Día del Animal: cada vez más personas tratan a sus mascotas como si fueran humanos Día del Animal: cada vez más personas tratan a sus mascotas como si fueran humanos
Un informe especial, elaborado por la Facultad de Veterinaria de la UBA, por motivo del Día del Animal, que se conmemora cada 29 de abril, reveló que en el último tiempo se acentuó la humanización de las mascotas, como los perros y gatos. El fenómeno, conocido como antropomorfización, consiste en atribuir características, emociones, necesidades o roles propios de los seres humanos a los no seres humanos o seres sintientes.
En su investigación, los especialistas advierten un incremento en la cantidad conductas y actitudes propias de los humanos que son atribuidas a los bichitos del hogar casi de manera inconsciente.
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"Esta proyección no se limita a los animales de compañía, ni siquiera exclusivamente a los seres vivos. Forma parte de una manera habitual en la que los humanos interpretamos el mundo que nos rodea", explica Laura Rial, docente de la Cátedra de Bienestar Animal y Etología de la Facultad. Y alerta: "Por lo tanto, debemos estar muy atentos para detectar cuando caemos en este sesgo".
De acuerdo con datos del último informe "Tenencia responsable y sanidad de perros y gatos. Encuesta Anual de Hogares 2022", la evolución de perros y gatos durante el período 20032022 da cuenta que aumentó 9,3 puntos porcentuales (pp) la cantidad de hogares con tenencia de alguna de estas mascotas.
Estos datos pueden explicar, en parte, por qué en los últimos años la relación entre humanos y animales de compañía experimentó una transformación profunda: perros y gatos ya no ocupan solo un lugar en el patio o la cocina, ahora duermen en camas, tienen ropa de temporada, rutinas de spa, e incluso menúes gourmet.
"Diversos cambios culturales y en los estilos de vida parecen estar influyendo en la creciente tendencia a integrarlos como miembros del núcleo familiar humano", sostiene la especialista.
Rial afirma que eso "no constituye en sí mismo un problema", sino que, por el contrario, "el reconocimiento del valor afectivo de los animales y de su mundo emocional puede favorecer una convivencia más respetuosa y un vínculo más consciente".
Sin embargo, la docente y especialista aclara: "El problema surge cuando las expectativas humanas se proyectan sin considerar las necesidades propias de un individuo de otra especie, lo que repercute sobre su bienestar".
En ese sentido, pone como ejemplo cuando se interpretan las conductas de las mascotas "con motivaciones humanas. Como cuando se dice que un perro "se porta mal por despecho", o se asume que "comprenderán y responderán a situaciones como lo haría una persona", detalla.
No se trata de eliminar el afecto, sino de encontrar un equilibrio, subraya la profesional de la UBA. En síntesis, las mascotas o animales de compañía necesitan cariño, pero también rutinas claras, alimentación adecuada, estimulación física y mental, y límites sanos.
"En el caso de los perros, por ejemplo, necesitan explorar el entorno a través del olfato, interactuar con otros perros y contar con rutinas claras y previsibles, entre otras cosas. Los gatos, por su parte, requieren cierto control sobre su ambiente, acceso a espacios en altura, lugares donde esconderse, oportunidades para cazar, arañar y, al igual que los perros, regular sus interacciones sociales decidir cuándo, cuánto y con quién interactuar. Cuando estas conductas naturales se limitan, se reprimen o se fuerzan, ya sea por exceso de control o por una interpretación errónea de lo que 'deberían hacer', es común que aparezcan signos de frustración, aburrimiento, estrés crónico o alteraciones en la conducta", asegura la docente.
Los especialistas de la Facultad de Ciencias Veterinarias confían en que, al comprender esto, los humanos no solo mejoran la calidad de vida de sus mascotas, sino que fortalecen un vínculo más sano y duradero.
También enfatizaron en que los animales de compañía necesitan "información clara y coherente" para "adaptarse a un entorno modelado enteramente" por la especie humana. Entonces, resaltan, "no conocen las reglas de convivencia humana y es responsabilidad de uno brindarles orientación".
"La educación debe brindarse con respeto y, sobre todo, con consistencia. La ambigüedad o la información contradictoria, que a veces les damos, puede dificultar aprendizajes esenciales para su bienestar y adaptación a entornos humanos. Establecer rutinas, límites comprensibles y predecibles, y ofrecer un entorno enriquecido son pilares de una convivencia", profundiza la especialista de la UBA.
La creciente humanización de perros y gatos plantea un desafío cultural y ético. En lugar de proyectar nuestras emociones o carencias en ellos, los especialistas proponen conocerlos mejor y respetarlos como lo que son: animales con su propia forma de vivir, sentir y comunicarse. Así, disminuiría la posibilidad de que aparezcan algunos tipos de trastornos de conducta, como la ansiedad, la dependencia emocional y/o la sobreprotección.








