Santiago PALABRA DE DIOS

"Todo lo ha hecho bien. Oír a los sordos y hablar a los mudos"

Evangelio según San Marcos 7,31-37.

09/02/2018 -

Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.

Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos.

Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua.

Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: "Efatá", que significa: "Abrete".

Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.

Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la admiración, decían: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos".

Comentario

"Cantaré al Señor mientras viva, tocaré para mi Dios mientras exista" (Sal 103,33) ¿Qué cantará el salmista? Cantará todo lo que Dios es. ¡Cantemos la gloria del Señor durante toda nuestra vida! Nuestra vida actual no es más que una esperanza; nuestra vida auténtica será la eternidad; la vida de esta vida mortal es la esperanza de la vida inmortal.

"Cantaré al Señor mientras viva, tocaré para mi Dios mientras exista". Y como viviré en él para siempre, mientras exista cantaré a mi Dios.

A Jesús le llevan un hombre sordo y tartamudo; un hombre que tenía mucha dificultad para comunicarse y relacionarse; un hombre que prácticamente vive aislado y solo. Y le suplican que le imponga las manos. Jesús lo llevó a parte, metió los dedos en los oídos, le tocó la lengua con saliva y le dijo "Effatha", ábrete.

Este hombre es reflejo de muchas personas de nuestra sociedad ya que las heridas más graves de mucha gente tienen que ver con las relaciones con los demás y con el mundo.

Muchas personas están endurecidas, atrofiadas y paralizadas; viven encerradas en sí mismas y solas entre la gente; son como llaneros solitarios que vagan perdidos en medio de la masa humana; personas aisladas y con miedo al otro que les hace refugiarse en sí mismas y expuestas a no encontrar un sentido a su vida.

Así como Jesús tocó los sentidos del sordo tartamudo y llegó a abrir el corazón y transformarlo en otra persona, también ahora el Señor sigue realizando el cambio de los corazones mediante la escucha de la Palabra y la acción de los Sacramentos; este cambio produce otra actitud ante las cosas, el mundo y los hombres y entabla una relación verdadera con todos; se produce una verdadera y profunda sanación y liberación que hace que podamos llegar a tender puentes con los demás, podamos volver a ver la vida con ojos nuevos y podamos descubrir la bondad del mundo que Dios creó.

Comprendamos cuán importante, eficaz y transformadora es la presencia de Jesús en la vida de los hombres. Así lo expresó la gente llena de asombro cuando vio la curación del sordo tartamudo: "Todo lo hizo bien".

San Juan Pablo II decía: "No tengáis miedo de acoger a Cristo ni de aceptar su poder. No tengáis miedo. Abrid de par en par las puertas a Cristo... Cristo sabe lo que hay dentro del hombre. Solo Él lo sabe... Con gran frecuencia el hombre no sabe hoy lo que lleva dentro, en el fondo de su ánimo, en su corazón...

Permitid a Cristo hablar al hombre. Solo Él tiene palabras de vida, sí, de vida eterna".

 
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