Evangelio según San Marcos 4,35-41.

27/01/2018 - A l a t a r d e c e r d e e s e mismo día, les dijo: “Crucemos a la otra orilla”. Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. Lo despertaron y le dij e ro n : “ ¡ M a e s t ro ! ¿ N o t e impor ta que nos ahoguemos?”. Desper tándose, él increpó al viento y dijo al mar: “¡Silencio! ¡Cállate!”. El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. Después les dijo: “¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?”. Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: “¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?”. E l v i e n t o c e s ó y v i n o una gran calma. É l l e s d ij o : “ ¿ Po r q u é sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?” S e q u e d a r o n e s p a n - tados y se decían unos a otros: “¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!” Comentario Así como el buen soldado no tiene miedo de comb a t i r, a s í m i s m o e l b u e n cristiano no le teme a la tentación [...] ¡La tentación más grande es no tener ninguna! Se puede casi decir que estamos felices de tener tentaciones: es el momento de la cosecha espiritual en la que acumulamos para el cielo [...]. Si estuviésemos bien penetrados de la Santa Presencia de Dios, nos resultaría fácil resistirle al enemigo. Con este pensamiento: ¡Dios te ve! no pecaríamos jamás. Había una santa que se quejaba ante nuestro Señor después de la tentación y le decía: “‘¿Dónde estabas, pues, mi querido Jesús, durante esta horrible tormenta?”. Nuestro S eñor le respondió: “Estaba en medio de tu corazón”.

 
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