Por Roberto Cachanosky.
La recuperación económica depende de la credibilidad en la marcha de la actividad La recuperación económica depende de la credibilidad en la marcha de la actividad
La primera condición para que un plan económico funcione es que el Gobierno genere credibilidad: que la gente lo apoye y que los agentes económicos estén dispuestos a volcar inversiones en ese país.
En el caso de Javier Milei, su gobierno tuvo un gran apoyo inicial, en particular de quienes no quieren que vuelva el kirchnerismo. Al comienzo, la gente que me paraba por la calle o en los negocios me decía que había que apoyarlo, que las críticas había que dejarlas de lado y darle tiempo a que resolviera los problemas. Ahora se muestra preocupada, cansada y desilusionada. "¿Cómo termina esto?", pregunta la gente con angustia.
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Ese apoyo incondicional que Milei tuvo inicialmente ya no tiene el mismo entusiasmo. Lo que sí ocurre es que esa gente desilusionada lo prefiere a que en 2027 vuelva el kirchnerismo.
Transcurridos 34 meses de su gobierno, la economía está entrando en recesión técnica, los salarios no alcanzan para llegar a fin de mes y los puestos de trabajo formales son cada vez menos, en tanto que la inflación encuentra un piso de entre el 1,5% y el 2% mensual.
Al margen de sus promesas de dolarización, cierre del BCRA y no negociar con China ni con ningún país comunista, el presidente Milei afirmó en noviembre de 2023 que entre mediados y fines de 2025 la inflación ya iba a ser historia.
En octubre de 2025 fue más lejos: citó la tesis de un alumno de un amigo suyo que dicta la materia Moneda según la cual el rezago entre que se deja de emitir y la derrota de la inflación no era de 18 meses sino de 26 meses, lo que lo llevó a afirmar que en agosto de 2026 la inflación iba a empezar con cero. Ninguno de esos objetivos fue alcanzado.
Además, el ministro Luis Caputo dijo el 14 de abril: "Los próximos 18 o 20 meses van a ser, probablemente, los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas". La realidad es que la economía sigue sin arrancar.
Un indicador útil para medir el nivel de actividad es el IVA DGI, porque el IVA es el impuesto al valor agregado y el PBI es el valor agregado. El IVA DGI marca mejor el nivel de actividad que si se incluye el IVA DGA, porque este grava las importaciones y puede aumentar cuando crecen las importaciones sin que necesariamente aumente la producción nacional.
El gráfico previo muestra que, en lo que va del año, la recaudación del IVA en términos reales cayó en siete de los nueve meses con datos. El aumento registrado en julio y septiembre se explica porque en esos meses se utilizaron otros impuestos para pagar el IVA, en comparación con los mismos meses de 2025.
El empleo formal, en caída
Los datos de puestos de trabajo en el sector formal que informa el Ministerio de Trabajo siguen mostrando caídas. Tomando la serie desestacionalizada, se perdieron 666.832 puestos de trabajo formales entre noviembre de 2023 y julio de 2026. Si se quita el monotributo social que en gran medida fue un mecanismo discrecional la cifra es de 252.831 puestos perdidos.
Los empleados en blanco se redujeron en 303.450: son 303.450 personas menos que aportan al sistema previsional y que pasan a trabajar en negro o bien como monotributistas. Por cada empleado del sector público que salió del Estado, tres perdieron su puesto de trabajo en el sector privado.
Un crecimiento concentrado que no derrama
En síntesis, la economía está prácticamente estancada, el crecimiento depende de unos pocos sectores y la recuperación prevista para 2027 es débil y está sujeta a numerosos riesgos. Sin confianza, crédito y reformas estructurales, la estabilización macroeconómica difícilmente se traduzca en crecimiento sostenido.
Uno de los problemas de la economía argentina es que el crecimiento está concentrado en determinadas actividades particularmente minería, energía y algunos sectores agropecuarios mientras que otras ramas de la producción, más vinculadas al mercado interno, continúan mostrando signos de debilidad. Esto permite explicar por qué pueden observarse indicadores positivos del PIB sin que necesariamente se perciba una recuperación generalizada del empleo, los salarios y el consumo.
La minería, la producción de petróleo y gas y buena parte de las actividades agropecuarias son sectores relativamente intensivos en capital: pueden incrementar considerablemente su producción mediante inversiones en maquinaria, tecnología e infraestructura sin necesidad de aumentar el empleo directo en la misma proporción.
Por el contrario, actividades como el comercio, la construcción, determinados servicios y buena parte de la industria manufacturera tienen una relación más directa entre su nivel de actividad y la demanda de mano de obra.
Un crecimiento impulsado principalmente por sectores capital-intensivos puede mejorar las estadísticas agregadas sin generar un aumento significativo de los puestos de trabajo.
Obviamente, el campo derrama cuando le va bien. Lo he visto al recorrer varias sociedades rurales del país cuando la soja era la joya del campo. Los mayores ingresos se traducían en más actividad en restaurantes, comercios y hotelería que antes no existían, en las camionetas 4×4 que compran los productores, en maquinaria agrícola, en la contratación de ingenieros agropecuarios, en el transporte de granos, y sigue el listado.
Para Infobae








