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Evangelio según san Marcos 6,53-56

- 23:38 El Evangelio

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos, terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas.

En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.

Reflexión

En un país, como Palestina, donde la pobreza era tan común, no era extraño que las enfermedades fuesen también abundantes. Por eso, no es sorprendente que cuando Jesús llegaba a alguna población, provocara en aquella comarca una cierta conmoción entre la gente sencilla y necesitada. Los médicos profesionales eran privilegio de una pequeña elite. El resto ¿a quién podía acudir?

La enfermedad iba rodeada, además, de prejuicios comunes; tenía carácter excluyente, de ahí que la curación implicara liberación ya que significaba volver a integrarse en la comunidad. Enfermedad y pecado se suponía estar relacionados. La curación implicaba, por lo mismo, devolver al enfermo su puesto en la comunidad. La sanación, por tanto, además de curación física suponía liberación plena de la persona enferma.

Por eso, para Jesús las curaciones eran un modo de manifestar la llegada del Reino de Dios. A la pregunta de los discípulos de Juan de si era él el Mesías, Jesús respondió con una serie de hechos que expresaban, sobre todo, liberación de los más pobres, los enfermos. Esa llegada del Reino él la manifiesta en ir creando un mundo diferente. Lo expresa en todo lo que lleva a cabo. El más espectacular es, sin duda, el de las curaciones. Lo curioso del evangelio que leemos este día, es que Jesús parece estar inactivo. Son los enfermos o sus familiares los que se acercan, aunque solo sea para tocar la orla de su manto desde la seguridad de quedar sanos.

¿Qué esperaba Jesús de quienes acudían a él? Fe. Es lo que presuponía la sanación. Sus milagros no eran más que un modo de reconocer la presencia de Dios y un encuentro con él. Por eso la fe, también hoy, es el único camino para contactar con Jesús. Quizá precisemos, antes, reconocernos "enfermos", necesitados, para que ese contacto con él surta también en nosotros el efecto sanador.

Hoy la medicina ha dado pasos importantes, avances espectaculares en muchos aspectos. El sufrimiento, el dolor, siguen acompañando al hombre en su paso por la tierra, ya que, a enfermedades superadas o controladas, las sustituyen nuevas sacudidas en la salud de las personas a las que todavía no se encuentra remedio. 


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