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Pablo Ledesma y un recuerdo doloroso de Nahiara tras ser campeón con Central Argentino

El "Chueco" abrió su corazón y expuso una situación que le cambió la vida a su familia. A pesar de ganar su primer título como DT, él siente que faltó Nahiara.

29/08/2026 22:33 Deportivo
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Nahiara Ledesma tenía apenas 15 años cuando el domingo 21 de enero del 2024, en la ciudad de Córdoba, dejó un dolor que aún se siente con todo en la familia. Vivía en el barrio ampliación Paraíso de La Banda y era como la mascota oficial de Central Argentino, club del que era hincha y en el que muchas veces gritó los goles de su papá Pablo, más conocido como "Chueco" en el ambiente futbolístico de Santiago del Estero, y hoy en la tarea de entrenador de los "arroces".

Ya pasaron dos años y medio de su fallecimiento a causa de una dura enfermedad, pero todo parece que fue ayer. El domingo pasado, el "Albo" se consagró campeón del Torneo Anual de la Liga Santiagueña de Fútbol y entre tantas alegrías y festejos, a Pablo otra vez se le vino el mundo abajo. Apenas sonó el silbato del árbitro para marcar el final del encuentro ante Vélez de San Ramón, al "Chueco" lo invadieron instantáneamente los recuerdos de su amada niña, y sentado sin nadie a la par en el banco de suplentes empezó a llorar desconsoladamente.

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"Me imaginaba en ese momento que ella también estaba festejando y que era feliz. Como aquel día que logramos el ascenso en el 2017", expresó Pablo cuando rememoró todo lo que pasó el domingo en el estadio Dr. Osvaldo Juárez, escenario donde Nahiara era una de las hinchas más queridas por todos los fanáticos del "Albo".

En memoria de su ángel, hoy Pablo cada vez que ingresa a un campo de juego, lo hace con una remera colgada entre su cuello y con la imagen de su rostro que cubre todo su hombro. "Lo hago desde que ella nos dejó y cada vez cada vez que me toca ingresar a la cancha. Es una rutina habitual en mi. Siempre la remera está conmigo y la tengo colgada en el banco de suplentes. La llevo hasta en los viajes", comentó un papá que la recuerda con todo el amor del mundo y que no se olvida que a pesar de que tenía 15 años de edad, Nahiara se expresaba y se comportaba como una niña de 10 años.

"Ella era una criatura que si uno la escuchaba hablar y veía sus comportamientos, no daba la impresión de que era una adolescente de 15 años. Parecía una niña de 10 años que jugaba con los chicos. Tenía mucha dulzura y ternura. No conocí una personita igual a ella. Fue súper especial", contó.

La enfermedad fue tan cruel con ella que no le dio prácticamente tiempo para luchar. Estuvo por unos días internada en Córdoba y ahí llegó lo peor.

"De Santiago salimos un 31 de diciembre. Aquí le diagnosticaron un tumor pero cuando llegamos a Córdoba, le hicieron una tomografía y a la hora, prácticamente nos dieron la noticia de su real enfermedad. Se trataba de melanoma, un cáncer de piel muy agresivo que se da un caso en un millón de niños especialmente. Se empezó a tratar con ampollas un día lunes, pero todo terminó el domingo siguiente con su fallecimiento", recordó Pablo con mucha emoción.

Nahiara tenía vínculo con la religión de los Testigos de Jéhova. Al igual que su mamá y su hermana mayor. Pablo era la excepción. "Siempre me decía que en caso de que su enfermedad necesitara de una transfusión de sangre, no lo permita. Que respete su voluntad. Ella en ese momento no lo necesitaba porque tampoco se sabía con qué tratamiento se iba a seguir. Si era con la quimioterapia, seguramente era paciente para transfusión, pero todo fue de otra manera y no la necesitó. Ella decía que no le quería fallar a su Dios. Se fue con la convicción de haber cumplido con su palabra de fe", aseguró Pablo que admitió que cuando su hija le expresó su voluntad, lo puso en una situación difícil por temor a su salud.

"Los médicos ya nos habían advertido a mi esposa y a mí de que en caso de suma urgencia, la transfusión iba a ser necesaria", agregó para resumir el delicado estado de salud de Nahiara.

La muerte de la jovencita, llevó a Pablo especialmente a entrar en una negación con las religiones que se profesan en el mundo. "A partir de su muerte, estoy como si estuviera cargando un resentimiento muy grande que se me hace difícil sacar de mi mente. Siempre me pregunto por qué nos pasó esto si mi hija era un angelito y no se me la cuidó o protegió. Ella vivía para Dios y siempre con sus oraciones. No le hacía mal a nadie y hoy no está con nosotros"

"Los domingos son especiales para la familia"

Para la familia Ledesma, Nahiara era la que se divertía con sus hermanas (la menor hoy tiene 8 años) y la que hacía todas sus monerías en cualquier momento. Tenía un espíritu de nobleza muy grande y le gustaba estar en compañía de los chicos. Pablo comentó que los domingos ahora para el ámbito familiar son muy distintos.

"Se la extraña mucho los domingos y ese día la pasamos en familia con un sentimiento muy especial. La recordamos siempre, sobre todo cerca de la hora en que ella falleció que fue a las 15. Después de lo que nos pasó con su pérdida, esos días ya no son los mismos para nosotros. Creo que eternamente va a ser así", afirmó el "Chueco" con palabras que transmitieron un mensaje de mucha angustia y dolor.

Perder un ser querido como un hijo o una hija, es recibir tal vez el golpe más duro y fuerte que puede infligirle la vida al ser humano. No hay consuelo ni palabras que puedan calmar el dolor ni mucho menos recuperar lo que se perdió.

"Mi señora y mi hija mayor hicieron terapia por un tiempo y hoy se las nota un poco mejor. Ellas viven con la ilusión y la promesa de la Biblia que expresa que en un nuevo mundo, habrá devolución de los seres queridos. Es las que las mantiene fuerte anímica y emocionalmente. En mi caso, desde que no la tengo a Nahiara, la sensibilidad se apodera de mí y me produce una inestabilidad emocional. Convivo con eso y no es nada fácil. Me cuesta todo. Ya pasaron dos años y medio de su muerte y para mí nunca pasa el tiempo", expresó Pablo que a pesar de que hoy está atravesando un momento especial con Central Argentino, todavía siente que la muerte de su hija es un puñal clavado en el corazón.

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