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Una noche perfecta en Salta

21/06/2020 00:16 Deportivo
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Por Pablo Daniel Díaz.

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El 3 de junio de 2007 Central Córdoba cumplía 88 años y esperaba festejarlo con un ascenso al Argentino A. Es que justo esa tarde el equipo que dirigía Fernando Donaires jugaba la final del Federal B ante Boca Unidos de Corrientes. El Oeste explotaba esperando el doble festejo, pero Central debía revertir el 0-1 de la ida. No pudo. Perdió 2-0 y todo fue tristeza. Para colmo, tampoco pudo ascender mediante la Promoción, ante Talleres de Perico (0-1 en Santiago y 1-1 en Jujuy).

Para la siguiente temporada, con la llegada de Alejandro Cánova, hubo una renovación importante en el plantel. Y las presiones por ascender eran mucho más grandes que las del certamen anterior. Germán Montenegro fue uno de los pocos sobrevivientes del ciclo anterior. El arquero iba en busca de revancha. Y llegó para cortar una sequía de diez años sin ascender al Federal A para Central. Pero antes hubo que sufrir y mucho. Porque en el medio perdió otra vez la final (ante Patronato de Paraná) y se terminó sacando la espina en la promoción, frente a Luján de Cuyo. “Uno venía de golpes duros, de perder finales. Y necesitábamos sacar esa espina”, recuerda el santafesino, ya santiagueño por adopción.

Claro que para jugar esa Promoción, tuvo que ser finalista. Y para estar en la final, hubo un partido clave: el 23 de mayo del 2008, ante Central Norte, en Salta. Al Ferro no le quedaba otra alternativa que ganar para llegar a la última fecha con chances de ser finalista. Y lo logró. Se impuso 1 a 0, con gol de Sergio Oga, pero la gran figura fue Germán Montenegro, que atajó todo. Fue el partido soñado por todo arquero: terminar con su valla invicta, ganar 1 a 0 y encima ser el iniciador de la jugada del gol del triunfo.

Clima hostil

Central Córdoba, Central Norte y los misioneros Guaraní Antonio Franco y Crucero del Norte integraban uno de los grupos de semifinales. Tras la cuarta fecha, Crucero quedó como líder, con 10 puntos, y Central Córdoba lo escoltaba con 8. El “Ferro” venía de un triunfo clave en Posadas, ante Guaraní y en el regreso a Santiago pasó algo.

“En una parada que hicimos para comer, nos encontramos con los salteños y hubo una batalla campal entre los hinchas de ambos equipos. Nos amenazaron porque sabían que teníamos que ir en tres días a Salta”, recuerda Germán.

Se jugaba entre semana y había muy poco descanso. El martes 20 de mayo Central jugó en Misiones. Y el viernes 23 se presentaba en Salta. “Veníamos sin descansar. Llegamos de Misiones, entrenamos un día en Santiago y al otro día volvimos a viajar a Salta. Fue durísimo llegar a Salta, la gentes nos hostigó bastante. Y nos querían ganar sí o sí para arruinarnos, porque ya no tenían chance. Sergio Oga bajó con una bandera blanca diciendo ‘venimos en paz’”, detalla el golero.

Aquella noche en “La Linda”, el equipo del “Vikingo” Cánova formó con Germán Montenegro; Cristian Olmedo, Lucas Ramos y Mario Ruíz Díaz; Gabriel Albarracín, Diego Suárez, Paulo Paglioni y Gustavo García Chamut; Sergio Oga; Rubén Molina y Sebastián Sáez.

“En los primeros minutos la pasamos mal y pude responder bien en un par de pelotas complicadas. Lucas Ramos me dijo ‘creo que a este partido lo vamos a ganar porque andas con todo el culo’. Son esos partidos que a uno le salen todas”, rememora entre risas Germán.

Después de un primer tiempo con Montenegro como figura, se produjo una jugada clave a los 7 minutos del complemento: “Le anularon un gol a ellos y le fueron a protestar al juez de línea. Yo puse la pelota rápido en el piso y le pegué bien, como nunca, je je. Me salió un pase a Sacha (Sáez) que encaró por izquierda, sacó el centro y Oga metió el gol del triunfo”, cuenta el golero con mucha precisión, como la del pase que metió. Si hasta Sebastián Sáez lo cargó por aquella pelota que le puso como con la mano: “Sacha me decía ‘nunca más vas a sacar como ese día’. La única vez que le pegué bien de abajo fue esa noche”, se carga solo Montenegro.

Después del 1 a 0, el local se fue con más ímpetu en busca de la igualdad. Y Central siguió aguantando con su arquero como estandarte. Hubo un mano a mano que Montenegro sacó con el pecho, a lo “Gatti”. Después un remate bajo y otro cabezazo, también bajo, en los que el golero se lució sacando la pelota al córner.

El partido se moría y, en la última jugada, Central Norte tuvo la chance más clara para empatar. Pero otra vez apareció la figura del invencible Montenegro para ahogar el grito de gol, esta vez con sus pies.

“Sobre el final, hubo un centro atrás, le quedó a un delantero de ellos y le pegó cruzado. Me tiré por tirarme y la pelota me pegó en los pies”, explica Germán.

No hubo tiempo para más. Después de esa heroica atajada, el partido terminó. Y los jugadores se abrazaron fuerte sabiendo que habían dado un paso clave en la búsqueda del ascenso. La mayor cantidad de abrazos se los llevó Montenegro, responsable principal de aquel triunfo que le permitió a Central llegar con chances a la última fecha.

En esa última jornada, el Ferro derrotó 2 a 0 a Crucero del Norte y, con 14 unidades, se adjudicó el grupo y el pasaje a la final. Volvió a frustrarse ante Patronato, pero se desquitó con la Promoción ante Luján de Cuyo. Y volvió al Argentino A después de diez años. Nada de eso hubiera sido posible sin aquella noche perfecta en Salta de Germán Montenegro.l


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