Por Clemente Di Lullo.
San Martín y Sarmiento: dos maestros de la historia sudamericana San Martín y Sarmiento: dos maestros de la historia sudamericana
La conformación del Estado Argentino es la resultante de un proceso de larga duración que se dio por etapas o momentos históricos trascendentes que afirman una cosmovisión política, social y cultural que se internaliza como propia en la conciencia colectiva de la sociedad nacional. Deviene, entonces, en un proceso dinámico, cambiante e inacabado, pues su arquitectura no solo depende de factores o disposiciones internas sino también del marco geopolítico global que lo incluye e influencia de modo permanente.
En ese largo proceso histórico es posible destacar personalidades que contribuyeron de forma decisiva en el establecimiento de las bases arquitectónicas de la Nación Argentina. Tal es el caso del General José Francisco de San Martín y Domingo Valentín Sarmiento, presidente del país entre 1868 y 1874.
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Resulta necesario e interesante preguntarnos cuales fueron los aportes signados por estos dos próceres de la historia argentina, portadores de personalidades tan diferentes.
Para determinarlos en su exacto sentido significativo resulta preciso no apartarnos del contexto particular que los tuvo como protagonistas. San Martìn desarrolló su acción creadora a principios del siglo XIX y Sarmiento al final del mismo siglo.
Dos etapas, dos momentos, dos caracteres singulares y una misma pasión: establecer en nuestro territorio una Nación Moderna, capaz de responder a las necesidades propias y en relación con el contexto internacional por venir.
Al aproximarnos a ellos desde una perspectiva sociológica nos encontramos con dos personalidades portadoras de caracteres que pueden definirse como opuestos, disímiles, casi antagónicos.
San Martín simboliza la máxima entrega de un patriotismo puesto al servicio de una única misión: dar la libertad y la independencia a los pueblos de América del Sur, sacándolos del oprobio de la sumisión humillante que por cinco siglos ejerció sobre ellos la Corona Española. Entendió, sin error que su deber era devolverles el goce de la libertad individual y el respeto a su dignidad de ser humano en el más amplio de los sentidos. Y, políticamente, a ser protagonistas únicos y responsables de la defensa de la Soberanía Nacional
San Martín, formado en la escuela del estoicismo griego fue difusor del orden, la disciplina y la liberación en el sentido de sobreponerse a la gloria material en un ejercicio de autocontrol expresado en su temperamento flemático y reservado. Por eso mismo, enfrentó los conflictos públicos y privados manifestando un espíritu conciliador y pragmático Amaba la unidad pacífica en un orden consensuado. Por eso mismo odiaba las guerras fratricidas a las que veía como nacidas de intereses locales o regionales cuando no de origen personal y que, por esa misma naturaleza, ocasionaban perjuicios enormes en el cuerpo social y político.
Se puede afirmar categóricamente que el Libertador de Argentina, Chile y Perú sentía aversión al poder político. Pudo poseerlo en su totalidad pero optó por el desprendimiento total de cualquier tentación que expusiera su honra de hombre público.
Domingo V. Sarmiento, portador de una personalidad caracterizada por un temperamento colérico, vehemente, impulsivo, egocéntrico, ejerciò un mandato presidencial confrontativo que expuso en el campo de batalla como desde el periodismo combativo, mordaz, feroz contra los opositores. No en vano, lo apodaban "el loco"
A Sarmiento le tocò actuar en la etapa crìtica del enfrentamiento de los gobernadores provinciales, representados como caudillos locales iletrados y reacios a respetar al gobierno nacional y las instituciones del Estado Republicano. Fue un momento muy difícil realmente, donde las pasiones políticas se dirimìan con la eliminación del opositor. Muchos tuvieron que optar por el exilio para salvar sus vidas.
En la construcción de nuestra identidad nacional ellos constituyen dos columnas fundamentales y complementarias. Cada uno demostró su amor a la patria, a la que sirvieron honestamente. Sus diferencias ideológicas no impidieron la entrega y sacrificio voluntario personal para dar la emancipación política por el enfrentamiento militar, el uno, la organización civil mediante la creación de las instituciones republicanas y la afirmación de la identidad nacional, el otro.
San Martìn encarna la idea de una nacionalidad "americanista", fundamentada en la tradición de las culturas precolombinas en relación con las leyes positivas del período colonial. Cree que el mestizaje es la esencialidad de la identidad americana; que su educación permitiría la transformación externa e interna que permitiría el desarrollo político, económico y cultural positivo para el futuro.
Sarmiento y los hombres de su generación defienden un proyecto diferente al sanmartiniano. En èl no tienen cabida el indígena, el gaucho, el africano ni su consecuencia natural, el mestizaje. Para ellos la construcción de la nacionalidad positiva descansaba en la inmigración europea y su instalación a lo largo del territorio argentino. Estos grupos culturales aportarìan una tradición cultural embanderada en el esfuerzo intelectual, el sacrificio constante en el laboreo de las tierras con herramientas adecuadas para favorecer su mejor rendimiento. La formación del concepto de pertenencia e identidad nacional la aportarìa la educación libre, gratuita y laica.
Pero por respeto a tan grandes próceres no podemos dejar de destacar que también tuvieron importantes coincidencias.
Ambos fueron autodidactas que alcanzaron un alto potencial intelectual; los dos despertaron grandes adhesiones y múltiples enemigos hacia el interior político del territorio como hacia la conspiración externa. Compartieron su pasión por la difusión de la ilustración y la educación popular, gratuita, laica y mixta como la herramienta màs eficaz para formar moral y espiritualmente la nueva generación de ciudadanos probos que necesitaba la Patria para tomar el camino del progreso industrial y técnico que impondrían los nuevos tiempos. Estaban convencidos que sin tal calidad de ciudadanos el futuro de la Patria ofrecía una visión amenazante. Los pueblos por ellos conformados hicieron justicia histórica cuando establecieron el "Dìa del Maestro", en Argentina, en homenaje a la enorme tarea educativa por èl desarrollada mediante la creación de escuelas primarias en todo el territorio nacional. En el Perù el "Dìa del Maestro" se celebra el 6 de julio de cada año en recuerdo que en tal fecha el General San Martin inaugurò en aquel país, la primera Escuela Normal de Varones para la formación profesional de maestros con especialización pedagógica adecuada a las exigencias de los nuevos Estados Soberanos.
Estas dos vidas trascendentes de nuestra historia nos dejaron, si todo lo dicho fuera poco, un legado imperecedero:: La vida les brindò la oportunidad de encontrarse personalmente. Esto ocurrió en Grand Bourg, Francia, cuando un Sarmiento, de 35 años, visitò en su domicilio al General San Martìn, que portaba lùcidos 68 años. Uno al comienzo de su carrera política, el otro en la etapa del descanso y la paz familiar.
Sarmiento, acérrimo enemigo del gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, expuso sus fundamentos de tal posición y mostrò su imcomprensiòn frente a la decisión de San Martìn de obsequiar el sable corvo que le acompañò en la guerra por la independencia sudamericana.
El viejo general le hizo comprender que no fue un apoyo político a Rosas, su gesto, sino la justicia de reconocer a quien se plantò frente a dos grandes potencias mundiales para defender y sostener con firmeza el indelegable y legal derecho a exigir respeto a la Soberanìa Nacional de un país libre e independiente.
Este encuentro encierra una de esas magnìficas lecciones, que pocas veces, encontramos en la historia: que se puede tener miradas diferentes, opuestas, pero ello no impide el coraje de encontrarnos a dialogar, sin olvidar los puntos que nos separan, SER CAPACES DE ENTENDERNOS, RECONOCERNOS, PRIORIZAR LA ARMONIA Y EL TRABAJO SOLIDARIO EN ARAS DE DEFENDER LO QUE NOS UNE, NO LO QUE NOS DIVIDE. SIEMPRE LA INTEGRIDAD DE LA PATRIA SERÀ LA PRIORIDAD.
Es la "gran enseñanza" de estos dos maestros de la historia argentina y sudamericana.
Clemente Di Lullo - Presidente de la Asociación Cultural Sanmartiniana de Santiago del Estero, Capital








