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Lectura del santo evangelio según san Marcos 16, 9-15

- 23:22 El Evangelio

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca.

También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no les creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: - “ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”. Reflexión Curiosa la actitud de “los sumos sacerdotes, los ancianos y los letrados”. Después de haber conseguido la muerte de Jesús, quieren prolongar su muerte. Quieren que nadie del pueblo le recuerde y menos aún que le consideren vivo y le sigan.

Ya pueden los apóstoles, empezando por Pedro y Juan, proclamar que Jesús ha resucitado y se les ha aparecido, ya pueden curar en nombre de Jesús resucitado a un lisiado... nada les hará cambiar de actitud ante Jesús. Llamaron a Pedro y Juan y “les prohibieron en absoluto predicar y enseñar en nombre de Jesús”, pensando que, desde su reconocida autoridad, les iban a hacer caso. Pero los dos apóstoles, “hombres sin letras y sin instrucción”, aunque con la convicción profunda de haber sido testigos no solo de la vida, muerte y predicación de Jesús, sino también de su resurrección, alegan una autoridad mayor que la de estos letrados, la autoridad de Jesús, el Hijo de Dios, y la autoridad “de lo que hemos visto y oído”. No pueden callarse y seguirán predicando a Jesús y todo lo que él les mandó que predicasen. Jesús se lo había anunciado a sus apóstoles antes de su muerte varias veces y de distintas maneras. Ahora, antes de mostrarse a ellos directamente les da la noticia por medio de María Magdalena y “otros dos”. Pero ni a una ni a los otros les creyeron la noticia de que había resucitado. Tuvo que acercarse a ellos para que cayesen en la cuenta de que verdaderamente había resucitado. A partir de ese momento, los apóstoles son otros. De estar medio escondidos, con el miedo en el cuerpo y en alma en una casa por temor a los judíos y sus autoridades, Jesús resucitado, su Maestro y Señor, va a llenar sus corazones de alegría y de valentía para predicar el “evangelio a toda la creación”.

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