El Evangelio EL EVANGELIO DEL DOMINGO

¡Cállate y sal de este hombre!

PBRO. MARIO RAMÓN TENTI.

28/01/2018 - La escena se desarrolla en Cafarnaún. Siguiendo la tradición judía, Jesús va el sábado a la sinagoga para participar de la instrucción de la Torá. Allí, se pone a enseñar sobre la cercanía del Reino de Dios, provocando el asombro de la gente por su autoridad. Los escribas, intérpretes de la Ley y la tradición, que ejercían en tiempos de Jesús una fuerte influencia política y religiosa sobre el pueblo, aparecen ya desde el comienzo del evangelio como férreos opositores a Jesús. La autoridad de Jesús se manifiesta en que su enseñanza va acompañada de acciones poderosas, de un testimonio insoslayable de la bondad de Dios. En la Sinagoga había un hombre poseído por un “espíritu inmundo” que dijo a Jesús: “¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú, el Santo de Dios”. Jesús le ordena salir de aquel hombre, no permite que nada ni nadie oprima a sus hermanos. El grito del demonio al salir del hombre es un signo de la derrota del mal en manos de Jesús. Su poder amoroso promueve la vida y libera a los excluidos de este mundo. Jesús ha venido a sanar, a curarnos de toda patología social, religiosa y política que oprime a los hombres; su anuncio es buena noticia que sana y salva, sus gestos curativos manifiestan que Dios es un Padre bueno, que quiere que nosotros sus hijos tengamos salud integral y alcancemos la felicidad. Conclusión No caben dudas de que este es un “relato de misión” que se inserta no sólo en tiempos de Jesús sino que apunta al trabajo de evangelización de la Iglesia de todos los tiempos. Con Jesús, el Reino de Dios se ha hecho presente, éste implica una transformación radical de los hombres, de sus relaciones con los demás, con Dios y con la naturaleza. El mal, lo demoníaco es vencido por Jesús, el Santo de Dios, portador de un poder que salva. La Iglesia, continuadora de la misión de Jesús, tiene que seguir anunciando al mundo con palabras y gestos que el Reino de Dios actúa en la historia aniquilando todos los poderes que oprimen a los hombres impidiéndoles acceder a los bienes de la vida ofreciéndoles la cercanía de Dios que es gozo y alegría que incluye y fraterniza. Hoy más que nunca los cristianos estamos llamados a sanar las heridas de todos aquellos que han quedado fuera de la mesa de la vida, acercarnos haciéndolos nuestro prójimo, levantándolos, curando sus heridas, dándoles consuelo y protección. Entonces sí, lo que anunciamos será una luz de esperanza para el mundo, y seguirá sosteniendo la fe en el Señor de la vida.

 
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