El Evangelio EL EVANGELIO DEL DOMINGO

¿Qué debemos hacer? Lucas 3, 2b-3. 10-18

PBRO. MARIO RAMÓN TENTI

16/12/2018 - El mensaje de Juan gana adeptos, muchos de aquella sociedad están convencidos que es necesario un cambio, por eso se acercan al profeta y le preguntan: ¿Qué debemos hacer? Juan no les pide dirigirse al desierto para aislarse de la realidad ni tampoco expresar su deseo de cambio a través de ritos cultuales, sencillamente los invita a solidarizarse con los pobres, a construir una sociedad de justicia, con inclusión y sin violencia. El mensaje se dirige principalmente a los responsables de esta situación de inequidad: el que tenga dos túnicas dé una al que no tiene; el que tenga de comer, comparta con el que no tiene; a los publicanos, no roben ni exijan más de lo que corresponde, a los soldados no extorsionen y no hagan falsas denuncias para congraciarse con el poder político. Son propuestas simples, que invitan a la solidaridad, que transitan por los caminos de la justicia. No hay otro modo de preparar el camino de la venida del Salvador; Juan nos enfrenta con nuestra propia verdad, aquí se acaban los discursos ideológicos y religiosos, sólo vale la solidaridad. Todo lo otro son palabras que lleva el viento. Jesús dirá lo mismo: “cuando tuve hambre y me diste de comer, sed y me diste de beber, preso y me visitaste, enfermo y me fuiste a ver, desnudo y me vistieron, de paso y me alojaron. En la obras de solidaridad se juega la vida del verdadero hombre de Dios, discípulo de Jesús. No se puede servir a Dios si se olvida al hermano, si dejamos de acompañar a las víctimas de la sociedad que los excluye y estigmatiza. ¿Qué debemos hacer? Esta pregunta resuena a lo largo de todo el planeta, no habrá un mundo en paz, mientras siga existiendo la inequidad, la injusticia y el lucro por encima de todo. Sólo tendiendo puentes de amistad, socorriendo a los que sufren, sanando heridas sociales y culturales podremos vivir en un mundo de hermanos. Conclusión La cercanía del nacimiento de Jesús nos invita a formularnos a nivel personal y comunitario la misma pregunta: ¿qué debemos hacer? ¿Cuál será nuestro compromiso solidario con los que sufren? En nuestra patria son tantos los hermanos que no tienen vivienda, que les falta el pan en la mesa, mujeres maltratadas y abusadas, chicos que no pueden acceder a la educación, jóvenes sumidos en el consumo de drogas llevando una vida sin sentido, miles de hermanos sin trabajo, familias destruidas por el abandono y la violencia. ¿Acaso podemos celebrar la Navidad sin atender esas necesidades del pueblo de Dios? ¿Vamos a seguir edulcorando la religión para autoconvencernos que de esa manera somos fieles a Jesús? Son necesarios nuevos paradigmas que promuevan relaciones humanas más sanas, pero no basta con ello, si no hay hombres nuevos, convertidos en la presencia de Dios que pongan como centro de sus vidas y su obrar la dignidad de toda persona humana, serán principios vacíos que nada construirán, que mantendrán la situación actual tan necesitada de ser transformada. Una Navidad sin hombres nuevos es como un barco sin timón que navega a la deriva. El Nacimiento de Jesús, y sobre todo sus enseñanzas, nos abren posibilidades para una mejor vida, para un nuevo mundo sin tanto dolor.

 
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