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¿Por qué Dios permite el sufrimiento y las enfermedades crueles?

- 08:37 Interior

El padre Melitón Chávez mantiene la voz serena, pero por momentos se llena de emoción. La conversación llega a un punto en el que es imposible no hacer la pregunta que muchas veces atormenta a todos: ¿Por qué Dios que todo lo puede, permite la enfermedad grave en personas inocentes, en jóvenes, en buenas personas que ven condicionada su vida, que probablemente la pierdan o queden con secuelas que teñirán su futuro?.

    - Esa es la gran pregunta bíblica, desde siempre. Y es una pregunta que no tiene una respuesta teórica, magistral, siempre es una pregunta abierta. Pero justamente, hay que pensar que nuestro Señor Jesucristo, el hijo de Dios, el más inocente, es quien tuvo que soportar una muerte y una muerte de cruz, la muerte más cruenta de este tiempo, y lo hizo por amor. No podemos responder esa pregunta, pero sí podemos encontrar un sentido a todo esto y lo único que puede darle sentido a las enfermedades crueles, es saber que el amor de Dios siempre tiene para nosotros un destino mejor, que no pasa por nuestros cálculos.

A todos, de una manera u otra, nos toca el sufrimiento y nos toca la muerte, tarde o temprano. Esto forma parte de la vida. Es lo humano, y nosotros creemos en un Dios que se hizo humano y que pasó por el sufrimiento. Dios nos habla entonces al lado nuestro, es el Dios que se hizo impotente, en el sufrimiento, en la tortura al estar preso, castigado, maltratado. Ese es mi Dios. Somos discípulos de un Padre que se quiebra delante del Hijo que sufre; somos discípulos de un Dios que se hizo hombre y se puso al lado y sufrió como yo, sobre todo la soledad de la enfermedad, la soledad de la muerte, eso Jesús lo vivió y dijo ‘siento tristeza ante la muerte’ y lloraba y transpiraba gotas de sangre ante el terror de la muerte. Lo pasó Él, ese es nuestro Dios.

Nosotros a veces nos hacemos una imagen de un Dios poderoso, pero pensemos que creemos en un Dios que se hizo pobre, que se hizo humano, se hizo cruz, sufrimiento y que murió por nosotros. Nada de eso queda afuera de la órbita del amor de Dios.  Y no se trata de pensar que Dios permite la enfermedad solamente en personas jóvenes o justas. Toda vida es valiosa. Yo podría haber fallecido, estuve en varios momentos al borde y me rescataban porque tuve la bendición de que hubo gente dispuesta, muy profesionales ayudándome. Pero hay otras personas enfermas que no tienen los mismos recursos, en los barrios más pobres, sin posibilidades de una atención médica más compleja, más especializada. Toda vida es valiosa a los ojos de Dios. Desde la vida de un bebé en el vientre de la madre, como la de un niño, como la de un joven que promete todo para el futuro, una persona con mucho talento, o también como la de las personas con poca valía, un delincuente, un reo, toda vida tiene un valor inmenso delante de Dios.

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