Dolar Oficial: - Dolar Blue:- Dolar CCL:- Dolar Bolsa: - Dolar Mayorista: -

EL LIBERAL . Santiago

Esperando a León

Por Juan José Sanguineti. Profesor del Instituto de Filosofía de la Universidad Austral.

23/09/2026 01:27 Santiago
Escuchar:

Esperando a León Esperando a León

HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE EL LIBERAL Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO

La próxima visita del Papa León XIV a la Argentina nos llena de alegría. Todos estamos muy expectantes y sabemos que será un acontecimiento que dejará huella en nuestra sociedad. El Papa es una figura de gran prestigio, no sólo en la Iglesia, sino también en todo el mundo. Sus palabras son escuchadas por millones de personas y sus enseñanzas tienen el alcance de un líder espiritual mundial. Para los hijos de la Iglesia, además, es Padre y Pastor. A esto se suma la sencillez de su porte y de su carácter, que fácilmente nos conquista. En nuestro país estamos muy ansiosos por recibirlo.

Nuestro querido Papa Francisco no pudo venir a la Argentina por esos designios de la Providencia de Dios. Por eso, podemos vivir esta visita del Vicario de Cristo casi como aquello que Francisco habría querido realizar. Entre ambos Papas, además, se percibe una continuidad muy especial. León XIV parece haber recogido y prolongado algunos de los grandes temas del pontificado de Francisco, como la búsqueda de la paz y la preocupación por los marginados y los más vulnerables.

También te puede interesar:

Quisiera destacar dos aspectos del pontificado de León XIV.

El primero es su encíclica Magnifica Humanitas, publicada en mayo de este año. Si a alguno le hubieran parecido excesivas sus advertencias sobre los riesgos de la inteligencia artificial, lo sucedido en los últimos dos meses —y que todos conocemos ampliamente— parece haber confirmado la clarividencia de este documento y la urgencia de sus planteamientos. La inteligencia artificial se ha convertido en un tema permanente de nuestras conversaciones y de los comentarios cotidianos en los medios.

Me impacta especialmente una imagen de raíz agustiniana que el Papa presenta en la encíclica. Por un lado, está la construcción de la torre de Babel, expresión de la arrogancia de los poderes mundanos. Por otro, la humilde pero perseverante reconstrucción de los muros de Jerusalén. Estos últimos pueden entenderse hoy como los muros de una humanidad herida por el pecado y por la falta de sabiduría.

La imagen expresa muy bien el desafío que tenemos delante: no construir desde la soberbia y el poder, sino reconstruir desde la humildad y la sabiduría.

El segundo aspecto es la gran sensibilidad que León XIV quiere transmitirnos ante la guerra y la violencia, ante todo aquello que lesiona el corazón humano. No se refiere únicamente a las guerras que hoy siguen su triste curso en distintas partes del mundo.

Se refiere también a toda situación de conflicto, tanto micro como macro, que impide la expansión del corazón humano hacia aquello que puede llenarlo de paz. Seguramente el Papa insistirá en que vivamos nuestra relación con el prójimo, con nuestros hermanos y con todos, desde el amor, la solidaridad y la fraternidad. Todos somos hijos de Dios y, por eso, todos somos hermanos.

En poco tiempo, la visita del Papa ocupará cada vez más espacio en la opinión pública. Durante esos días, e inmediatamente después, serán innumerables los comentarios sobre sus encuentros, sus gestos y sus palabras. Sin duda, crecerán nuestro afecto por el Papa y nuestro sentido de agradecimiento. Nos sentimos favorecidos por una visita que llega tan pronto en los primeros años de un pontificado que esperamos sea largo y fecundo.

Por mi parte, deseo profundamente que esta visita signifique para todos una renovación. Para quienes no participan de la fe de la Iglesia, la presencia del Papa puede ser un mensaje de aliento para que no perdamos de vista el valor de nuestra humanidad y, sobre todo, el valor de cada persona humana. Éste es precisamente el núcleo de la encíclica Magnifica Humanitas, dirigida a todos y no solamente a los miembros de la Iglesia.

Puede ser también un mensaje de esperanza y de aliento. Un mensaje optimista en un tiempo en que las voces del pesimismo parecen ser más fuertes que antes, nublan nuestra mirada y nos llenan de temores.

Pero esta esperanza no se basa simplemente en una confianza humana, ni en cálculos o informaciones. Se fundamenta en la fe en Dios, que con su Providencia asiste a la humanidad, la acompaña en su conjunto y acompaña también personalmente a cada uno de nosotros. Así pasamos, me atrevo a decir, a un escalón superior.

En una ocasión, Jesús preguntó a sus discípulos qué decía la gente acerca de él. Ellos le respondieron que algunos lo consideraban como una especie de reaparición de los antiguos grandes profetas. Pero los discípulos, y san Pedro de manera explícita, declararon, gracias a una luz recibida de lo alto, que Jesús era el Hijo de Dios.

Salvando las distancias, algo semejante puede suceder hoy. Muchos verán en León XIV una gran figura espiritual, quizá una de las más relevantes de nuestro tiempo. Pero los hijos de la Iglesia vemos mucho más.

Lo reconocemos como Vicario de Cristo, sucesor de Pedro, llamado a guiar a la Iglesia en su peregrinar por el mundo. Estos dos escalones —el humano y el sobrenatural, que es el de la fe— expresan las actitudes con las que esperamos hoy la venida del Papa.

Rezo por esta visita, para que sea fecunda, para que nos una más a los argentinos y nos ayude a superar nuestras divisiones. No lo dudo: esta visita nos llenará el corazón de esperanza. Mi deseo es que lo haga profundamente.

Que nos ayude a crecer en sentimientos de fraternidad, que nos confirme en la fe y que renueve esos anhelos de unidad que, de un modo u otro, anidan en el corazón de todos.

Lo que debes saber
Lo más leído hoy