Por Dra Yanina Cangelosi Alba
Sepsis y antibióticos: actuar rápido no significa automedicarse Sepsis y antibióticos: actuar rápido no significa automedicarse
Una infección urinaria, una neumonía, una infección abdominal o de la piel pueden parecer problemas localizados. Pero, a veces, el organismo responde de manera desregulada y empieza a dañarse a sí mismo.
Eso es la sepsis.
La Organización Mundial de la Salud la define como una disfunción orgánica potencialmente mortal causada por una respuesta desregulada del organismo frente a una infección. Si no se reconoce y trata a tiempo, puede progresar a shock séptico, falla multiorgánica y muerte.
El 13 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Sepsis. En 2026, la campaña internacional lleva como lema "Invertir en sepsis, salvar vidas", con énfasis en prevención, detección precoz, fortalecimiento de los sistemas de salud, formación profesional e investigación.
¿Qué tan frecuente es?
La OMS estima 48,9 millones de casos de sepsis y 11 millones de muertes relacionadas cada año, lo que equivale a aproximadamente el 20 % de todas las muertes a nivel mundial.
Cerca de la mitad de los casos estimados unos 20 millones ocurre en niños menores de 5 años.
¿Cómo empieza?
Muchas veces no comienza con una enfermedad extraña. Puede aparecer a partir de una neumonía, una infección urinaria, abdominal o de piel.
La clave no es únicamente "tener una infección", sino que la persona empiece a presentar un deterioro general y compromiso de sus órganos.
¿Qué señales deberían preocupar?
No existe un único síntoma que permita diagnosticar sepsis en casa, pero algunas manifestaciones deben aumentar la sospecha: fiebre persistente o hipotermia, confusión o somnolencia inusual, dificultad para respirar, frecuencia cardíaca elevada, presión arterial baja, disminución marcada de la cantidad de orina, piel fría o moteada, convulsiones o un deterioro intenso del estado general.
Cuando una infección se acompaña de un empeoramiento rápido, no conviene esperar simplemente a "ver si mañana mejora".
Entre los componentes esenciales de la atención médica, la detección precoz, el tratamiento antimicrobiano dirigido, el control del foco infeccioso y la vigilancia estrecha del paciente son fundamentales.
Aunque cualquier infección puede evolucionar a sepsis, el riesgo es mayor en las personas más vulnerables: adultos mayores, recién nacidos, embarazadas o puérperas, pacientes hospitalizados o en cuidados intensivos, personas inmunosuprimidas y quienes viven con enfermedades crónicas como diabetes, insuficiencia renal, cirrosis, EPOC o enfermedad cardiovascular.
Pero si los antibióticos pueden salvar la vida de una persona con sepsis, ¿por qué insistimos tanto en no tomarlos sin indicación? Porque usarlos cuando no hacen falta también tiene consecuencias.
"Por las dudas" no es una buena indicación
Los antibióticos actúan contra bacterias. No sirven para tratar la mayoría de los cuadros virales, como muchos resfríos, gripes, otitis o faringitis.
Tomarlos sin indicación puede producir efectos adversos y, además, favorecer la selección de bacterias resistentes.
La resistencia antimicrobiana ocurre cuando bacterias, virus, hongos o parásitos dejan de responder a los medicamentos utilizados para tratarlos. En el caso particular de la resistencia antimicrobiana, la OMS estima que en 2021 se asoció con más de 4,7 millones de muertes en todo el mundo.
Y el problema sigue creciendo.
En 2023, aproximadamente una de cada seis infecciones bacterianas fueron resistentes a los antimicrobianos. Entre 2018 y 2023, la resistencia aumentó en más del 40 %.
Cada vez que utilizamos un antibiótico de manera innecesaria contribuimos, a que después resulten mucho más difíciles de tratar.
Hay conductas frecuentes que conviene cuestionar: guardar antibióticos que sobraron, utilizar la receta que funcionó "la otra vez", tomar el medicamento indicado a otra persona o suspenderlo y reiniciarlo según cómo nos sentimos.
El antibiótico correcto y su dosis depende de muchas variables: el sitio de la infección, el análisis de la bacteria probable, la gravedad del cuadro, las resistencias antibióticas conocidas locales, las alergias, la función renal y los antecedentes del paciente.
Por eso, una recomendación sencilla podría ser:
Los antibióticos no deberían tomarse sin indicación médica.
La resistencia antimicrobiana no se combate evitando los antibióticos cuando están indicados.
Una persona con una infección bacteriana grave necesita tratamiento precoz y adecuado. En una sepsis, retrasarlo puede empeorar el pronóstico.
Por eso, el objetivo no es "usar menos antibióticos" sino usarlos mejor.
El medicamento correcto, para la infección correcta, en el momento correcto y durante el tiempo indicado.
Una contradicción solo aparente
Puede parecer contradictorio decir al mismo tiempo: "En una sepsis hay que tratar rápido" y "No tome antibióticos sin indicación."
Pero son dos caras de la misma estrategia. Necesitamos conservar antibióticos eficaces para cuando realmente pueden salvar una vida.
La sepsis exige rapidez. La resistencia antimicrobiana exige responsabilidad. Y ambas empiezan por reconocer algo muy sencillo:
Los antibióticos son demasiado importantes como para utilizarlos "por las dudas".








