ANÉCDOTAS DE TAXI | Ojo por ojo...

Por Víctor David Bukret.

09/05/2018 -

Ni bien sube al auto, ya esta peleando. Con el perro, con el jardinero y con la empleada. Vieja jodida como ninguna. Y... encima con plata. No deja títere con cabeza, y le da hasta al que no conoce. ¿Por qué digo esto? Porque la vez que venía hablando mal de los políticos, le dije:

-Y... ¿qué opina de ese diputado, ese tal David Bukret, que le hizo adjudicar casa a todas sus novias?

-"¡SI, ESE ES DE LO PEOR... SI HE LEÍDO EN INTERNET!".

La cuestión es que hoy la llevaría hasta la Terminal.

Su gataflorismo no tiene límites, pero lo que más bronca le genera en este mundo, son las motos; o sea, a los cristianos de dos patas que las manejan.

Por lo que sea: sin casco, sin espejos, tres en la moto, escape libre, "tuneadas". Bueno, convengamos que en Santiago tiene pa' hacer dulce.

-¡Aquel, aquel fijate está por cruzar en rojo! ¡Miralo a éste otro, se adelanta por la derecha! ¡Y aquella, ¿habrá tendido la cama antes de salir a pasearse con semejante moto?

-Noooo, seguro que no, y le fian motos en todos los comercios -le agrego para darle letra.

-Si, chinitas vagas, ya no te quieren agarrar una escoba... Yo también manejo hijo, y a los que más odio son a los cadetes. Entran de contramano, se te cruzan por todos lados, no ponen nunca el guiño...

Y así, mi amiga le seguía tirando flores a los muchachos, y encima yo le iba mostrando infractores y disimulaba la risa...

Llegamos a la parte trasera de la terminal, donde retiraría una encomienda y la llevaría de vuelta a su casa. Bajó presurosa y caminó unos metros en dirección a las ventanillas.

En un descuido, un tipo le arrebató la cartera, haciendo que en el forcejeo cayera bruscamente al piso. Por instinto bajé de inmediato, aunque debo reconocer que soy muy cagón, no sabía si correr al chorro, o auxiliarla a ella. Opté por lo segundo.

En ese instante, dos changos lo dieron vuelta de una piña al ratón, y recuperaron la cartera de doña Sara. Uno de los muchachos lo retuvo en el piso hasta que llegó el patrullero. Ella les agradeció a los changos con un par de billetes, y éstos se fueron en sus motos, a entregas sus pedidos del delibery.

 
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