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Viñedos santiagueños, un emprendimiento que vuelve a recobrar el sueño del cultivo y la producción

La experiencia de la finca María del Pilar, en Higuera Chacra.

- 12:14 Santiago

Alejada de las zonas templadas de Cuyo, en tierra santiagueña también se apuesta al cultivo de la vid para la producción de vino. Ese es el desafío que se impuso un grupo de emprendedores santiagueños, aunque por el momento incipiente, los primeros pasos con los cultivos y recolección del fruto están dados, mientras se afinan detalles para avanzar en la fermentación y elaboración final del producto.

Con la mente puesta en crear un producto fino y de calidad elaborado desde nuestra provincia, emprendedores locales apuestan a desterrar el mito de que en Santiago no se puede producir vinos. Con gran pasión y dedicación, la familia Luna en su campo de Higuera Chacra (Robles) y por otro lado, la Cooperativa San Benito con la finca Don Antonio en Villa Rio Hondo, son dos ejemplos palpables de tesón y afianzamiento en este tipo de producción.

La apuesta por el cultivo y la elaboración del vino en nuestra provincia tiene ribetes históricos y apasionantes. Se trata de una larga historia de 463 años y forjada por la labor de generaciones de mujeres y hombres que con el correr de los años, arraigaron y adaptaron las vides provenientes de Europa para cultivarlas en tierra santiagueña, muchas veces en las condiciones más desfavorables.

Sin dudas que el aporte de una gran corriente inmigratoria europea, conocedores del quehacer vitivinícola, posibilitó luego un cambio sustancial en el cultivo de la vid y dio un gran apoyo a esta industria. Los inmigrantes trajeron consigo nuevas técnicas de cultivo, otras variedades de vid aptas para la elaboración de vinos finos, que encontraron en nuestro país un hábitat ideal para su desarrollo, y la innovación de las prácticas enológicas utilizadas en las bodegas.

Aclimatar y adaptar los cultivos ha sido y sigue siendo un gran desafío para la nueva generación de productores, pero no un impedimento para encarar la producción del vino.

Un ambicioso sueño pisa fuerte en Higuera Chacra (Robles), en la finca María del Pilar de casi 3 hectáreas, donde además de los viñedos, la familia Luna se dedica a la explotación de otra clase de cultivos: manzanas, ciruelas, higos, peras y duraznos. Fue exactamente el 15 de octubre del 2012 cuando inició el proyecto de plantación de estacas de 4 variedades de uva para vinificar: Cabernet Sauvignon, Malbec, Sah y Petit Verdot. Desde el entorno familiar, explicaron que al notarse que en un año, “la adaptación fue mejor de lo pensado”, se continúo con la inversión y se implantaron más variedades: Bonarda, Torrontés Riojano y Tannat, como así también gran cantidad de plantas para uva de mesa, de variedades tales como: Superior, Red Love y Venus.

“Se trata de un proyecto integral, ya que aparte de uvas, también está en proyecto hacer aceite casero, porque se cuenta con una gran cantidad de olivos”, señaló Cristian Luna a EL LIBERAL.

El emprendimiento productivo se encuentra bajo el respaldo técnico del ingeniero Gylles Aroun, en lo que refiere al área de desarrollo vegetativo de las plantas, mientras que para el proceso de vinificación, está al mando del trabajo el enólogo formado y radicado en Mendoza, Juan Manuel Mallea. “Hace unas semanas se realizó la vendimia, siendo los primeros en cosechar la uva a nivel nacional, debido a nuestras condiciones climáticas, mientras que se encuentra finalizando el proceso de fermentación”, contó el productor.

Este emprendimiento familiar logró hace unos años un importante convenio con la Facultad de Agronomía y Agroindustrias de la Unse, con el fin de que alumnos de esta institución realicen la capacitación de recursos humanos, asesoramiento, comodatos, prácticas, ensayos, servicios técnicos y prácticas profesionales supervisadas (PPS).

“Desde la Bodega Finca María del Pilar, nos proponemos fomentar la industria vitivinícola de la región en conjunto con el desarrollo del enoturismo, atrayendo al turista, mostrando una propuesta diferente para todo aquel que nos visite”, explicaron desde la familia Luna, entre los grandes desafíos que tienen como emprendedores.

Experiencia de la vendimia 2019

“Lamentablemente no ha sido este el mejor año por las lluvias y cosechamos casi 1.500 kilos, que es poco, ya que la intención era lograr 3 mil kilogramos”, explicó el enólogo Gylles Aroun. “Por lo menos, lo que se ha podido cosechar, está fermentando y viene bien aromático, y la semana que viene veremos cómo va evolucionando”, ahondó.

En relación a la cuestión climática como posible impedimento para la producción vitivinícola, dijo: “Hay que trabajar mucho más comparado a la zonas de Cuyo, pero es posible. Se ha hecho mucho para mejorar la calidad de la uva y poder tener un buen vino”. Explicó que “con Eduardo Luna –propietario de la finca– tratamos de buscar otro inversor para que se desarrollen más viñedos.

Y esto es algo que lleva tiempo, porque se planta y se esperan dos o tres años para empezar, ya que los primeros tiempos las producciones no son las mejores, y hay que esperar que el viñedo se asiente”, resaltó. Este año se piensa avanzar en la siembra de 10 mil plantas, y la gran expectativa para los productores es “poder comercializar este mismo año, que al principio no sería a gran escala”, resaltó Cristian Luna. El enólogo Aroun analizó también el comportamiento de cada varietal para tener una producción de calidad.

“Si bien tenemos Malbec, para diferenciarnos y no competir con los mismos en las demás provincias, tenemos además Petit Verdot, y Marselan, un nuevo injerto que está poco difundido y se adapta muy bien al clima de Santiago”, resaltó, entre las variedades acorde al tipo de suelo y clima de la provincia. La bodega de la familia Luna está aprobada por el Instituto Nacional de Vinicultura e inscripta como bodega artesanal, mientras que se encuentra en trámite la etiqueta finca María del Pilar, como bodega artesanal.

La familia es consciente que la producción de la finca “es una fuente de trabajo importante”. Y a partir de los volúmenes producidos, son conscientes que de lograr el objetivo de imponer el producto del vino, podría tener en un futuro no muy lejano un alcance local y luego regional. Bajo esta premisa, los trabajos en el viñedo son incansables, y es todo un desafío seguir avanzando para consolidar el producto. “Hoy hay experiencias de viñedos en Córdoba, Mar del Plata, Entre Ríos –ejemplificó el enólogo en cuanto a experiencias encaradas– solo es cuestión de trabajar más.

Estamos buscando variedades para que el calor no afecte tanto a las plantas. Este año ha habido mucha lluvia, y a nosotros nos ha afectado un poco, al igual que todo el país”, dijo, al reconocer que si bien la calidad de la uva “fue buena, la cosecha de este año fue poca. La uva es muy plástica, y hay variedades que se adaptan en lugares donde hace frio y otras donde hace más calor. Este es un trabajo en el que es necesario conocer el suelo, el clima y el comportamiento de la planta”, recalcó Gylles Aroun.

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