Radicado en Alemania, Gregorio realizó una emotiva recordación de su padre Ricardo Gómez Oroná.
Gregorio Gómez Cantos, hijo de Jacinto Piedra, a EL LIBERAL: "Recordamos al "Tata" muy andariego, siempre viajando" Gregorio Gómez Cantos, hijo de Jacinto Piedra, a EL LIBERAL: "Recordamos al "Tata" muy andariego, siempre viajando"
"Nosotros recordamos al "Tata" muy andariego, siempre viajando y con paradas esporádicas en casa y siempre a la noche guitarreada, mucha gente que llegaba a la casa a compartir música, a compartir las nuevas creaciones, lo que se movía en el momento y mucha música siempre en casa".
Son palabras de Gregorio Gómez Cantos, hijo de Ricardo Gómez Oroná, el inolvidable Jacinto Piedra. Gregorio tenía 8 años cuando su padre falleció trágicamente en la madrugada del 25 de octubre de 1991 como consecuencia de un accidente automovilístico en las cercanías de San Carlos, en La Banda.
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A treinta años de la muerte del cantautor santiagueño, desde Alemania, donde actualmente reside, Gregorio rememoró: "Recuerdo, con cuatro años de edad, la primera vez que se publicó "El incendio del poniente" (un clásico de Jacinto) en vinilo fui yo quien aprendió a ponerlo de chiquito solo".
"En casa había un aparato para reproducir vinilo y me acuerdo que ese fue el primer disco. Así que los viejos compraron el aparato para para escucharlo en primicia cuando nació "El incendio del poniente", el primer disco solista de mi viejo", recordó Gregorio en una entrevista con EL LIBERAL con motivo del Día del Padre, fecha que se conmemoró este domingo 21.

EL ASFALTO, LAS ESTRELLAS Y REMOLINOS
Recordó también que Jacinto "nos hacía caminar en la noche cuando el asfalto mantiene cierta temperatura. Nos hacía caminar descalzo, sentir el calorcito del asfalto a la noche y pegamos. Nos mostraba también el cielo lleno de estrellas".
Y abunda en detalles de aquel tiempo de infancia cuando Jacinto "nos llevaba a jugar en la siesta cuando se levantaba el viento y se formaban los remolinos, nos metíamos allá a jugar adentro y nos hacía jugar con los remolinos".
Gregorio añadió: "Recuerdo también que de los viajes a veces traía una bolsa en el hombro y ahí nos traía dulces de sus viajes por Bolivia y piedras y cosas que iba rejuntando por el camino y esos tiempitos han sido breves para nosotros, pero hemos podido compartir esos momentos así esporádicos cuando él estaba en casa o cuando agarra otra vez la mochila y la guitarra al hombro y salía por ahí no lo veíamos mucho tiempo después volvía".

JUNTADAS EN EL PATIO
Hay lugares de la casa de su infancia que tienen un profundo significado para Gregorio. Y ese sitio es el patio. "Me acuerdo de las juntadas en el patio, bajo el algarrobo, y las guitarreadas".
El fútbol fue otro de los momentos compartidos con su padre. "Con él jugábamos jugábamos a la pelota y compartimos mucha música. Nos dejó un gran legado. Lamentablemente, partió en un momento donde él ya estaba estableciendo un nombre, estaba haciendo su carrera solista muy bien. A sus 36 años él ya estaba apuntando a viajar menos para estar más con nosotros".
Gregorio agradece a la gente por el amor a su padre, por no olvidarlo. "Nos quedamos con sus enseñanzas, con su legado y con los santiagueños que al día de hoy todavía lo recuerdo y han hecho un caminito marcado por esa influencia de ese estilo, esa manera de componer y de cantar que ha marcado a generaciones", precisó.
"Así como como para nosotros su legado ha sido también en parte lo que nos ha quedado con de su enseñanza como padre creo que también ha sido el padre de toda una generación en el sentido que nos ha dejado y nos ha enseñado mucho con su manera de decir y el mensaje de hermandad y de paz", subrayó.
Y concluyó: "Con eso nos quedamos, con eso vivimos y eso es lo que recordamos de él. Saludos al cielo para nuestro padre".

CAMINO A EUROPA
Cuando Gregorio tenía 12 años, junto con su madre y sus otros hermanos, se radicó en España y vivió en la casa de su tía Graciela, hermana de su mamá. Allí, Gregorio pasó su adolescencia y juventud. Aprendió a trabajar a los 16 años en el área de la construcción.
Desplegó varios oficios, entre ellos pintor, jardinero, modelo de pinturas en el taller de su tía, profesora de artes plásticas y trabajó en almacenes de alimentación.
También fue socorrista en verano y aprendió a cocinar en restaurantes. Y cuando la crisis golpeó severamente a España se fue a Alemania, donde consiguió trabajo en el área de la gastronomía y también como músico.
Hoy, junto con su compañera y sus hijas, Gregorio vive en Múnich. Desde esa ciudad alemana, Gregorio habló con EL LIBERAL.








