Opinión OCTUBRE Y MÁS

Transición larga

Para el peronismo, el cambio llevará su tiempo. Lo que preocupa a Cambiemos.

28/08/2017 -

El desconcierto condena al peronismo a pensar en recetas de mediano y largo plazo. En el marco electoral, finalmente se confirma la victoria de Cristina Fernández de Kirchner en la provincia de Buenos Aires por un margen que oscilará entre 0,5 y un punto y medio. El Gobierno, que salió a reconocer su derrota sobre la mitad de la semana pasada, tiene la convicción de que revertirá ese resultado en octubre. Los indicadores de confianza lo favorecen ya que –según diferentes estudios de opinión pública– “cerca del 50% de las personas consultadas cree que el Gobierno logrará mejorar su situación actual”.

Esto contrasta con la baja percepción acerca de su capacidad para “la resolución de problemas que hasta el momento ostenta el oficialismo” que exhiben esas mismas encuestas. Sin embargo, el voto de confianza hacia el futuro le juega a favor. En este marco, hay más posibilidades de que el Gobierno recupere votos en octubre que sea la ex presidenta quien lo logre.

“El kirchnerismo duro ya definió su techo, incluso dentro de una parte radical del peronismo”, asegura un analista que predijo con bastante precisión lo que sucedió en las Paso. “En cambio, el Gobierno tiene un margen mucho mayor para recuperar el voto de algún adherente blando descontento que haya recurrido en forma de castigo al massismo”.

Los PRO puros o de paladar negro se regocijan al recordar que habían advertido que el tigrense estaba inflado en las encuestas. Pero más crudo aún es el análisis que los propios peronistas hacen de la situación. “CFK no es una opción para los que buscan cristalizar y reformular el partido. No lo es para muchos intendentes y no lo es para la mayoría de los gobernadores”, señala una voz de peso dentro del universo del PJ bonaerense.

Una de las particularidades de la campaña por venir es que la ex presidenta abandonará su perfil amical para peronizar su discurso y adoptar una postura más confrontativa frente al Gobierno. Por su parte, tanto Sergio Massa como Florencio Randazzo son hoy una incógnita que sólo el tiempo despejará. Massa no logra despertar confianza ni en propios ni en ajenos. La floja cosecha electoral en las Paso volvió a colocarlo dentro de las posibilidades de mediano y largo plazo; por su edad y por su tenacidad, nadie lo da por muerto.

Algo de esto reconoció el ex intendente de Tigre cuando, en una entrevista que hizo ruido, dijo: “Tengo 45 años y mucho para dar”. Florencio Randazzo, que no deslumbró con su performance, a diferencia de Massa arrancó la contienda desde atrás y se encargó de advertir que está para correr una carrera larga sin urgencias electoralistas, “al menos por ahora”, según sostiene uno de sus operadores.

Para muchos peronistas, si no queda otra que esperar, el ex ministro del Interior resulta más confiable que Massa. En el entorno del hombre de Chivilcoy ya especulan con las primeras mediciones post Paso, donde reconocen un crecimiento de Cambiemos por encima de Cristina Kirchner. El desafío de Cumplir es mantener su propia cosecha, cosa que será difícil. En la semana que pasó, sufrió deserciones hacia CFK y hacia Massa. De todos modos, todavía es muy pronto para arriesgar cálculos certeros.

Justicia. En este contexto, la nueva citación a indagatoria a CFK y su familia en la causa Hotesur despertó suspicacias en quienes son críticos de la labor judicial: “Una ex presidenta vencedora y con gran número de adhesiones era más difícil de tocar. No tengo dudas de que, si en octubre la gente le da la espalda, el horizonte judicial se le volverá a poner complicado”, dijo un conocedor de la compleja trama que se teje en los juzgados federales de la avenida Comodoro Py.

La pata sindical volvió a mostrar su peor cara. La marcha y el acto del martes que pasó dejaron –una vez más– la foto que, hay que reconocer, le conviene al Gobierno: peleas entre bandos de diferentes gremios, discursos flojos, falta de liderazgo y divisiones internas. Uno de los triunviros sentenció: “Lo que pasó fue una vergüenza, otra vez hicimos el ridículo. Se notó que hubo mucha segunda línea; la mayoría eran empleados de la CGT”. Se quejó lleno de bronca.

Los nubarrones que se ciñen sobre el peronismo amenazan con quedarse un largo tiempo. Estamos ante la cristalización de un momento de transición política donde todo puede suceder.

En el oficialismo, entretanto, se debaten entre la euforia y la preocupación. El caso de la desaparición de Santiago Maldonado va en vías de convertirse en un verdadero dolor de cabeza para el Gobierno, no sólo por el reclamo de su familia, de los organismos de derechos humanos y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sino porque, además, ha puesto sobre la escena la aparición de grupos como RAM (Resistencia Ancestral Mapuche), que amenazan con el sostenimiento de un plan de lucha violenta que va más allá de su zona de asentamiento.

Respecto de Maldonado, lo grave es que se repita un caso similar al de Jorge Julio López, el albañil desaparecido el 18 de julio de 2006, tras haber declarado en el juicio contra el represor ex comisario Miguel Etchecolatz, y de quien hasta el día de hoy nada se ha sabido.

Por otra parte, los ataques a la Legislatura bonaerense y al Ministerio de Seguridad de la Provincia son otra muestra de la tensión que genera el nuevo mapa político. Según dijo el propio ministro Cristian Ritondo, de estos dos hechos, el incendio de dos vehículos en el estacionamiento del ministerio podría tener que ver con el avance sobre las “mafias en el sistema policial, el narcotráfico, La Salada, las plantas verificadoras y los pases a retiro de uniformados”.

Los números son contundentes: hay en la fuerza más de 30 mil policías investigados, incluyendo los casi 6 mil apartados por su participación en distintos delitos de diverso tipo y gravedad. Esos serán una parte pequeña de los números que el Gobierno buscará capitalizar a lo largo de la campaña, a la espera de que el incipiente repunte de la economía se vaya haciendo más firme y llegando a la gente. “Los buenos gobiernos se conocen cuando lo que hacen vale más que lo que sus opositores dicen” (Antonio Maura). l


 
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