Por Claire de Campeau.
¿Ser amigo de tu hijo en redes sociales: buena o mala idea? ¿Ser amigo de tu hijo en redes sociales: buena o mala idea?
En una época en la que Instagram, Snapchat y TikTok forman parte integral de la vida de los adolescentes, los padres suelen dudar entre varias actitudes: mantenerse totalmente al margen, pedir seguir como amigo la cuenta de su hijo o incluso establecer reglas sin estar registrados ellos mismos. Detrás de una simple solicitud de amistad se esconden, en realidad, cuestiones de confianza y protección de la privacidad. Marie Vautherin, consejera matrimonial y familiar y terapeuta de pareja Imago, observa posturas muy diferentes entre los padres.
Algunos se mantienen "muy cerrados a las redes sociales" y rechazan una realidad que, sin embargo, forma parte de la vida cotidiana de sus hijos. Otros buscan entrar en su universo digital, aun a riesgo de caer en una forma de camaradería excesiva. Por último, algunos se informan, intercambian opiniones e intentan discernir cuál es el lugar más adecuado. "La cuestión no es binaria", advierte. "No hay nada de bueno ni de malo en ser amigo de tu hijo en las redes sociales".
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¿Qué es lo que motiva como padre o madre?
Para Sophie, madre de un chico de 14 años, seguir su cuenta de Instagram es sobre todo una red de seguridad: "Nunca comento sus publicaciones, pero él sabe que estoy ahí y que puede venir a hablar conmigo si algo lo incomoda". Laurent tomó la decisión opuesta con su hija de 16 años, a quien cría sola: "Me dijo que necesitaba un espacio propio. Lo respeté, con la condición de que pudiéramos hablar con franqueza sobre lo que hace en línea".
Ser "amigo" de tu hijo no significa, por lo tanto, comportarse necesariamente como uno de sus compañeros. "Los padres son los padres. No están al mismo nivel que los amigos de su hijo. Es importante respetar la diferencia generacional", recuerda Marie Vautherin. En la adolescencia, el joven necesita diferenciarse, marcar cierta distancia y vivir parte de sus experiencias fuera de la mirada familiar. Una presencia parental demasiado insistente puede, entonces, percibirse como una intromisión en su intimidad.

"Me dijo que sentía como si yo me metiera en su patio de recreo"
Clarisse, madre de tres adolescentes, se dio cuenta de esto cuando su hijo le reprochó que comentara cada una de sus publicaciones: "Me dijo que sentía como si yo me metiera en su patio de recreo. Desde entonces, lo observo desde lejos y hablamos de eso más bien fuera de línea". Para Anne, cuya hija de 19 años estudia en el extranjero, las redes sociales, por el contrario, le han permitido mantener un vínculo informal: "Puedo seguir sus descubrimientos sin tener que llamarla todos los días".
Estas situaciones demuestran que la edad, la madurez y el contexto cambian profundamente la respuesta. "La verdadera pregunta es: ¿por qué quiero ser amiga de mi hijo en las redes sociales? ¿Qué me motiva? ¿Me parece justo? ¿Y cómo lo vivirá mi hijo?", se pregunta Marie Vautherin. La curiosidad bienintencionada, el deseo de compartir sus creaciones o de mantener un vínculo no tienen el mismo significado que la voluntad de una vigilancia permanente.
"Amigo" o no, ofrecer una red de seguridad
La consejera familiar hace especial hincapié en todo lo que hay que construir incluso antes de abrir una cuenta: "Toda la prevención y todo el vínculo se forjan desde el principio", explica. Los padres pueden preguntarle a su hijo qué lo motiva a unirse a tal red, informarle sobre los riesgos, establecer límites adecuados a su edad o, en el caso de los más pequeños, acordar conocer las normas y revisar de vez en cuando el perfil con él. El objetivo no es espiarlo, sino ofrecerle "una especie de red de seguridad en este mundo tan vertiginoso".
Antes de enviar una solicitud de amistad, es mejor hablarlo claramente: "No hay que enviar una solicitud sin haber hablado antes", subraya Marie Vautherin. Que lo acepten no garantiza la confianza, así como un rechazo tampoco significa una ruptura. Lo que realmente protege al niño es la posibilidad de hablar regularmente sobre lo que ve, publica o vive en línea, sin temor a ser juzgado o castigado de inmediato.








