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Tiempo es cerebro: como reconocer y prevenir un ACV 

Por Dra. Yanina Cangelosi Alba 

01/11/2026 01:00 Santiago
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Tiempo es cerebro: como reconocer y prevenir un ACV  Tiempo es cerebro: como reconocer y prevenir un ACV 

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De repente, una persona deja caer un objeto de una mano. Sonríe y un lado de la cara no responde igual que el otro. Intenta hablar, pero las palabras no salen o resultan incomprensibles.

Puede no haber dolor. Puede no haber ninguna advertencia previa. Pero el cerebro acaba de entrar en una carrera contra el tiempo.

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Un accidente cerebrovascular (ACV) ocurre cuando una parte del cerebro deja de recibir adecuadamente sangre y oxígeno. En la mayoría de los casos se debe a la obstrucción de una arteria por un trombo o émbolo; en otros, a la rotura de un vaso y una hemorragia cerebral.

En Argentina, el Ministerio de Salud estima que se producen alrededor de 150.000 ACV por año. En 2024 se registraron 26.404 muertes por esta causa. El ACV es además una de las principales causas de muerte y la primera causa de discapacidad adquirida en adultos en nuestro país.

Un problema mundial

Según la Organización Mundial de la Salud, durante 2021 se produjeron aproximadamente 11,9 millones de nuevos ACV en el mundo. Y hay una cifra especialmente impactante: se estima que uno de cada cuatro adultos sufrirá un ACV a lo largo de su vida.

La carga global de enfermedad sigue aumentando y gran parte de ella está relacionada con factores de riesgo que podemos modificar.

No todos los ACV son iguales

Entre el 70 y el 80% de los ACV son isquémicos, es decir, una arteria cerebral queda obstruida e impide que la sangre llegue a una parte del cerebro. El trombo puede formarse directamente en una arteria afectada por ateroesclerosis o llegar desde otro lugar. Por ejemplo, desde el corazón: en la arritmia Fibrilación Auricular, el corazón late de manera irregular, la sangre queda parcialmente estancada en la aurícula izquierda y favorece la formación de coágulos. Si uno de ellos viaja hacia el cerebro, puede producir un ACV embólico.

En el ACV hemorrágico, en cambio, un vaso sanguíneo se rompe y se produce una hemorragia dentro o alrededor del cerebro. Los mecanismos son diferentes y también los tratamientos.

Las señales que todos deberíamos reconocer

Los síntomas suelen aparecer de forma repentina. Hay cinco situaciones fáciles de recordar:

- Cara: Un lado de la cara se cae o no se mueve normalmente al sonreír.

- Brazo o pierna: Pérdida súbita de fuerza o sensibilidad, especialmente de un lado del cuerpo.

- Habla: Dificultad para hablar, entender palabras o expresarse con normalidad.

- Ojos / Visión: Pérdida repentina de visión en uno o ambos ojos o alteración visual importante / visión doble.

- Equilibrio: Pérdida brusca del equilibrio o la coordinación.

También puede aparecer un dolor de cabeza súbito, muy intenso e inhabitual, especialmente en determinadas hemorragias cerebrales.

La regla práctica es sencilla: si alguno de estos síntomas aparece de repente, hay que tratarlo como una emergencia. Aunque la persona sea joven. Aunque no tenga dolor. Aunque el síntoma empiece a mejorar.

EL TIEMPO ES CEREBRO: GUÍA RÁPIDA DE ACTUACIÓN

? Reconocé las señales: Cara caída, Pérdida de fuerza en Brazo/Pierna, Dificultad en el Habla, Alteración en la Visión, Pérdida del Equilibrio.

? Ante cualquiera de estas señales: LLAMÁ DE INMEDIATO A EMERGENCIAS.

? No esperes a que los síntomas desaparezcan ni te acuestes para 'ver si mañana estás mejor'.

? No te automediques (no tomes aspirina por cuenta propia sin estudio previo).

? Si es posible, no conduzcas hasta el hospital; activá un sistema de ambulancia.

? Anotá la hora exacta de inicio de los síntomas o la última vez que la persona fue vista normal.

¿Y si desaparece en pocos minutos?

También hay que consultar. Un ataque isquémico transitorio (AIT) puede producir síntomas similares a un ACV que desaparecen espontáneamente porque la obstrucción fue transitoria. Que los síntomas se resuelvan no significa que el problema haya terminado: puede ser una advertencia de que existe un riesgo importante de sufrir un ACV posteriormente y requiere evaluación médica urgente para buscar la causa y comenzar la prevención.

¿Qué pueden hacer en el hospital?

Lo primero es determinar qué tipo de ACV está ocurriendo. Una tomografía cerebral permite diferenciar rápidamente una hemorragia de un ACV isquémico y orientar el tratamiento:

- ACV isquémico: En la tomografía se observa un área más oscura (pérdida de circulación en una zona del cerebro).

- ACV hemorrágico: En la tomografía se observa un área más blanca (sangre dentro del cerebro).

Por eso, ante síntomas compatibles con un ACV no debemos tomar aspirina por nuestra cuenta. Antes es necesario saber mediante una tomografía u otro estudio de imágenes si existe una obstrucción o una hemorragia.

El cerebro no puede esperar

Se estima que durante un ACV isquémico no tratado pueden perderse alrededor de 1,9 millones de neuronas por minuto. Por eso en neurología se repite una frase: "Tiempo es cerebro".

En determinados ACV isquémicos, si el paciente llega precozmente y cumple los criterios adecuados, es posible administrar medicamentos capaces de disolver el trombo. Esto explica por qué conocer la hora exacta en que comenzaron los síntomas —o la última vez que la persona fue vista sin ellos— es información tan importante.

La hipertensión: el gran factor prevenible

Cuando hablamos de prevención del ACV, hay un protagonista que aparece una y otra vez: la presión arterial. La OMS identifica a la hipertensión como el principal factor de riesgo de ACV y estima que las personas hipertensas presentan un riesgo cercano a tres veces mayor que quienes no tienen hipertensión.

Durante años, la presión elevada puede dañar las arterias grandes y pequeñas del cerebro sin producir síntomas. Por eso medirla correctamente, diagnosticar hipertensión y tratarla cuando corresponde es una de las intervenciones más importantes de prevención neurológica. Controlar la presión no es solamente prevenir un infarto o una insuficiencia cardíaca: también es proteger el cerebro.

El colesterol también cuenta

El colesterol LDL elevado favorece la ateroesclerosis. Cuando las placas afectan las arterias carótidas o las arterias intracraneales pueden estrechar progresivamente el paso de sangre y convertirse en origen de trombos o émbolos. Por eso el control de colesterol forma parte de la prevención vascular tanto del corazón como del cerebro.

En determinados pacientes con una estenosis carotídea importante y síntomas compatibles puede incluso ser necesario evaluar una intervención para restablecer adecuadamente el flujo.

¿Qué podemos hacer para prevenir?

Medir y controlar la presión arterial. No fumar. Mantenernos físicamente activos. Controlar colesterol y diabetes. Priorizar una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas, y moderar especialmente el exceso de sodio. Mantener una composición corporal saludable. Detectar y tratar la fibrilación auricular cuando corresponde. Y, si ya ocurrió un ACV o AIT, cumplir correctamente el tratamiento indicado para prevenir una recurrencia.

La OMS recomienda al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada y destaca el control de hipertensión, diabetes, dislipidemia y fibrilación auricular como medidas centrales para disminuir el riesgo.

En un ACV, consultar a tiempo no solamente puede salvar una vida: también puede preservar la posibilidad de hablar, caminar y seguir siendo independiente. Prevenir un ACV también es proteger la salud cognitiva: los eventos cerebrovasculares, incluso algunos pequeños o silenciosos, pueden contribuir al deterioro de la memoria y a la demencia vascular, involucrando la autonomía del futuro.

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