Evangelio según san Mateo 6,7-15

12/03/2019 -

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: ‘Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno’.

Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas".

Reflexión

Hemos comenzado este camino hacia la cuaresma, un camino de preparación para acompañar a Jesús. Y qué mejor que comenzar el camino en oración. Así nos lo va diciendo Isaías en la lectura de hoy, donde nos ponemos a la escucha de Dios para empaparnos de su Palabra, gustarla, vivirla, sentirla, darla, así como la lluvia cae del cielo. Cristo mismo es esa Palabra que se hace vida en la Eucaristía.

Dios nos busca, busca nuestra tierra, y nosotros somos quienes debemos dejar sembrar en nuestro corazón su semilla y empaparnos por esa lluvia que nos envía, y dar fruto. Que su Palabra inunde nuestro corazón para que salga por nuestra boca y dejar que el fruto crezca. Dar el alimento que brota del corazón de Dios, y Dios nos ayuda a construir un camino hacia Él. La lluvia hace que la semilla crezca y dé su fruto, así como la Palabra de Dios es esa semilla que cae en nosotros, en el corazón del hombre y espera su fruto.

Este evangelio es la mejor forma, la más exquisita, de invitarnos a la oración. Jesús nos enseña a orar, no con muchas palabras, que no son necesarias, sino las justas, las que necesitamos, las más sencillas, y profundas, las que van a lo que realmente debemos pedir cada día. Ponernos en esa presencia de Dios sin tener que encerrarnos en ningún sitio, sino salir de nosotros mismos y hacer en nuestra vida aquello que Dios quiere para cada uno, lo mejor, lo que nos va a hacer felices.

La oración nos transforma, nos ayuda a vivir la vida de Jesús, a dejarnos hacer por Dios, a ser de Dios y para Dios. A ser un poco como Él, como hijos suyos que somos.

Esa es la oración, la experiencia de ser y sentirnos hijos suyos, de vivir ese encuentro que tiene un padre con su hijo. Ponernos delante del Padre y llenarnos con su presencia. Entrar en un diálogo sencillo, profundo y sincero con Él, escuchar su voz, acoger su Palabra. Y hacer lo que Él nos diga.

En la oración debemos pedir lo que realmente nos conviene, no lo que nosotros queramos. Dios solo nos va a dar lo que necesitemos, no lo que exijamos. Santiago en su carta nos dice: "Pedís y no recibís, porque pedís mal"; y san Pablo nos dice en su carta a los Romanos: "No sabemos pedir como conviene". En esta sencilla oración Jesús nos enseña a pedir lo que tanto necesitamos. Y nos enseña a rezar esta maravillosa oración que es el Padrenuestro.

Comenzamos llamando al Padre.

Padre Nuestro, esa llamada que un hijo hace cuando le necesita, Padre, ven a mí. Sentir a Dios nuestro Padre, que nos ayuda, que nos escucha, que acude a nosotros siempre. Y sentir su amor hacia nosotros. Porque somos hijos a su imagen y semejanza. 


 
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