Santiago EXCLUSIVO

Un viaje a la Casa de Ejercicios Espirituales fundada por Mama Antula

Miles de historias encierra la "Santa Casa". Se trata de uno de los pocos testimonios de la arquitectura colonial que quedan en pie, y se encuentra en Constitución. La leyenda de María Antonia de Paz y Figueroa, contada por la hermana superiora Zulema Zayas.

16/04/2016 -

Ingresar a la Casa de Ejercicios Espirituales creadas por María Antonia de Paz y Figueroa en el año 1795 es adentrarse en su mundo. Invadido de armonía que habla de su amor por Jesús, de su entrega por el pueblo de Dios.

Antiquísimos ventanales, techos forjados en el siglo XIIX que resisten con hidalguía el paso de los año, siempre testimoniando la fortísima obra de Mama Antula. Sus gruesas paredes sostienen capillas, claustros amplios, solares que se extiende por toda una cuadra, en pleno centro porteño. Aquí vivió ella. Aquí murió también.

Dicen las Hermanas Hijas del Divino Salvador, que su andar por toda la casa aún se siente cuando año tras año cientos de personas vienen en busca de la paz que solamente los ejercicios espirituales fomentados por ella pueden poner al alcance de sus almas atormentadas o no. La hermana superiora Zulema Zayas nos recibe con una amplia sonrisa. "¡Son de Santiago, del pago de Mama Antula, bienvenidos…!".

"Nos estamos preparando con todo para asistir en Santiago del Estero a la beatificación y también preparamos nuestra propia fiesta para septiembre cuando nos gustaría que los santiagueños también vinieran aquí, peregrinando como lo hizo Sor María Antonia". La hermana Zulema dice que la casa fundada por la Beata es "un solar de la vía espiritual, del silencio, de la oración". Y cuenta con pasión: "María Antonia reunía aquí hasta quinientas personas en retiros espirituales.

Hoy aquí se siguen haciendo y entran cómodamente alrededor de cien ejercitantes, pero en aquel entonces ella era capaz de dormir en el piso para albergar a uno más que se acercaba con deseos de encontrarse con el Señor".

"Desde aquella época y hasta hoy usamos el método de San Ignacio para los retiros espirituales, es decir, se dan los espacios necesarios para la oración, hay sacerdotes jesuitas que hacen el seguimiento y tienen entrevistas personales con la gente; hay cuatro momentos de meditación, la misa, los sacramentos, todos con la herramienta fundamental del silencio, un silencio que acompaña…". Hace falta un milagro -Hermana, para la canonización hace falta un milagro. "El poder de la oración es fundamental. Yo misma le dije al papa Francisco en Roma que cuando viniera a la Argentina canonizar a Mama Antula y él me decía que hace falta un milagro, pero que con la beatificación su obra alcanzaría a conocerse más y la gente le rezaría con más fervor. Yo creo que no tardará en llegar (la nueva gracia) porque ella nunca dejó de interceder por aquél que le pidiera… Yo pido que la gente rece mucho y que le pida su intersección".

La charla se interrumpe de repente. La hermana se detiene delante de una puerta de madera raída. Un pequeño cuarto se abre ante nuestros ojos. Los pisos de ladrillo denuncian una historia de años y años. Sin ventanas. Cobija la misma cruz de madera que usó Mama Antula en su formidable peregrinación hace cientos de años.

"Aquí descansaba ella, en esta pequeña habitación falleció rodeada de sus hermanos. Todavía guardamos su reliquia, los objetos que usaba, aquellos que le servían para rezar con los que encontraba la fuerza necesaria para trabajar a favor de los necesitados". La cruz de madera está en un cofre de vidrio. Hay un altar que le fuera regalado por los Virreyes de Paraguay, en agradecimiento por una gracia especial recibida.

Un gran cajón de pan en un costado guarda la historia de días en los que no había para comer, días en los que ella mandaba sin embargo a buscar pan allí, y del vacío se pasaba a la abundancia. Es imposible no imaginarla de rodillas, con la mirada puesta en lo alto, pidiendo a Dios por sus hermanas, por las mujeres a las que protegía, por las personas afligidas.

 
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