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Maratón Diario EL LIBERAL: cómo gestionar las emociones antes de la carrera

A pocos días de la competencia del 1 de noviembre, la preparación mental cobra protagonismo entre los corredores que afrontarán los 10 y 21 kilómetros. La ansiedad, la comparación con otros atletas y las expectativas personales también forman parte del desafío de llegar a la meta.

24/10/2026 21:19 Deportivo
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Por el psicólogo deportivo, Lic. Álvaro Anauate Goitea

Cada año Santiago recibe la cita atlética más esperada entre los aficionados al atletismo de calle o running: el Maratón de EL LIBERAL, donde miles de corredores afrontan un desafío tanto físico como mental en los 10 y 21 kilómetros.

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Si bien esta competencia se hace presente en cada noviembre, verdaderamente comienza meses antes cuando los participantes deciden afrontar la preparación que requiere una carrera de esta envergadura, preparación que para los más principiantes e incluso los más experimentados acarrea desde dudas, miedos y frustración cuando los resultados previos no fueron o son los esperados.

A pocos días de una nueva edición, la preparación física no es el único factor que influye en el rendimiento de los corredores, en donde la ansiedad se incrementa, la confianza disminuye y en donde las expectativas y la gestión de las emociones también forman parte del desafío de llegar a la meta.

Desde la psicología deportiva, comprender qué sucede a nivel mental y emocional antes, durante y después de una competencia permite entender que el rendimiento no depende exclusivamente de la condición física. La manera en que cada deportista interpreta lo que siente, la forma en la que responde ante las dificultades y evalúa sus resultados puede influir tanto en su desempeño como en la experiencia que se lleva de la carrera y en su manera de entender o interpretar el resultado obtenido.

Para afrontar esta competición sería necesario preguntarnos ¿por qué corremos? Una pregunta importante que marcará el devenir competitivo en nuestras vidas y que podría ayudarnos a afrontar momentos en donde la duda, la falta de motivación, un mal resultado o cualquier problema emocional o circunstancial pueden presentarse.

Olvidarse de lo que trajo a un atleta a la línea de largada puede resultar primordial ante eventos de esta magnitud; detrás de cada deportista hay una historia personal y cada uno fue llevado a la línea de largada por algo propio, con sueños, objetivos y miedos totalmente personales; en donde la comparación con otros atletas puede afectar el normal y pleno desenvolvimiento deportivo de cualquier atleta.

La comparación puede ser una asesina de nuestra propia pregunta y de nuestros esfuerzos por responderla con acciones; un corredor puede terminar una carrera con una marca personal y sentir que no fue suficiente, que lo hizo mal porque otro compañero logró un mejor tiempo, o bien puede completar una distancia que meses atrás parecía inalcanzable y, en lugar de reconocer su progreso, concentrarse exclusivamente en aquellos que llegaron antes.

En esta clase de casos, el logro pierde protagonismo frente a la comparación. Ya no alcanza con mejorar: necesitamos mejorar más que alguien, ser mejor que otro o bien, no es suficiente simplemente con participar: necesitamos que los demás reconozcan nuestro desempeño, que observen y vean lo que puedo hacer.

En sí, la búsqueda de reconocimiento no es necesariamente negativa, sentir orgullo por una marca, compartir o presumir la obtención de una medalla tampoco, o el hecho de apreciar el recibir el aliento de familiares y amigos no es malo, puede fortalecer la motivación y generar experiencias muy significativas para uno mismo; pero el problema aparece cuando la aprobación externa se convierte en la principal fuente de satisfacción, en donde otro debe de validarme, otro debe de observarme, otro debe de reconocerme y cualquier mala opinión me invalida o destruye completamente.

Si el esfuerzo de mi entrenamiento solamente tiene sentido cuando alguien lo ve, si una carrera se disfruta únicamente cuando el resultado permite presumirlo o si una marca personal pierde valor porque no genera el reconocimiento esperado, el corredor puede quedar atrapado en una exigencia que nunca terminará de satisfacerse.

Siempre habrá alguien más rápido, no siempre se ganará, no siempre se bajarán los tiempos, no siempre saldrá lo que uno esperaba. En este escenario, el atletismo de calle o running corre el riesgo de dejar de ser una elección personal para convertirse en una búsqueda permanente de validación, en donde puede encontrarse con mayor facilidad sufrimiento y frustración.

Evaluar nuestra experiencia deportiva únicamente por el resultado final ofrece una mirada incompleta y en algunos casos es totalmente irracional y sesgada; también es importante preguntarnos qué aprendimos, cómo nos preparamos, qué decisiones tomamos y qué significado tuvo esa experiencia para nosotros.

La meta no debería ser dejar de competir con los demás, sino evitar que esa comparación nos impida reconocer nuestro propio recorrido, si bien la competencia es una, en ella hay miles de historias, en donde conviven deportistas que buscan ganar, corredores que intentan superar sus marcas, personas que vuelven después de una lesión y participantes que simplemente desean completar el recorrido o bien solo poder sumar algo de actividad física a sus vidas.

Aunque compartan el circuito, no necesariamente comparten el objetivo, y eso es precisamente lo que hace valiosa a esta carrera tan popular: la posibilidad de que cada persona encuentre un desafío acorde con su historia, sus posibilidades y sus motivaciones.

A pocos días de esta prueba, cabe preguntarse: ¿Por qué lo hago?, pero también sería necesario agregar ¿Qué pasa si hoy no lo consigo? Sabiendo que ese resultado no te define, esa marca no te señala; y en donde todo lo que suceda este 1 de noviembre tan solo será una historia única (buena o mala) de tantas que tendrás en tu larga historia deportiva.

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