Por Lic. Juan Alejandro Barraza sociólogo.
El acto ilícito individual "sociología y derecho ante el fin de la vida" El acto ilícito individual "sociología y derecho ante el fin de la vida"
El suicidio como fenómeno social, ha evolucionado desde una falta moral y un delito en la antigüedad y la Edad Media, hasta ser comprendido hoy como un problema de salud pública influenciado por factores psicológicos, sociales y biológicos. En la antigua Grecia se veía este hecho ilícito como un acto contra el Estado o los dioses, un ejemplo claro de este acto lo encontramos en la filosofía griega como el caso del filósofo Sócrates, quien fue obligado e instigado a beber de la cicuta, aunque en Roma, se consideraba cierto hecho como un acto de honor o el sufrimiento insoportable. Sin embargo, la cristiandad medieval condenó rotundamente el suicidio considerándolo un pecado imperdonable y un crimen contra Dios y la sociedad, lo que llevó a castigos severos incluso sobre el cadáver.
Pero es en la modernidad, donde se diseña una obra cumbre e icónica para la sociología. Una investigación exhaustiva ideada por el sociólogo francés, que quizás el punto de partida para analizar sociológicamente dicho fenómeno, Emilio Durkheim y su obra clásica y celebre "El suicidio" (1897), quien demostró que lo que parece un acto puramente individual y psicológico está impulsado por "hechos sociales" a través de los conceptos de integración y regulación social. En su tesis menciona cuatro clases o tipos de suicidio, el altruista, anomico, egoísta y fatalista. Para este autor, lo que produce el suicidio no es un impulso puramente individual, psicológico ni biológico, sino fuerzas colectivas que él llamó corrientes suicidógenas o corrientes sociales. El suicidio individual es la manifestación de una corriente suicidógena externa. Cuando la sociedad sufre de poca integración o falla en su regulación (anomia), esas corrientes sociales «se filtran» en las conciencias individuales, arrastrando al sujeto hacia la muerte. Por eso decía que la tasa de suicidios no habla de la mente de un solo hombre, sino del estado de salud de toda la sociedad.
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Durkheim explicaba que el individuo no actúa aislado. Toda sociedad genera ciertas «corrientes de opinión» o estados de ánimo colectivos (de desánimo, tristeza, desorientación, falta de comunicación con sus pares o hiperexigencia) que penetran en la conciencia individual y empujan a las personas más vulnerables a tomar la decisión de quitarse la vida. ¿Qué generan o de dónde nacen estas corrientes sociales?. Estas corrientes no nacen del aire; son el resultado de la relación entre dos fuerzas de la estructura social: El nivel de Integración social, tiene que ver con qué tan conectado o vinculado está el individuo a su comunidad (familia, grupo religioso, sociedad). Por lo contrario, una Integración deficiente (poca integración), genera una corriente de aislamiento y egoísmo. La persona siente que su vida no le importa a nadie ni tiene un propósito superior. Esto produce el "suicidio egoísta".
Al haber una integración excesiva (mucha integración), genera una corriente de anulación individual, donde el grupo vale más que la persona. Esto produce el "suicidio altruista" (por ejemplo, el soldado que da la vida por su patria; la muerte de nuestro inolvidable y queridísimo Dr. Rene Favaloro. Un nivel de regulación social, tiene que ver con qué tan claras son las normas y límites que la sociedad impone sobre los deseos de las personas. Una regulación deficiente o ausencia de normas, es cuando ocurre un cambio brusco (como una crisis económica o una prosperidad repentina), la sociedad pierde el control de las reglas. Los deseos del individuo quedan sin límite y aparece la anomia (desorientación, sensación de vacío, el individuo se siente solo y busca recluirse en sus deseos y gustos para aplacar su vacío y falta de entendimiento). Esta corriente de desregulación genera el "suicidio anómico". Por último, una regulación excesiva o límites opresivos, se da cuando las normas sofocan por completo el futuro de la persona (ej. situaciones de esclavitud). Esto genera el "suicidio fatalista".
Sin embargo, la sociología contemporánea ha actualizado y ampliado este marco para analizar cómo las dinámicas del siglo XXI influyen en el fenómeno. Hoy en día, la sociología aborda el suicidio a través de varias aristas principales: precarización, neoliberalismo y sustento psicológico. La sociología crítica actual, estudia cómo la transformación del trabajo y la economía afectan la estabilidad mental, como un tipo social anómico. Es así como el capitalismo tardío e hiperproductividad que propugnan autores como Byung-Chul Han y otros, quienes señalan la transición a la "sociedad del rendimiento". El mandato constante de autooptimización y éxito genera que el fracaso no se atribuya a fallas del sistema, sino a deficiencias personales, traduciéndose en agotamiento (burnout), depresión y culpa. Por otro lado, la incertidumbre laboral y económica como la pérdida de empleo, la precarización (gig economy o trabajo de plataforma) y la imposibilidad de planificar un proyecto de vida a largo plazo erosiona las redes de contención tradicional y reducen el sentido de pertenencia o propósito.
Hoy en día, la sociología analiza la revolución tecnológica (cibernética) como un sigiloso verdugo. La vida cotidiana de las personas, precisamente como grupo vulnerables los jóvenes, se sienten cibernautas, fascinados, atraídos, hipnotizados y obsesionados por las redes sociales, conectividad e identidad digital o virtual: Facebook, Tik Toc, Instagram, YouTube hasta el mismo whatsapp, es precisamente en este punto donde nuestros hijos y toda persona encuentran silenciosamente el peligro y toda clase de depredadores (ciberacoso). La hiperconexión tecnológica ha transformado las interacciones comunitarias, esto provoca aislamiento en la hiperconexión en el hecho de estar constantemente conectados no equivale a una verdadera integración social, esto incrementa un fenómeno de soledad no deseada, donde los vínculos digitales suelen ser frágiles o superficiales.
Tras lo expuesto, en nuestro país se produjeron diversos sucesos vinculados a retos virales e inducción digital al suicidio. El caso de Maitena Luz Rojas Garófalo, una adolescente de 14 años que conmocionó al país tras ser hallada muerta y colgada de un árbol en la localidad bonaerense de General Las Heras en abril de 2026. Las líneas investigativas analizaron que, había registros de llamadas entrantes y mensajes de números telefónicos extranjeros de países limítrofes y desconocidos. Manipulación en redes, se detectó que el contacto se originó inicialmente a través de un juego online. La Justicia abrió una investigación bajo la sospecha de que cuentas falsas que simulaban ser niños la manipularon, extorsionaron e incitaron al suicidio o al escape de su hogar.
Otros casos, destacándose el fenómeno de "La Ballena Azul" y el trágico caso del "juego de asfixia" en Salta. Estos hechos exponen la vulnerabilidad de los jóvenes ante la manipulación en redes sociales. Se reportaron alertas e investigaciones judiciales en provincias como San Juan (2017) y en la localidad pampeana de 25 de Mayo (2023), donde la justicia analizó si la muerte de adolescentes estuvo motivada por retos de chats en línea que daban pautas de autoagresión. El "Juego de Asfixia" (2010), acaecido en la provincia de Salta, localidades como Rosario de la Frontera y Metán registraron la muerte de ocho chicas adolescentes en pocos meses a raíz de un reto viral de estrangulamiento difundido por internet.
Asimismo, la comparación social y vigilancia entre pares, en plataformas como Instagram o TikTok, potencian dinámicas de validación cuantitativa (me gusta, seguidores, el like, el compartir) produciéndose el efecto de la exposición al cyberbullying, afectando desproporcionadamente a adolescentes y jóvenes. Por otro lado, se traduce en una suerte de contagio incorporándose inconscientemente a las comunidades digitales. Estas últimas, existen en líneas que actúan como espacios de apoyo, pero también redes oscuras o foros donde se normalizan, idealizan o difunden conductas autolesivas y abyectas.
En este contexto, el análisis de género ha cobrado un rol central para entender los patrones del suicidio. En la mayoría de las sociedades, las mujeres intentan suicidarse con mayor frecuencia, pero los hombres lo consuman en una proporción significativamente más alta (a menudo de 3 a 1 o 4 a 1). La masculinidad hegemónica de los roles tradicionales de género, desalientan a los hombres a expresar vulnerabilidad o buscar ayuda emocional o profesional. La pérdida del rol tradicional de "proveedor" o la incapacidad para gestionar crisis emocionales suele impactar de forma crítica en los hombres. Revisando y parafraseando el concepto de anomia de Durkheim, "la falta o debilitamiento de las normas sociales que orientan al individuo". Es decir, el debilitamiento de instituciones colectivas (destrucción familiar, muerte de familiares, sindicatos, instituciones públicas o privadas, redes de barrio, comunidades religiosas o de pertenencia) deja al individuo sin marcos de referencia claros. Cuando las expectativas sociales de consumo o estatus no se corresponden con las posibilidades reales de alcanzarlas, surge la frustración y el desencanto estructural.
Desde la perspectiva jurídica y legal, el fenómeno del suicidio plantea una red compleja de derechos, responsabilidades penales y marcos de salud pública. Históricamente, en el derecho romano o en el derecho canónico medieval, se sancionaba al suicida (confiscando sus bienes o negándole sepultura) por considerarse una afrenta al Estado o a la fe. Hoy en día, bajo el principio de reserva y autonomía personal, la ley no castiga a quien atenta contra su propia vida. Entiende que se trata de un problema de salud o de una crisis personal extrema que requiere asistencia sanitaria, no una sanción penal.
La tipificación penal de la intervención de terceros, aunque la persona no es castigada por intentar quitarse la vida, la ley actúa de forma severa contra cualquier persona externa que influya en ese acto. El artículo 83 del código penal argentino tipifica claramente dos conductas: inducción o instigación al suicidio, acción producida cuando alguien convence, manipula o ejerce presión psicológica sobre otra persona para que ponga fin a su vida. Un debate muy vivo hoy en día involucra al cyberbullying y al acoso en redes sociales, donde se busca imputar penalmente a quienes promueven abiertamente el suicidio de un tercero. Y por otro lado, la cooperación o auxilio al suicidio: facilitar los medios, suministrar información precisa o colaborar físicamente para que otra persona se autolesione de forma letal es un delito punible.
En conclusión, la relación entre ambos puntos de vista ante el fenómeno del suicidio se sintetiza que, mientras la sociología ve el suicidio como un indicador de la salud social, mide causas estructurales, anomia, aislamiento y pide políticas públicas de prevención colectiva, el derecho lo ve como una frontera de la autonomía personal y la responsabilidad civil/penal, delimitando la no punibilidad del acto, sanciona a los inductores y legisla sobre la muerte digna. Sin embargo, ambas miradas se complementan. El derecho necesita los diagnósticos de la sociología para crear políticas públicas y marcos legales de prevención eficaces, en lugar de limitarse a reaccionar cuando el hecho trágico ya ocurrió.
Líneas de emergencia, en Santiago, a tener en cuenta
La prevención y orientación sobre el suicidio en Santiago del Estero se realiza a través de líneas de emergencia locales y nacionales, incluyendo la policía y servicios de salud, así como el dispositivo de salud mental 0800-999-0091. Si estás pasando por un momento difícil o conoces a alguien en riesgo, hay ayuda disponible las 24 horas.
En Santiago, en los centros de salud trabajan de forma permanente equipos interdisciplinarios de salud mental en guardias de lunes a viernes. de 8 a 20 en el Hospital Independencia, Hospital Psiquiátrico "Diego Alcorta" 385 4315040 (fijo), Centro Integral de Salud Banda, Centro de Salud Mama Antula, CePSI "Eva Perón" y Hospital regional "Dr. Ramón Carrillo" (también guardias en sábados, domingos) 385 4243131 (fijo) y Área de Salud Mental del Ministerio de Salud provincial: Celulares de contacto 385 5730479 / 385 4874481.
También puedes asistir a la atención psicológica en los centros de atención primaria de la salud: UPA N°16 B° Campo Contreras: Mza 29 lote 5. Tel: 4315232. UPA N° 14 B° Almirante Brown: Calle 6 y Av. Belgrano N°4006. Tel: 4318114. UPA N° 4 B° Ejército Argentino: Calle 59 y 4. Tel: 4319012. UPA N° 23 B° Vinalar: Calle San Cayetano y Av. Los Pioneros. Tel: 4312949 y UPA N° 9 Bajo de Vertiz: Calle Urrejolas N°250. Tel: 4345031.
Además, en UPA N° 8 B° Los Flores: Camino a la Costa. Tel: 6994928. UPA N° 21 B° Santa Lucia: Las Heras y Pje 222. Tel: 4242087. UPA N° 7 B° Parque Aguirre: Calle Defensa y Chaco. Tel: 4242090. UPA N° 2 B° Cáceres: Calle Olaechea N° 1117. Tel: 4504420. UPA N° 3 B° Reconquista: Calle Buenos Aires N°2050. Tel: 4319014 y UPA N° 17 B° Borges: Calle 109 N° 2666. Tel: 4345032.
Qué hacer si alguien está en riesgo
- No dejar sola a la persona en ningún momento si hay peligro inmediato.
- Escuchar sin juzgar, con paciencia y sin minimizar lo que siente.
- Retirar objetos peligrosos o elementos con los que pueda lastimarse.
- Pedir ayuda profesional de inmediato comunicándose a los números de emergencia o acudiendo a la guardia médica más cercana








