Por Cerith Gardiner.
Cómo ayudar a tu hijo a sobrellevar el suicidio de un joven Cómo ayudar a tu hijo a sobrellevar el suicidio de un joven
Aunque enterarse de que alguien ha fallecido a una edad temprana es insoportable, el impacto se agrava de alguna manera cuando la muerte es por suicidio, y sus repercusiones pueden extenderse mucho más allá del círculo de amigos más cercanos de la persona. Un adolescente puede apenas haber conocido al estudiante que falleció y, aun así, sentirse profundamente afectado por la noticia.
De repente, alguien que se sentaba en las mismas aulas, jugaba en el mismo equipo o aparecía en el mismo feed de redes sociales ya no está, y la muerte se ha acercado de manera aterradora a nuestro entorno.
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El suicidio en adolescentes
A una edad en la que aún existe esa maravillosa sensación de invencibilidad, esto puede resultar particularmente inquietante. También puede generar temores que son difíciles de expresar. Si esto le pasó a alguien de mi edad, ¿podría pasarme a mí? ¿Y qué hay de mi amigo que está luchando contra la depresión? ¿Cómo es posible que alguien esté sufriendo tanto sin que nadie se dé cuenta?
Según datos de la OMS (Organización mundial de la Salud), el suicidio es la tercera causa de muerte a nivel mundial en personas de 15 a 29 años. Al año, más de 720 000 personas fallecen por esta causa cada año en el mundo.
Dado que, septiembre es el Mes Nacional de Prevención del Suicidio, parece un momento particularmente importante para analizar cómo podemos ayudar a los jóvenes que se ven afectados cuando alguien que conocen ha fallecido trágicamente por suicidio.
Cuando "eso que nunca podría pasar" de repente sucedió
Parte del impacto puede deberse a que la muerte de un joven trastoca el orden reconfortante que esperamos que siga la vida. Se supone que los adolescentes no deben morir antes que sus padres y abuelos; se supone que deben estar preocupados por los exámenes, las amistades y quién le gusta a quién.
Un suicidio también puede hacer que un adolescente vea de otra manera a las personas que lo rodean. Si el joven que falleció parecía feliz, popular o exitoso, puede surgir la perplejidad de que, aparentemente, nadie supiera cuánto estaba sufriendo. Si había luchado abiertamente contra la depresión, un adolescente podría empezar a preocuparse por otro amigo que esté pasando por un momento difícil.
Esos temores no deben descartarse con un "No te preocupes, eso no va a pasar" automático. Por el contrario, pueden convertirse en una oportunidad para conversar. ¿Qué ha escuchado tu hijo adolescente? ¿Qué dicen sus amigos? ¿Está preocupado por alguien en particular? Y quizás lo más importante: ¿cómo lo ha hecho sentir la muerte respecto a su propia vida?
No es necesario que todo esto se haga sentados a una mesa con la solemnidad de un interrogatorio policial. Los adolescentes suelen hablar con más libertad cuando la atención no está totalmente centrada en ellos, así que un viaje en auto, una caminata con el perro o una incursión nocturna al refrigerador pueden ser mejores oportunidades para iniciar la conversación que anunciar que es hora de tener una charla seria.
Ten cuidado con el "por qué"
Después de un suicidio, todos quieren saber por qué. En el caso de los adolescentes, los rumores pueden ofrecer una respuesta con notable rapidez: una ruptura sentimental, acoso escolar, la presión de los exámenes, problemas familiares o algo que supuestamente alguien dijo el día anterior. Es importante no permitir que un solo suceso se convierta en la explicación.
De hecho, la realidad rara vez es tan simple. Por lo general, el suicidio no puede atribuirse claramente a un solo suceso, por mucho que los que quedan atrás deseen desesperadamente una explicación. Reducir la muerte de un joven a una relación fallida o a una discusión también puede enviar un mensaje aterrador a otros adolescentes que están pasando precisamente por esos trastornos comunes de la adolescencia.
Quizá sea más sincero admitir que no sabemos del todo por qué murió alguien, al tiempo que explicamos que una angustia emocional grave puede afectar la forma en que una persona ve tanto sus problemas como la posibilidad de que las cosas mejoren.
Sin embargo, hay otro "por qué" que también puede atormentar a los jóvenes: "¿Por qué no me di cuenta?". Un mensaje que quedó sin respuesta, una discusión o algo dicho en broma pueden repitirse de repente con un significado terrible. Es posible que un adolescente que era cercano a la persona fallecida necesite escuchar repetidamente que no era su responsabilidad reconocer o aliviar el sufrimiento de otra persona.
Pero esta pregunta también puede generar un nuevo sentido de responsabilidad en los amigos que están pasando por dificultades. Un adolescente que sabe que un amigo está deprimido podría empezar a estar atento a cada mensaje, silencio o cambio de humor, aterrorizado por pasar por alto la señal que podría marcar la diferencia. Anímalos a que te lo cuenten a ti, a un maestro o a otro adulto de confianza si están preocupados por alguien, y recuérdales que ser un buen amigo no significa convertirse en el único responsable de mantener a esa persona a salvo.
Fuente: Aleteia.








