Cumple su misión religiosa en Barcelona, pero estuvo en Ucrania, en donde concretó la 42 "Caravana de la bondad", la religiosa tucumana habló con EL LIBERAL sobre lo que pasa en ese país.
EXCLUSIVO. Sor Lucía Caram sobre la guerra Rusia-Ucrania: "Esto es un genocidio, esto es terrorismo" EXCLUSIVO. Sor Lucía Caram sobre la guerra Rusia-Ucrania: "Esto es un genocidio, esto es terrorismo"
La hermana dominica Lucía Caram es categórica cuando habla sobre la guerra en Ucrania. Para ella, lo que ocurre con la guerra en ese país de Europa Oriental "es un genocidio, es terrorismo". Y lo afirma desde el conocimiento profundo, de la experiencia de vida en ese terreno hostil que conmueve al mundo.
Oriunda de Tucumán y radicada en Barcelona (España), Sor Lucía desarrolla una intensa tarea social con su presencia en Ucrania con el corredor humanitario que concreta ya lleva 42 en total- con la denominada "Caravana de la bondad", con la que lleva asistencia social, envía ambulancias y trabajo evangelizador ante tanta desmesura.
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A poco de su regreso de Ucrania, y desde el convento de Santa Clara de Manresa, en Barcelona, en el que despliega su trabajo social y de oración, sor Lucía dialogó con EL LIBERAL. Fiel a su estilo, directa y hasta políticamente incorrecto, habló de esta guerra prolongada ya van cuatro años- y lo que hoy sucede en el mundo.
Su obra benéfica trascendió desde el momento en que acogió en su convento en Cataluña a familias ucranianas que huían de la barbarie. Mediática y con voz autorizada para contar al mundo lo que revela en redes o en medios periodísticos, Lucía tampoco anduvo con rodeos al responder las preguntas de EL LIBERAL.

- ¿En qué momento de su vida decidió que su misión estaba en socorrer a Ucrania?
Para mí, Ucrania no existía en la geografía de mi mente ni de mi corazón hasta que en el 2014 empezamos a acoger a los primeros refugiados de Ucrania cuando todavía no se reconocía la guerra en Ucrania y cuando estaban obligados a estar en una situación de irregularidad. Fuimos acogiendo primero a un matrimonio, después a otro con una niña y después más, a través de los cuales fui conociendo la realidad de Ucrania. Por eso, cuando el 24 de febrero de 2022 estalló la guerra hicimos una plegaria en el convento, vino mucha gente, los escuché, me pidieron ayuda. Nunca me imaginaba que iría a la guerra y me fui con una furgoneta para buscar los primeros refugiados en las fronteras con Moldavia. Estos no pudieron llegar a Moldavia, por los bombardeos, y los recogimos en Rumania. Y ahí empezó, en la frontera, cuando vi que la gente huía, la primera semana, de una manera desesperada, fundamentalmente madres con niños. Allí me juré a mí misma que volvería.
- Sor Lucía, ¿cómo es trabajar en pos de la paz en un lugar de tanta catástrofe?
Yo creo que cuando una va a un sitio en guerra se da cuenta de que la guerra realmente es un fracaso, que todo lo destroza y saca fuerzas de dónde no la tiene, nos damos cuenta de que somos muy afortunados por vivir en paz y por vivir donde vivimos. Y esto te hace crear un vínculo con la gente y te moviliza, a tiempo y a destiempo, porque te das cuenta de que la guerra es cruenta, es cruda, no perdona y que va dejando mucho dolor y mucho sufrimiento. Mientras podemos y tenemos fuerza para hacer algo hay que hacerlo porque si no lo hacemos, en el tema de una guerra, son vidas que se pierden y no son números, no son estadísticas, sino que son personas.

- ¿Qué es lo que más la conmovió en su acción social y evangelizadora en Ucrania?
Lo que más me conmueve en Ucrania es como en un país marcado por el ateísmo de la Unión Soviética y también por la secularización, la gente en medio de la tragedia y del dolor levanta los ojos al cielo y espera, y lucha, y resiste, y ama a la tierra, y cree en la victoria, y acompaña, y cuida a sus heridos, y ama a la libertad y no claudica. Me impresiona la fortaleza que tienen las mujeres ucranianas para acompañar, para sostener en medio de todo lo que se está viviendo. Me impresiona, particularmente, visitar los cementerios que están plenos, llenos de muchas tumbas como el Járkov (Kharkiv). Son kilómetros de tumbas y, además, las excavadoras que siguen abriendo nuevas tumbas porque cada día llegan muchos jóvenes. Me impresiona mucho las lápidas con los nombres y las edades de la gente. Y al lado de esto, al lado de la nieve, como hay siempre flores frescas. Las madres, las esposas, las hijas, los hermanos como van al cementerio a acompañar. Ellos mismos te dicen: "Venimos aquí porque no queremos perder la memoria y porque queremos estar al lado de los que todavía están luchando en la primera línea, como un homenaje a nuestros seres queridos que han marchado".
- ¿Alberga esperanza de que este conflicto bélico llega a su fin?
Cada vez los ucranianos ven la paz más lejos. Yo la veo también, como dicen ellos, como un espejismo. Ha habido muchas promesas, hay demasiados intereses y mientras Ucrania deja de ser noticia cada día se ataca más sus infraestructuras, se ataca más a la población civil, son un objetivo los hospitales, son un objetivo las guarderías. Sin dudas, esto es un genocidio. Sin dudas, esto es terrorismo. No se están dando tiros en la frontera, simplemente, están atacando a la población civil, a los niños, a los ancianos, a los enfermos. Y estamos dominados por la locura, por la sinrazón de los que hacen la guerra y, como decía el Papa Francisco, en la guerra nadie gana todos perdemos porque pierde la humanidad. Aunque si hay unos que ganan, los que fabrican las armas y los que hacen esta guerra.

"El mundo está ardiendo y el único que puede parar estas guerras es Donald Trump"
Sor Lucía le pide a los líderes políticos del mundo que "miren a los ojos a las víctimas de la guerra y que dejen que Dios cambie su corazón de piedra en un corazón de carne".
-Ucrania-Rusia, al parecer, una guerra sin fin. EE.UU. e Israel contra Irán en una conflagración que hace temer el inicio de una Tercera Guerra Mundial. ¿Dios se olvidó de estos pueblos o los señores de la guerra olvidaron a Dios?
Yo creo que hay una profanación del nombre de Dios. La imagen de los ministros bendiciendo a Donald Trump, cuando tiene que tomar decisiones de la guerra, no puede ser que creamos el discurso de que se han terminado ocho guerras. El mundo está ardiendo. Cada día tenemos un conflicto nuevo. El único que puede parar estas guerras, estoy convencida, a gran escala, es Donald Trump. Y lo que estamos consiguiendo es haber destrozado el derecho internacional. Es verdad que hay varios países en los que están los ayatolás y los gobiernos que oprimen a la gente y que tiene que haber un cambio, pero en este momento hay unas guerras muy cruentas que, en definitiva, están sirviendo para tapar toda la corrupción de los mismos líderes que hacen estas guerras. Dios no es que se haya olvidado, Dios no hace la guerra, Dios es un Dios de paz, pero hay quienes necesitan calmar su conciencia utilizando el nombre de Dios en vano y creyéndose que son enviados. Y solo en el nombre de Dios se puede defender la vida, trabajar por la paz, promover la justicia y respetar siempre todas las vidas.

- ¿Qué mensaje les daría a los líderes políticos mundiales sobre los conflictos actuales?
Lo que hay que decirles es que paren la guerra, que lo único que puede cambiar nuestro mundo es la revolución de la bondad y de la justicia auténtica, la justicia que busca que todo el mundo viva con dignidad. Que a todo el mundo le merezca la pena vivir, que haya oportunidades para todos y el respeto a la vida siempre. Habría que decirles que no desprecien tanto la vida y que sean capaces de pensar en las consecuencias terribles que tienen las pérdidas en vidas humanas, el coste tan alto para tantas personas que se ven a la intemperie. Los que hacen la guerra no son conscientes de las heridas que están causando para generaciones y generaciones. Les diría que miren a los ojos a las víctimas de la guerra y que dejen que Dios cambie su corazón de piedra en un corazón de carne, que dejen de matar el alma de la humanidad, que humanicen nuestra humanidad sirviendo desde el poder que se les ha confiado y no traicionando como lo están haciendo.
"Francisco no visitó Argentina porque no quería que nadie lo utilizara"
Amiga y admiradora del Papa Francisco, sor Lucía reveló porque el Santo Padre evitó venir a su país natal.

- ¿Por qué cree que el Papa Francisco no visitó la Argentina?
Francisco no visitó Argentina porque no quería que nadie lo utilizara. Había mucha gente que se había creado muchos intereses. Lo hacían decir y hablar por la derecha y por la izquierda cosas que no había dicho. Él era un mensajero de la paz. Tenía pensado ir a la Argentina, pero sabía que su presencia, en algún momento, no era un signo de unidad sino de división porque muchos lo querían instrumentalizar. Yo creo que Francisco, una vez que ha marchado de este mundo, a muchos se les ha abierto los ojos y han empezado a descubrir y a valorar quien era este Papa que teníamos, este Papa argentino.
-¿Cómo equilibrar la intensa actividad social con la vida contemplativa de clausura?
Sin duda que la vida contemplativa no es otra que intentar vivir desde el Evangelio y contemplar desde el Evangelio, después de haber orado, la historia como la contemplaba Jesús. Y cuando uno contempla la historia desde el Evangelio es capaz de vivir con los mismos sentimientos de Jesús, viviendo la compasión que es la pasión compartida. Cuando uno se instala en el Evangelio se vuelve intolerante ante el sufrimiento, ante la violencia y todo aquél mal que puede ser evitado y lucha a muerte por la justicia que era el proyecto de Jesús cuando habla del Reino de Dios. No es otra cosa que un nuevo orden social en el que todos vivamos y nos digamos que realmente somos hermanos.
- ¿De qué manera vive su fe a través de la contemplación y la acción social?
Para mí, la fe y la acción social y la contemplación y la acción son dos movimientos de lo mismo; sístole y diástole, respirar, inspirar. Son momentos de la vida. El que contempla tiene que dejar que lo que contempla impacte en el corazón e implicarse. La ge es el motor de la vida que nos lleva a no ser indiferentes ante el sufrimiento de los demás. La fe en Jesús es la fe en uno que pasó por el mundo haciendo el bien. Jesús se iba por las noches a rezar y contemplar y después bajaba para estar con la gente, a curar a los enfermos, a acompañar a los que se sentían solos y después, antes de marchar de este mundo, nos dejó el pan de la eucaristía, el pan que se parte y se reparte porque el pan es para todos. Nos dijo que Él era e pan y nosotros también tenemos que ser ese pan para que el mundo pueda saciar su hambre auténtica.
"A veces, traicionamos el espíritu del Evangelio y convertimos la Iglesia y la fe en una cueva de bandidos"

Sor Lucía enfatizó a EL LIBERAL: "Es una tragedia que nos acostumbremos ante el sufrimiento y ante el mal que hay en el mundo".
- ¿Cómo se puede combatir la indiferencia social ante la pobreza extrema?
Se puede combatir la indiferencia practicando la proximidad, poniéndonos en la piel del otro, siendo capaces de hacernos cargo de lo que significa el dolor de la perdida de la vivienda, el no poder dar de comer a los hijos, el darse cuenta que la pobreza es otra forma de violencia y uno la puede combatir implicándose, preguntándose cada día si con lo que tengo que puedo hacer para que otro esté mejor. Pero no solo eso. Se trata de mantener, ante estas realidades, conversaciones que seamos capaces de compartir con otros y preguntarnos juntos que podemos hacer juntos para cambiar estas situaciones.
-Usted ha dicho que, si Jesús regresara hoy, no reconocería a su Iglesia; ¿qué cambios fundamentales cree necesarios?
Yo creo que cuando Jesús entró al templo sacó el látigo y los echó y dijo que habían convertido el templo, la casa de su padre, en una cueva de bandidos. Yo creo que, a veces, también traicionamos el espíritu del Evangelio y convertimos la Iglesia y la fe en una cueva de bandidos en la que es difícil reconocer y leer el Evangelio. También es verdad que hay muchos espacios de la iglesia y muchas comunidades que hacen creíbles el mensaje del Evangelio. Tenemos que ser creyentes creíbles, que la gente pueda leer el Evangelio en nuestras vidas y eso va a hacer que la iglesia sea lo que tiene que ser. Si no hacemos este cambio, a nuestra iglesia no la reconocería ni Dios.
- Sor Lucía ¿qué rol juega la "indignación" en su vocación religiosa?
Lo que ha hecho la indiferencia es apagar nuestra capacidad de indignarnos y eso es una tragedia. Es una tragedia que nos acostumbremos ante el sufrimiento y ante el mal que hay en el mundo, que nos acostumbremos ante el sufrimiento y el dolor. Es importante dejar que las cosas impacten en nuestro corazón y vivir esta santa indignación que es lo que Jesús llamaba el celo por las cosas de mi padre es lo que me devora.









