Una foto en el cementerio de carpas Una foto en el cementerio de carpas
El lado oscuro del tour
Una familia completa baja de un auto en las inmediaciones de lo que queda del camping municipal y comienza lo que parece una búsqueda implacable. Varios de ellos llevan listas sus cámaras esperando capturar algún trofeo fotográfico que luego seguramente compartirá con sus conocidos rememorando el tour del horror que realizaron en la tarde de ayer.
El predio es literalmente un terreno yermo, un punto muerto en la historia de la villa, un cementerio de carpas y recuerdos de alegrías compartidas que se truncaron repentinamente de manera inexplicable.
Chinelas y ojotas sin sus respectivos pares, remeras, ropa de baño, sábanas, cobertores plásticos retorcidos, aplastados y semienterrados por la furia del desborde de agua, lodo y rocas, configuran un paisaje que impacta, difícil de digerir para las mentes y corazones sensibles, pero que indudablemente constituyen tesoros para muchos de los turistas morbosos que lo recorren.
Las huellas del horror
Las marcas del alud son inequívocas: el río desbordó con bastante fuerza, arrastrando todo el campamento a su paso, pero provocó mayor daño por un pronunciado vado que funcionaba como callecita y hasta como aparente transporte del agua que alimentaba las piletas de natación del predio, que hoy, arrasado por las rocas, es apenas una gran hondonada y como único testigo de su antigua función, penden de sus bordes dos escalinatas de caño que ya para nada sirven.
Desde este punto, entre otros, la creciente arrastró a la familia Ahumada, cuyo único sobreviviente, el Dr. Ahumada, se salvó milagrosamente, solo para sufrir el dolor de perder a sus amadas hijas y esposa. Observando las ruinas de este lugar que fuera de alegría y esparcimiento, es difícil que no invadan la memoria los detalles del doloroso relato del angustiado padre a quien el río le arrebató sus pequeñas de las manos. l







