el bien común
Cuando fue elegido pontífice, Robert Francis Prevost eligió el nombre de León. Para muchos observadores esta decisión no fue casual, el nombre recuerda, irremediablemente, a León XIII, el Papa de finales del siglo XIX que afrontó uno de los momentos más convulsos de la era moderna: la Época Industrial y, con su famosa encíclica social la Rerum Novarum, defendió la dignidad del trabajo y llamó a superar los enfrentamientos sociales mediante la justicia y el diálogo.
Más de un siglo después el mundo enfrenta nuevas tensiones: conflictos armados, polarización política, crisis económicas y profundas divisiones culturales y el Papa reconoce esta realidad y quiere, insiste de hecho en la paz como fruto de la justicia social.
La paz, una misión esencial de la Iglesia
Para el cristiano, la paz no significa solamente que las armas callen. La tradición de la Iglesia entiende este concepto de manera profunda: la paz como fruto de la justicia, la reconciliación y el respeto a la dignidad de cada persona.
Jesús resucitado habla en términos de paz; es de hecho su saludo inicial: "la paz esté con ustedes". Desde entonces, esto se ha convertido no solo en un deseo de la comunidad eclesial, sino una misión, que la paz esté con todos, en todos.
Por eso, cuando el Papa habla de paz, no está abordando una mera cuestión diplomática internacional, está hablando y siendo fiel a la misión del Señor: llevar la paz, que ella viva en cada persona y que las consecuencias de la paz beneficien a todos.
Tierra Santa: donde la paz aún espera
Aquí, en la tierra donde Jesús nació, vivió y predicó el Evangelio y llevó a cabo su plan de salvación, las tensiones políticas y religiosas han marcado la historia durante décadas. La ciudad de Jerusalén, la "tres veces santa" porque es sagrada para judíos, cristianos y musulmanes, continúa siendo uno de los puntos más sensibles del planeta.
La paradoja es evidente: la tierra donde se dirigió el primer mensaje de paz, sigue esperando la paz verdadera. Sin embargo, en medio de las tensiones, la presencia cristiana continúa fiel y viva y todos estamos llamados a seguir apoyando a esta pequeña comunidad que sobrevive con las oraciones y aportación de toda la Iglesia.
Cada año, en todas las parroquias del mundo, la Iglesia realiza un gesto concreto que muchas veces pasa desapercibido. Durante la liturgia del Viernes Santo se realiza una colecta destinada a apoyar a los cristianos de Tierra Santa y a mantener los santuarios vinculados a la vida de Jesús. Es un gesto pequeño, pero profundamente simbólico: los cristianos del mundo entero ayudan a sostener la presencia del Evangelio en la tierra donde comenzó la paz para todos.
Una paz que comienza en cada creyente
Tal vez por eso el Papa León XIV insiste tanto en hablar de la paz. No como una ignorancia o ingenuidad ante las circunstancias del mundo, sino porque sabe, tiene la certeza de que la paz no nace sólo de tratados o acuerdos internacionales. Cristo es el Príncipe de la Paz, él tiene potestad y poder para concederla al mundo.
Y es que la paz comienza primero en el corazón de cada persona, en cada familia, en cada gobernante que decide hacer lo correcto, en aquél que elige la justicia a pesar de la impopularidad o carreras políticas.
En un tiempo marcado por divisiones, la invitación del Papa puede parecer simple, pero sigue siendo revolucionaria: trabajar por la paz allí donde cada uno vive. En la familia, en la sociedad, en el diálogo entre culturas y religiones y sí, orar por la paz, que el Señor la conceda en aquellos que toman las decisiones, que inicie en sus corazones para que puedan ellos, ser testigos y catalizadores de paz en cada lugar del mundo.
Porque, como recuerda el Evangelio, los que construyen la paz no solo cambian el mundo: también se convierten en verdaderos hijos de Dios.
Fuente: Aleteia.








