Por Eduardo Lazzari. Historiador
Bartolomé Mitre: el Presidente de la República Unida Bartolomé Mitre: el Presidente de la República Unida
La República Argentina es una realidad palpable. Las últimas cuatro décadas hablan de la consolidación de las instituciones establecidas por la Constitución Nacional. Hay problemas, pero se resuelven o se intentan resolver en el marco de la ley. La madurez de nuestro país queda establecida, entre otros acontecimientos, por la conmemoración en siglos de los grandes hechos fundacionales. Y en estos días, el pasado 26 de junio, hemos recordado los 205 años del nacimiento de uno de los grandes prohombres de los tiempos de la organización nacional: don Bartolomé Mitre, el primer presidente constitucional de la República unificada y uno de los fundadores de la Argentina moderna.
Su porteñidad y su familia
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Bartolomé Mitre nace en una casona de Suipacha y Lavalle en la entonces capital de la provincia de Buenos Aires el 26 de junio de 2021, en la familia formada por el oriental Ambrosio Mitre y la porteña Josefa Martínez Wheterton. Fue el primogénito de tres varones y una mujer. Sus ascendientes eran griegos, españoles e irlandeses. Fue bautizado en la iglesia de San Nicolás de Bari, ubicada donde hoy se encuentra el Obelisco porteño. Su padrino fue el general José Rondeau, que un par de años antes detentaba el cargo de Director Supremo del Estado.
Su padre Ambrosio había fundado el fuerte de San Rafael Arcángel del Diamante en 1805, al sur de Mendoza y abrazó luego con fervor la causa revolucionaria de 1810. Fue tesorero del fuerte de Carmen de Patagones desde 1822, lugar donde la familia Mitre estaba radicada al tiempo del ataque brasileño del 7 de marzo de 1827, donde el niño Bartolomé tiene su bautismo de fuego, con sólo cinco años. En 1829 y de regreso a Buenos Aires, fue enviado a la estancia de Gervasio Ortiz de Rozas, hermano del gobernador Juan Manuel, para aprender los oficios camperos. El hacendado hizo retornar al joven junto a una esquela que decía: "Dígale a Don Ambrosio que aquí le devuelvo a este caballerito, que no sirve ni servirá para nada, porque cuando encuentra una sombrilla se baja del caballo y se pone a leer". Ya mostraba Bartolomé su voracidad intelectual, que lo llevaría a poseer una de las mejores bibliotecas argentinas a su muerte.
Sus largos exilios: Uruguay, Bolivia, Perú y Chile
La vida de Mitre transita el camino de los exilios durante dos décadas. En 1831 se instalan en el Uruguay, donde Bartolomé ingresa en la Escuela Militar cinco años después obteniendo en 1840 el despacho de alférez de artillería. En la capital oriental conoce a la hija del general Pedro de Vedia, Delfina María Luisa, con quien se casa en la iglesia matriz de Montevideo el 11 de enero de 1841. Ella tenía 21 años, Bartolomé 19. El matrimonio tendrá seis hijos: de los cuatro varones, tres morirían antes que su padre.
Lucha en las guerras civiles orientales acompañando a Fructuoso Rivera, líder de los colorados aliados a los unitarios argentinos. Por entonces conoce a Giuseppe Garibaldi, a quien admirará toda su vida. Se muda a Bolivia en 1846, donde apoya al presidente José Ballivián, ocupando el cargo de Jefe de Estado Mayor del Ejército. El ambiente del altiplano está convulsionado y la caída de su protector en 1847 hace que Mitre sea conminado a abandonar Bolivia perentoriamente. Regresa al poco tiempo, pero el presidente Manuel Belzú lo destierra definitivamente, esta vez rumbo al Perú, de donde también es echado, culminando su periplo en Santiago de Chile.
El exilio trasandino lo convirtió en periodista. El ánimo revolucionario de Mitre le iba a jugar otra mala pasada, y su apoyo a la fracasada revolución liberal contra el electo presidente Manuel Montt provocó su expulsión del país. Recalaría nuevamente en el Plata, y en 1851 es cuando se suma al Ejército Grande organizado por el entrerriano Justo José de Urquiza para participar de la batalla de Caseros, hecho que pone fin de la hegemonía de Juan Manuel de Rosas.
Aún se debate sobre la trayectoria militar de Mitre. Con el ánimo biográfico de este artículo sólo se nombrarán sus grandes batallas: Cagancha, Azul, Caseros, Cepeda, Pavón y sobre todo la campaña de la guerra contra el Paraguay, donde ofició como comandante de los ejércitos aliados. Fueron más derrotas que victorias, y luego de su presidencia la campaña revolucionaria de 1874 marcó el fin de su vida en los campos de batalla. Se puede afirmar sin temor a la equivocación que Bartolomé Mitre aspiró a convertirse en uno de los grandes generales de la historia argentina, pero lo cierto es que el desarrollo de su carrera militar no permite considerarlo como tal.
El hombre renacentista: arqueólogo, poeta, periodista, historiador y traductor
En Montevideo publica sus primeros poemas y redacta artículos periodísticos desde 1839 y en Santiago de Chile iba a colaborar en los periódicos con el tucumano Alberdi y el sanjuanino Sarmiento. En Buenos Aires participó de varios periódicos, pero la cumbre de su tarea como periodista fue la fundación el 4 de enero de 1871 de "La Nación" en el predio lindero a su casa, al que convirtió en "tribuna de doctrina". Fue su director durante más de cuatro décadas convirtiéndolo en uno de los grandes diarios nacionales.
Tradujo la "Divina Comedia" y la "Eneida", investigó las ruinas de Tiahuanaco, obra pionera en la puesta en valor arqueológica de esas ruinas preincaicas en Bolivia, y hasta llegó a componer un tango llamado "El monito", siempre atento al sentir popular. Sin duda, su más importante producción intelectual es su colosal obra historiográfica: "Historia de Belgrano y de la independencia argentina" en 1857, e "Historia de San Martín y de la emancipación americana" en 1888.
El gobernador porteño
Fue nombrado por la Legislatura porteña como gobernador el 3 de mayo de 1860 para encarar el proceso de incorporación del Estado de Buenos Aires a la Confederación Argentina. No fue un tiempo fácil pero el proceso culminó con la definitiva unidad nacional luego de la batalla de Pavón. Ejerció el cargo hasta la víspera de su asunción como presidente de la República Argentina, que había reincorporado a la "hermana mayor", tal como había definido a Buenos Aires el ilustre Juan José Passo en el cabildo abierto del 22 de mayo de 1810.
El presidente nacional y su relación con Santiago del Estero
El 12 de octubre de 1862 asume Bartolomé Mitre, fecha canónica por décadas para los recambios presidenciales. Lo acompañaron Guillermo Rawson, Rufino de Elizalde, Juan Gelly y Obes, Dalmacio Vélez Sarsfield y Eduardo Costa, entre otros prohombres. Se crearon juzgados federales en todas las provincias y se fundaron varios colegios nacionales. Sin duda, la guerra de la Triple Alianza marcará estos años y deslucirá la tarea de Mitre en la presidencia. El ordenamiento de la política interna, la represión de los últimos caudillos y una sucesión ordenada fueron marcas de su gobierno. Sin duda, para hablar de Mitre presidente hace falta mucho más que un párrafo.
El impulso del liberalismo partidario fue aprovechado por los hermanos Taboada para consolidar su poder en Santiago del Estero y su predominio en todo el norte argentino. La alianza de Mitre con Taboada iba a decantar en la candidatura de Antonino a la vicepresidencia acompañando a Rufino de Elizalde, que se mancó a poco de llegar. Santiago fue fiel a Mitre y sus electores lo acompañaron por una década y media. Su declive llegó con la revolución de 1874: la soñada segunda presidencia de don Bartolo se alejó para siempre y Antonino rumbeó al exilio en Tucumán.
El prócer viviente
La revolución de 1874, que casi le cuesta la vida, y la de 1880, que auspició sin participar, llevaron a Mitre al carácter de figura consular sin vida partidaria. En 1891 quiso ser nuevamente presidente, pero la reacción de Alem a su negociación con Roca frustró el propósito. En 1893 alcanzó el título de Gran Maestre de la Masonería Argentina, institución que abandonaría poco tiempo antes de morir. En 1901 funda en Flores la Junta de Historia y Numismática Americana, antecesora de la Academia Nacional de la Historia, que dio un formidable impulso a los estudios sobre el pasado argentino.
Sus errores políticos le fueron perdonados y los logros que la Argentina obtuvo en todos los órdenes desde su presidencia hasta los albores del siglo XX lo crearon prócer viviente, El festejo de los 80 años de vida de Mitre fue apoteótico. Fue agasajado por instituciones públicas y privadas, mientras cientos de calles fueron renombradas en su honor. Ya estaba alejado de la vida pública. El 19 de enero de 1906 murió en su casa de la calle San Martín, de cara a la admiración general y la consideración popular como uno de los fundadores de la Argentina moderna. Fue velado en la Casa Rosada y su cortejo fúnebre rumbo al Cementerio de la Recoleta fue multitudinario.
Su legado
Con su presidencia comenzó un ciclo de siete décadas de gran progreso institucional y material. Estableció la Corte Suprema de Justicia que funcionaría sin solución de continuidad durante un siglo. Es tal el respeto que en la judicatura despierta el nombre de Mitre, que pocas sentencias recurren a una cita de sus obras. "No tomarás el santo nombre de Mitre en vano" es el mayor mandamiento judicial. Escuelas, pueblos y bibliotecas lo recuerdan.
Su impulso al ferrocarril fue reconocido con el bautismo del antiguo Central Argentino con su nombre desde 1948, y así sigue llegando a Santiago del Estero. Su primer monumento se inauguró al poco tiempo de su muerte en San Andrés de Giles. Cientos de placas de homenaje se lucen en las calles que lo homenajean en todo el país desde su centenario. En Santiago del Estero la calle Mitre tiene esquina con Buenos Aires, una bella metáfora en honor al porteño, y el Club Atlético Mitre, el más antiguo de la provincia lleva su nombre desde 1907. El billete de 2 pesos ha llevado su rostro, pero la inflación lo sacó de circulación.
Mucho queda por contar y también polémicas que abordar, pero debe rescatarse de don Bartolo la pasión argentina, la ambición patriótica y sobre todo su lealtad a las ideas de la libertad y de la ley.








