Por Leonardo Innamorato.
Comercio, estrategias de consumo y ciudadanía Comercio, estrategias de consumo y ciudadanía
i miramos hacia unos siglos atrás, la concepción humana frente a sí misma en su condición política, social y comercial no es igual que en estas últimas décadas. Desde la democracia moderna, - en su última restauración en 1983-, con la restitución a pleno de los derechos y garantías, con la libertades, en sus hábitos de proveerse pasó por la categoría de comprador a consumidor. Pero ¿desde cuándo padecemos de esto? ¿En qué medida el sistema democrático actual sumado a los últimos mandatos del mercado cambiaron estos hábitos?
Toda persona que vive en un país determinado es un ciudadano, pero ésta no fue una condición estática, si las mujeres en nuestro país no tuvieron acceso al voto, sino hasta 1947. Por consecuencia, ley del divorcio, y sumar a la mujer al mercado laboral y a su propio consumo, en contraposición de otrora épocas donde el hombre era el proveedor y la mujer abocada al hogar.
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Fue como si la llegada de un determinado paradigma económico y político buscó cambiar los hábitos de la población, pasando por la categoría de ciudadanos, a los de consumidores, como lo señalaría en un libro Garcia Canclini (1995). Basta observar una correlación entre los comportamientos sociales y de consumidores con la visita a los shopping, sea en la ciudad en que nos encontremos. En ese espacio se conjugan elementos tales como la mixtura de marcas líderes, cálido y acogedor clima para que el potencial cliente permanezca; patio de comidas y sus pasillos para recreación. Lo que se llama un complejo comercial o mall.
Además, con la reforma de nuestra Constitución Nacional de 1994, otorga a la ciudadanía los "derechos al consumidor", legitimando aún más el papel activo de hacer valer nuestros atributos como consumidores. Y en consonancia con el contexto mundial global, la dispersión de las fronteras e integración del mercado mundial y online, el consumidor tiene para elegir más allá de lo local y nacional, lo cual resulta una desnacionalización industrial y comercial. La libertad económica, política y sobre gustos del consumidor actualmente se acentúa en poder "elegir" y libremente. Dos colosos: el Dios mercado y el Estado. La publicidad y la propaganda hacen su tarea para seducirnos en tales maneras de elección.
Si hacemos una pequeña retrospectiva histórica, a nivel urbano, pasamos del conglomerado y vínculos del mercado, la despensa del barrio, el negocio, la confitería al paso de los modernos centros comerciales y shoppings con patios de comida, y de ahí, -potenciado por la pandemia del 2020 - al consumo vía online y trasnacional.
Las vidrieras y góndolas virtuales nos llegan por otros dispositivos y las últimas tendencias nos fijan nuevas conductas de consumo en pleno goce de derechos y ciudadanía. Queda el debate, sin caer en el optimismo banal ni en el pesimismo nostálgico. Dicho esto, y reflexionando en voz baja, el urbanita u homo urbanus, ante estas nuevas formas de adquirir productos y servicios, nos convertimos en ciudadanos trasnacionales globalizados en una aldea global que homogeiniza el estilo, la moda, y las marcas.
Licenciado en sociología y profesor en historia








