Personas con discapacidad visual aprendieron a sanar, aceptarse y aceptar a la sociedad, que muchas veces se vuelve cruel e indiferente. La escucha, el primer paso para entender.
Realizaron una jornada de sanación colectiva, para personas con discapacidad visual Realizaron una jornada de sanación colectiva, para personas con discapacidad visual
Las aulas del CEI N° 50 "Juan Pablo II" para personas ciegas se transformaron en un espacio de profunda introspección, arte táctil y sanación colectiva. A través de un taller vivencial basado en la filosofía japonesa del Kintsugi, los participantes transitaron un viaje emocional que unió el tacto, la palabra y el alma, demostrando que los quiebres de la vida no son el final, sino el inicio de una historia mucho más hermosa y fuerte.
A cargo de la ONG Sonrisas y Acciones Solidarias, presidida por Liliana Covi, la jornada comenzó en un silencio expectante. La primera consigna invitó a los participantes a explorar a través del tacto. Sobre las mesas descansaban piezas de cerámica. Manos curiosas y sensibles recorrieron los bordes lisos, las curvas, la simetría y la aparente perfección de los objetos. Reconocer la cerámica no fue solo un ejercicio físico; fue el espejo de nuestras propias vidas antes de las tormentas. Cada plato, taza o vasija representaba esa cotidianidad donde todo parece estar en su lugar, la estructura que construimos día a día.
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Transformación
Sin embargo, el corazón del taller latía en la transformación.
Con un golpe seco, certero y liberador, las piezas se rompieron. En ese preciso instante, el sonido de la cerámica al quebrarse llenó la habitación, y con ese impacto, los participantes dejaron ir sus miedos. Ese solo golpe funcionó como un canalizador: el miedo al fracaso, el miedo a la mirada del otro y el temor a la vulnerabilidad se hicieron añicos en el suelo, abriendo paso a lo verdaderamente importante: la aceptación.
Trabajo
Con los pedazos sobre la mesa, el espacio se volvió sagrado. No se trataba solo de pegar cerámica; se trataba de mirarse por dentro. Guiados por el equipo de la ONG, se abrió un diálogo honesto sobre las emociones y las frustraciones que muchas veces se cargan en silencio. Apareció el peso de las barreras cotidianas, la incomprensión de la sociedad y esos momentos donde el alma se siente, precisamente, agrietada.

La urgencia de la escucha activa
Ante el dolor o la discapacidad, el entorno social responde con una palmada en la espalda o un abrazo silencioso. Si bien el afecto físico es vital, hoy se hizo hincapié en que la verdadera contención requiere algo más profundo: espacios de escucha activa. Acompañar significa sentarse a la par, sostener la mirada con el oído, validar lo que el otro siente sin juzgar y brindar el tiempo necesario para que la voz sea escuchada. A través de esta escucha atenta, la ONG buscó que cada participante encontrara un refugio para su salud mental, un lugar donde su palabra tuviera peso, valor y entidad. Fue el pegamento invisible que empezó a unir las piezas antes de aplicar el arte del Kintsugi.
El verdadero significado de ser "especiales": las personas ciegas estudian, trabajan, aman y sueñan
A lo largo del taller, la palabra "especial" se resignificó por completo, despojándola de cualquier tinte de lástima o paternalismo.
En el CEI N° 50 quedó claro que la discapacidad no es ningún impedimento para el desarrollo de la vida cotidiana. Las personas ciegas lavan, cocinan, estudian, trabajan, aman y sueñan exactamente igual que cualquiera. Su día a día no está limitado por la falta de visión, sino por los entornos que no se adaptan.
Por lo tanto, descubrimos que son "especiales" en un sentido mucho más elevado: su experiencia de vida los vuelve maestros. Son personas que ya han aprendido a reconstruirse, que han desarrollado una resiliencia única y que, al sanar sus propias heridas, quedan investidos con la autoridad y la luz necesarias para seguir enseñando a las generaciones que vienen detrás. Se convirtieron hoy en los artesanos de su propio destino y en guías para quienes recién empiezan a transitar el camino de la pérdida o la dificultad.
Utilizando la técnica del Kintsugi, cada participante unió los fragmentos de su cerámica utilizando resinas doradas. Al finalizar, las cicatrices del objeto ya no se ocultaban; brillaban con fuerza en un color dorado intenso.
A través de la risoterapia, el juego y la contención emocional, la ONG Sonrisas y Acciones Solidarias selló una jornada inolvidable de salud mental comunitaria. Los participantes no se llevaron a sus casas una artesanía arreglada; se llevaron el recordatorio tangible de que, a pesar de los golpes, todos nos adaptamos, nos reconstruimos y usamos nuestras emociones para transformarnos en seres humanos más fuertes, empáticos y asombrosamente bellos.
Contacto
Para ser parte de los talleres o si quieren solicitar presencia de voluntarios en las escuelas o institución, deben escribir en redes sociales a Ong Sonrisas y Acciones Solidarias o si desean colaborar con algún material también al 3855870687.








