Por Eduardo Lazzari, historiador
El amor otoñal de Julio Argentino El amor otoñal de Julio Argentino
El origen del presidente más duradero
Era el lunes 17 de julio de 1843. La provincia de Tucumán era gobernada por Celedonio Gutiérrez. Eran los tiempos de la hegemonía porteña de Juan Manuel de Rosas. Y en Las Talitas, al norte de San Miguel, el coronel José Segundo Roca compartía con su esposa Agustina Paz la alegría por la llegada de su tercer hijo: Alejo. Al bautizarlo, en un acto de reafirmación patriótica, le agrego al nombre elegido Julio Argentino, en memoria de la Independencia de 1816. Ya estos acontecimientos marcaban un destino, que no iba a ser defraudado.
Fue criado en una familia de nueve hermanos, ocho varones y una niña, de los que llegarían a edad adulta todos salvo Fermín, que moriría bebé. Desde pequeño, Julio mostró vocación militar, acentuada por su admiración hacia el padre. Fue destinado al Colegio del Uruguay, idea del general Justo José de Urquiza concretada como la primera escuela laica del país. El entrerriano pidió a cada provincia, imitando a Rivadavia y su Colegio de Ciencias Morales, un par de jóvenes cada año con la expectativa de construir una élite intelectual para el país que se venía. Corría 1855.
Su formación como militar y su larga carrera de las armas
En Concepción del Uruguay Roca dio muestras de picardía y astucia que le valieron el mote que llevaría para siempre: "El Zorro". Cuando el joven tucumano vivía en la capital provincial de entonces, los alumnos del colegio eran pupilos y debían regresar antes de las 21 hs. Roca llegó tarde una noche y la puerta ya estaba cerrada. Tras discutir con el portero, don Andrés "Vizcacha" Trucco, negociaron que éste lo dejaría pasar a cambio de una suma de dinero (un peso). Una vez adentro, Roca dejó caer su birrete hacia la vereda, le pidió al portero que se lo alcanzara y, cuando este salió, Roca cerró la puerta y ante la llamada desesperada de "Vizcacha", le dijo: "La entrada al colegio vale un peso". Trucco, una vez dentro, le dijo que era un zorro.
Roca elije las artes militares y su fidelidad al jefe, por entonces Urquiza, se hará costumbre y lo llevará a combatir siempre del lado de la Constitución y la ley. Nunca participó de movimientos revolucionarios ni de intrigas militares. Para conspiraciones y misterios estaba la política, y a ella se dedicó con pasión sin resignar nunca su carácter de militar de carrera. Combatió en Cepeda y en Pavón bajo las órdenes del Organizador, el general Urquiza. Acompaño al general Wenceslao Paunero en su expedición ordenadora del país en 1861 y 1862. Luchó en el ejército aliado durante la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, participando en la batalla de Curupayti, la peor derrota militar que sufrieran las tropas argentinas en la historia, siendo el único jefe de regimiento que no fue muerto ni herido. Participó de la represión a la revuelta jordanista de 1870, las revoluciones de 1874 y 1880. Llegó a ser el general más joven del país, con sólo 31 años, logrando todos sus ascensos en el campo de batalla.
Sus amores y sus lealtades
A fines de la década de 1860, volvió a su tierra natal y tuvo un arrebatado romance con Ignacia Robles, a la que dejó sin saber que estaba embarazada. Mucho tiempo después, en el siglo XX, su hija lo buscaría y lo encontraría en su casa, en tiempos posteriores a sus presidencias. El mayordomo la atendió, y cuando Roca le pregunto su parecer, Gumersindo le dijo: "Esta mujer dice que es su hija, y la verdad, es igual a usted". Roca y Carmen mantuvieron desde entonces una relación muy cordial.
Destinado a la villa de la Inmaculada del Río Cuarto, comandancia de la frontera sur en la lucha contra los indios, conoció a su esposa: Clara Funes, hija de una de las familias ancestrales de la "Docta". Con Clara tuvo un matrimonio formalmente correcto, pero sin demasiada pasión. Nacieron siete hijos, llegando seis a edad adulta: cinco mujeres y un varón. Roca enviudaría en 1890. En 1874 le tocará reprimir a su compadre y jefe, el general José Arredondo, quien se levantó contra la autoridad del presidente Domingo Faustino Sarmiento. Roca, en un movimiento táctico extraordinario, vence a su adversario sin disparar un tiro. Pero Arredondo logró escapar a Chile y así se libró de un seguro fusilamiento. Llevado Roca a un tribunal de honor militar, fue absuelto y muchos años después diría: "Arredondo nunca dijo como pudo huir a Chile, yo tampoco (lo dije)". Es casi una prueba que Roca le permitió a su compadre el salvar la vida.
Su actuación política
Fue ministro de guerra y la realización de la Campaña del Desierto, ordenada por el presidente Nicolás Avellaneda en cumplimiento de una ley del Congreso Nacional, lo catapultó a la presidencia en 1880. Fue hasta hoy, el hombre que más tiempo ocupó la primera magistratura (12 años completos) y su obra de gobierno fue gigantesca. Entre 1880 y 1904, cuando terminó su segunda presidencia, la Argentina había cuadriplicado su población, había multiplicado por diez su red ferroviaria, se había convertido en el primer exportador de granos y de carnes del mundo, y quizá su gran obra, la ley 1420 de educación común, gratuita, obligatoria y gradual, sirvió para establecer uno de los mejores sistemas educativos del mundo. La marina de guerra se convirtió en la más poderosa de la región y el ejército vio incrementado su poder gracias al servicio militar obligatorio.
Una vez terminada cada presidencia, Roca viajó a Europa, sosteniendo que la presencia en el país del presidente retirado era una incomodidad, por lo menos, para el nuevo gobernante: "la acción del mandatario anterior es una sombra oscura para el presidente nuevo". En el viejo continente pudo comparar el progreso argentino entre 1880 y 1904 ya que, en su segundo viaje, su comitiva fue objeto de múltiples homenajes, a pesar de no revestir ningún cargo público. Roca lo tomaba como un reconocimiento de los países europeos a los notables avances económicos, sociales y políticos que la Argentina había conseguido en tan pocos años.
En su entrevista con el rey de Inglaterra, Eduardo VII, y hablando de bueyes perdidos, comentaron que el argentino no hablaba muy bien inglés. Fue entonces que el rey le recomendó lo siguiente: "Better a bed teacher, not a bad teacher" (Mejor una maestra de cama, una amante, que una mala profesora) haciendo un juego de palabras que marca también el nivel de confianza que un argentino ilustre generaba en las cortes europeas.
Su amor otoñal
Durante una temporada de descanso en Niza, Roca observó que una dama joven y bella miraba en lontananza, como huyendo de un recuerdo, en el vestíbulo del hotel. Galante, le envió un ramo de flores que fue aceptado, y así nació su relación con Helene, Elena, una rumana que se convirtió en el amor otoñal del viejo general.
Viajaron juntos por Europa, y finalmente llegaron a la capital argentina, desde donde se fueron a "La Larga", la estancia que la provincia de Buenos Aires le entregó al conquistador del desierto en pago por sus servicios en la zona de Daireaux. Allí, Roca ordenó construir una casa para su amada, a mil metros del casco familiar. Aún hoy se la conoce como la "casa de la madama". Él la visitaba discretamente pero el romance trascendió y sus hijas tomaron cartas en el asunto. Le pidieron una reunión al padre y le requirieron acabar con la relación ya que era un escándalo tratándose de una figura pública. El Zorro las miró con cariño, y solucionó el tema con facilidad: "Tienen razón, voy a casarme con esa señora". Las hijas, perplejas y espantadas, se retiraron y no volvieron a tratar el asunto. Él, por otro lado, aumentó su discreción.
El 19 de octubre de 1914 murió Julio Argentino Roca en su casa de Buenos Aires. Tenía 71 años. El velatorio se hizo en la Casa Rosada, donde la menor de sus hijas, Elena, preguntó a la mayor, Elisa, quien era esa mujer que lloraba desconsoladamente tomándose del féretro del prócer. La lacónica respuesta fue: "Es otra de las hijas de papá". Estaban hablando de Carmen, la muchacha que lo había buscado y encontrado en Buenos Aires.
Quedaron pendientes dos asuntos: el reconocimiento legal de Carmen y la situación de su amada Elena. Los hijos fueron implacables: a Carmen la excluyeron de la herencia luego de un largo juicio sucesorio, y a Elena la desalojaron de la casa que el viejo general le había regalado, aunque no había testado a su favor. Quizá el incendio del casco de la estancia "La Larga" haya sido una venganza deseada por la amante del general. La casa de la madama aún sigue en pie. El destino de Helene fue dramático. Murió muchas décadas después en la zona petrolera del Neuquén, en un incidente violento. Un amor otoñal que hubiera merecido mejor suerte.
El amor de Roca con Guillermina de Oliveira César queda para otro relato, ya que trascendió a todos los otros amores del general.








